NUEVA YORK
Estée Lauder, quien durante décadas construyó un imperio multimillonario de la industria cosmética, murió el sábado a los 97 años en Nueva York, a raíz de un paro cardiorrespiratorio.
Su hijo, Leonard Lauder, señaló al periódico estadounidense "The New York Times" que la muerte se produjo en su apartamento de Manhattan.
Estée Lauder llegó a convertirse en una gran figura de la alta sociedad, era amiga de la duquesa de Windsor y la princesa Grace de Mónaco, y acudía a las fiestas del ex presidente de EE.UU., Ronald Reagan.
En su autobiografía publicada en 1985, Estée Lauder afirmaba ser descendiente de aristócratas europeos, cuando en realidad sus antepasados eran trabajadores judíos húngaros y ella se crió en el humilde barrio de Queens, en Nueva York.
DESDE EL ESTABLO. Durante los años de la Gran Depresión, en la década del 30, empezó a vender cremas para la cara que su tío John Schotz, un químico, mezclaba en un laboratorio improvisado en un establo detrás de la casa. Y ella misma empezó a experimentar con mezclas.
Lauder iba a los salones de belleza, donde realizaba demostraciones gratuitas para las mujeres que esperaban bajo los secadores de pelo. Muchas de ellas se convertían en clientes. A veces detenía a mujeres en la Quinta Avenida para que ensayaran sus productos.
Su insistencia finalmente dio frutos en 1948 cuando la gran tienda Saks, de la Quinta Avenida, hizo un pedido de productos y los vendió en dos días.
En los años ’50, una serie de productos de éxito, como el aceite de baño "Rocío de Juventud", revolucionaron el mundo de la cosmética y ayudaron a la empresa a crecer de forma meteórica.
En 1998, Lauder fue la única mujer en la lista de la revista Time de los 20 genios de negocios más influyentes en el siglo. Su compañía fue colocada en el lugar 349 en la clasificación de las empresas mayores de Estados Unidos en el 2003.
"La belleza es una actitud", decía Lauder. "No hay secretos. ¿Por qué son hermosas todas las novias en el día de su boda? Porque ese día se ocupan de su apariencia. No existen mujeres feas, solamente mujeres a las que no les importa cuidarse o que no creen que son atractivas".
Una de sus técnicas para vender era cortejar a los ricos y famosos.
"No la conozco demasiado, pero me envía cosas constantemente", dijo la princesa Grace de Mónaco, que acabó por convertirse en su amiga.
En 2003, la firma tenía 21.500 empleados y ventas anuales por 5.120 millones de dólares.
Sus productos, entre los que se incluyen las marcas Clinique, Aramis y Origins, se venden en más de 130 países de cinco continentes.
"En un mundo perfecto nosotros deberíamos ser juzgados por la belleza de nuestra alma, pero en nuestro mundo, menos perfecto, la mujer bonita tiene una ventaja real y tiene la última palabra", escribió en su auto-biografía. AP y EFE