Desde el lunes 26 una empresa de demoliciones está tirando abajo la última casa que evoca el barrio Pocitos antiguo, sobre la rambla. Se trata de un palacete construido a principios de la década de 1920 en rambla República del Perú al 821 y Plaza Gomensoro, que perteneció a la refinada familia Risso y que según vecinos fue donado en sucesión al Estado. En su lugar se erigirá un edificio de 12 pisos.
"Es una pena, todos en el edificio me dicen eso. Es una injusticia porque si vos mirás la rambla era la única casa que quedaba", dice Hugo Garat, encargado de mantenimiento del Hotel Del Rambla, otra construcción histórica que data de 1936.
Garat conoció a la última moradora de la finca, "la doctora Risso": "No me acuerdo de su nombre. Murió a los 94 años y quería dejar como legado esta casa, para que sea un museo", dijo. "Vivía solitariamente, apenas en compañía de su ama de llaves, a quien llamaban Lola".
La doctora Risso fue la última de cuatro hermanos solteros (dos hombres y dos mujeres) que vivían en la casa de dos pisos —y con ascensor— desde 1921. Uno de ellos, Rogelio Risso fue el médico privado del ex presidente de la República, Juan José de Amézaga (1942-46).
"Los inquilinos se han acercado al capataz (de la firma demoledora) a pedirle alguna baldosa, pero no les han dado mucha bolilla", comenta Garat. Todos quieren tener un "souvenir" del último testimonio del Pocitos en sepia.
"Era una familia exquisita. Tenían un sentido de la fineza y el buen gusto impresionante. Iban seguido a Europa y traían cuadros de los pintores más importantes de la época, y estaba lleno de muebles carísimos", recuerda doña María Celia (82), vecina de la casa en demolición.
EXPERTOS. Curiosamente, la Comisión de Patrimonio Cultural de la Nación no declaró nunca la construcción como de interés patrimonial. "No pertenece al patrimonio, por lo que no puedo opinar demasiado", se excusó Jorge De Arteaga, su presidente.
"De acuerdo con la ley, declaramos algún inmueble como de Patrimonio si reúne los méritos suficientes, pero este no es el caso", dijo Jorge De Arteaga, el presidente de la comisión. La Comisión analizó en dos oportunidades declararla de interés patrimonial, pero nunca prosperó.
"Arquitectónicamente no tiene gran relevancia, ni vivieron grandes personalidades... Es un buen edificio, y amplio, pero no caracteriza la época ni su esplendor", argumentó De Arteaga.
El arquitecto César Lousteau, en tanto, entiende que la propiedad no tiene importancia arquitectónica ni urbanística.
"Yo volví de Europa en 1953 y me encontré con el cambio de la rambla de Pocitos hacia una arquitectura moderna. Ahí vi ‘La Goleta’ y el Edificio Perú, ambos de (Raúl) Sichero. Lo que no vieron los encargados de Urbanismo de la Intendencia de la época es que esos edificios altos le traían sombra a la playa. Esos edificios estarían bárbaros en Benito Blanco. De todas formas, aplaudí ese cambio", opinó Lousteau, de 78 años.
Lousteau dice que en aquel momento todos vieron con buenos ojos el pasaje a la arquitectura moderna. Ahora, entrado el siglo XXI es el turno del revisionismo. Lousteau relativiza eso de "todo tiempo pasado fue mejor". "Ahora se cree que no hay que tirar abajo todo lo que es antiguo. Yo digo: hay que dejarlo si es bueno. Esta finca no tenía gran valor arquitectónico", agregó.
Todavía se lamenta de la negligencia que operó cuando las autoridades competentes dejaron venirse abajo la construcción en la avenida Agraciada y San Frucutuoso, donde en 1814 se firmó la rendición del ejército español. "Esa finca se vino abajo y nadie la cuidó. Así que ahora nadie venga a golpearse el pecho (con no demoler la última casona de la rambla pocitense)".
Tanto Garat como la vecina María Celia —no quiso brindar su apellido— señalaron que "hace unos meses" el Hotel Conrad Casino and Resort colocó un cartel en la fachada de la finca de rambla Perú al 821. "Hubo un cartel enorme con luces del Conrad, pero duró poco", dijo Celia, y coincidió con Garat.
Se estima que la nueva edificación que estará en lugar de la demolida tendrá 12 pisos, si bien en principio se llegó a manejar la posibilidad de 17. Las autoridades municipales no autorizaron una construcción de tanta altura porque proyecta sombra en la playa.
Las obras de demolición siguen adelante, mientras algunos lloran el Pocitos antiguo, del que ya no quedarán vestigios.