E. R.
Esta noche la Orquesta Sinfónica del Sodre se presenta en la Catedral Metropolitana prosiguiendo así su temporada de conciertos 2004 y regresando al centro de la ciudad, luego de las cinco funciones del Festival Mozart que se llevaron a cabo durante el mes de marzo en la Sala Teatro MovieCenter, todas con entradas agotadas.
La primera visita del año que la Ossodre hará al histórico templo católico será para ejecutar una celebrada obra sinfónico-coral: el Requiem que Johannes Brahms (1833-1897) compusiera a los 35 años y le trajera su reconocimiento europeo.
El concierto, que comenzará a las 19.30 y será con entrada libre para todo público, estará dirigido por el director estable de la orquesta estatal, maestro Roberto Montenegro, y contará con la soprano María José Sirí y el barítono Gustavo Balbela como solistas. Por su parte, vale recordar que participará también el Coro del Sodre (dirigido por Lilián Zetune), que este año está festejando su 70 aniversario.
OBRA. El hecho novedoso de que al compositor hamburgués se le ocurriera utilizar la lengua alemana para el texto litúrgico de su misa de difuntos de 1868, y no el latín como indicaba la tradición, le dio a la pieza una notoriedad extramusical que se sumó a los indudables valores artísticos que posee, y que son la razón por la cual ha resistido sin altibajos el paso del tiempo. La utilización del idioma alemán (una traducción de Martín Lutero) en los textos del Réquiem fue lo que le hizo ganar a la obra de Brahms el mote de "Réquiem alemán", come se lo llama comúnmente.
La maestría y la sapiencia que demuestra Brahms en esta obra que lo catapultó al reconocimiento público, terminó de confirmar los juicios que Robert Schumann —su indiscutido mentor— había estampado 15 años antes en un artículo en que afirmaba que Brahms (por entonces un chico desconocido) era el nuevo elegido de la música alemana.
Y en efecto, el riguroso compositor del Réquiem alemán le respondió a Schumann con una amistad incondicional, que continuó incluso luego de la muerte del atormentado romántico, cuando se encargó de proteger a Clara Schumann y a sus hijos. Por su parte él, terminó su carrera y su vida soltero y en la ciudad Viena, respetado y admirado por casi todos, aunque debiendo soportar los enfrentamientos entre dos bandos opuestos: uno que defendía su música, y otro que hacía lo propio con la de Richard Wagner. Pero en definitiva él no tuvo absolutamente nada que ver con esa falsa oposición Wagner-Brahms, que con el transcurso de tiempo perdió total validez.
Sus sinfonías y conciertos, su música de cámara, piezas pianísticas y "lieder" seguramente serán inmortales. Toda la obra de Brahms se sustenta en una decantada sabiduría técnica y en un dominio del contrapunto que proviene de la vieja arquitectura de los maestros alemanes del pasado. Y justamente, al igual que sucede con Johann Sebastian Bach, Brahms nunca se interesó por la ópera.
En mayo, la Temporada Sinfónica de la Ossodre seguirá con dos conciertos, ambos en la Sala Brunet: el primero será el sábado 8 será dirigido por Montenegro, y el segundo, se realizará el sábado 29, esta vez bajo la batuta de Federico García Vigil, director estable de la Orquesta Filarmónica de Montevideo.