Crisis en la encrucijada

EL agravamiento de la situación interna de Irak, donde las tropas de ocupación han perdido el control de algunas ciudades y donde los choques con fuerzas nacionalistas han dejado saldos de muerte cada día mayores, coloca al gobierno norteamericano en un brete del que George W. Bush —embarcado en un año electoral y en su campaña por la reelección— procura salir con declaraciones no siempre felices. Una de ellas fue la de rechazar todo paralelismo entre la actual crisis iraquí y la guerra de Vietnam, aunque la escalada de la intervención armada en Irak invita a cualquier observador dotado de buena memoria a evocar inevitablemente el antecedente de Vietnam, un sitio en el que Estados Unidos (a partir de 1964 y durante la década siguiente) fue comprometiéndose gradualmente sin calcular el alcance que llegaría a tener ese compromiso, hasta que en los hechos ya era tarde para echarse atrás o para modificar la estrategia, con lo cual las fuerzas armadas norteamericanas sufrieron la primera derrota de su historia.

PERO ahora, luego de batallas inusualmente sangrientas, que se libraron para recapturar la ciudad de Fallujah y que han dejado a esa localidad virtualmente demolida, Bush presidió en Washington una velada para recaudar fondos destinados a su campaña, aunque "no mencionó la truculenta atrocidad de Fallujah para no estropear los ánimos joviales" de esa reunión, según dice la columnista Maureen Dowd en The New York Times. Como consecuencia de esa batalla y de otros enfrentamientos en Irak, "la Casa Blanca se empecina en no reconocer la medida del odio contra los norteamericanos que existe entre los iraquíes" agrega esa columna en tono sombrío. Y luego añade: "Ya se escucha el insensible eco del pasado: Vamos a arrasar esa ciudad para salvarla", lo cual no es sólo un sarcasmo sino un triste registro de la realidad militar en estos momentos críticos.

"El actual gobierno norteamericano se empeña en crear una ilusión óptica" señala Dowd en su texto, aludiendo al ocultamiento de documentos, encubrimiento de los errores cometidos por funcionarios, retención de datos y censura sobre imágenes comprometedoras, mientras "tergiversa o exagera los hechos para que concuerden con la línea oficial, calificando como demonios a quienes no estén de acuerdo con su versión de la realidad".

MIENTRAS la prensa estadounidense se expresa en tales términos, el propio canciller Colin Powell reconoce públicamente —con respecto a las armas de destrucción masiva que motivaron la invasión de Irak— que "las pruebas de su existencia no eran sólidas". Confiesa eso un año después del fin de las operaciones bélicas, y bajo el peso de una posguerra que ha sido más cruenta y difícil que la propia guerra. De hecho, no sólo ha sido imposible encontrar tales armas sino que hoy también parece claro que el régimen de Saddam Hussein no mantenía vínculos con la red Al Qaeda, por no hablar de que la situación actual en Irak —con una creciente inestabilidad que podrá desembocar en una implantación del fundamentalismo— constituye para la región del Medio Oriente un riesgo mucho mayor que el derivado de la dictadura previa de Saddam. A pesar de todo eso, Bush promete victorias y dice estar seguro de lo que hace.

LAS agencias de cables también opinan sobre la situación, aclarando que todo lo que el gobierno de Washington haga o deje de hacer en adelante estará condicionado por las elecciones nacionales del 2 de noviembre. Al respecto señalan que Bush "se aferra a la fecha del 30 de junio para la transferencia de soberanía al gobierno provisional de Irak, pero a dos meses y pico de ese momento todavía no se sabe cuál será el gobierno que tome el control y tampoco se sabe si para entonces Irak estará libre de terrorismo", calificando de terrorista al movimiento de fuerzas que en las últimas semanas ha producido lo imprevisible: la asociación entre sunnitas y chiítas, que eran dos corrientes hasta entonces irreconciliables y que ahora parecen pelear unidas contra las fuerzas de ocupación.

DUDAS sobre la posibilidad de entregar el poder el 30 de junio persisten en varios ámbitos: el presidente del comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano declaró que "puede ser prematura esa transferencia, dada la inseguridad que reina en Irak" mientras los aliados con tropas estacionadas en ese lugar empiezan a pensar en retirarlas, eventualidad que estropearía la imagen de esa coalición que a Estados Unidos le interesa más que nada para diluir la noción de que intervino unilateralmente en aquel país. Mientras el gobierno planea enviar más tropas a Irak, el senador Ted Kennedy declara que "un año después de la caída de Bagdad, y con una situación penosa por delante, Estados Unidos no debería manejar fórmulas para mandar tropas adicionales. Se necesita una hoja de ruta para Irak", agrega con ironía. A pesar de todo, Bush rechaza las comparaciones con Vietnam: también allí quiere crear una ilusión óptica.

Conflictos en Liceo 13

Un estudiante del liceo Nº 13 ha sido amenazado. La madre de este alumno, familiar de un policía, presentó la denuncia correspondiente en la comisaría más próxima.

Este hecho sigue de cerca a las violencias de que era objeto el estudiante que en el mismo liceo terminó baleando en forma accidental a una compañera. Va quedando en evidencia la realidad de lo que debería ser un centro de estudios y nada más. Pero que no es eso solamente. El liceo número 13 es considerado conflictivo por vecinos, autoridades y padres de alumnos. Y evidentemente requiere una atención especial.

El instituto de referencia debe volver a cumplir sus fines específicos. Debe ser motivo de un examen profundo en el que participen autoridades de Secundaria, policía, vecinos y familiares de alumnos, en procura de sacarlo de su condición actual.

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