"La tapa de la olla a presión ha saltado" dijo Jack Straw, canciller de Gran Bretaña. "La situación sólo podrá estabilizarse cuando las fuerzas de ocupación dejen paso a un contingente de Naciones Unidas" agregó Mikhail Marguelov, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado ruso. El cuadro de hoy en Irak parece más grave que en ningún otro momento de esta postguerra que ya lleva un año de continuo desgaste, pero las cosas que no se divulgan pueden ser más comprometedoras que las que están a la vista. Los desacuerdos entre británicos y norteamericanos por la forma en que se ejerce la ocupación, constituyen una de esas discordias que a esta altura han provocado múltiples roces.
"Avanzar disparando hacia todos lados o aturdir a la población con rock and roll a todo volumen, no da resultados a largo plazo" advirtió un oficial inglés. "La actitud violenta y "pesada" de las tropas estadounidenses, ha empeorado una situación que ya era delicada", añadió ese observador. El ataque a Faluya, que se produjo a comienzos de abril como represalia por el asesinato de cuatro contratistas norteamericanos, provocó no sólo 600 muertes civiles (según fuentes sanitarias) sino que obligó a una huída en masa de la población y devastó la ciudad. "Al recorrerla es difícil ver una casa intacta. Uno se cruza con autos humeantes, decenas de cadáveres en las calles, el hedor de aguas servidas por el destrozo del saneamiento y el llanto de la gente que entierra a sus muertos" puntualizó un cable de AFP. "¿Esta es la libertad que prometía Bush? Son unos criminales" dijo Ali Hassan Haddad (75 años) luego de perder a sus cuatro hijos en un ataque con misiles contra su casa el viernes 9 de abril, según transcribe un cable de EFE donde también se alude a Khamees Saleh (50 años) que vio morir a 25 integrantes de su familia durante los quince días de asedio que soportó Faluya.
Las consecuencias no se hacen esperar. Los chiítas y los sunnitas, dos facciones hasta ahora irreconciliables, han comenzado a aliarse para fortalecer una resistencia que en algunos puntos es encarnizada: el clérigo Muqtada al-Sadr (30 años) ha formado una hueste de 5.000 milicianos y luego de que la autoridad norteamericana clausuró su diario Al-Hawza se atrincheró en la mezquita de Najaf, la ciudad santa chiíta, convertido en una celebridad de la resistencia. Con ello demuestra al gobierno norteamericano cómo pueden obtenerse resultados opuestos a los que se buscaban: el derrocamiento de una dictadura laica como la de Saddam puede abrir paso a un despotismo fundamentalista cuya intolerancia clerical duplicaría el cercano modelo iraní. Eso demuestra "la asombrosa incapacidad de adaptarse culturalmente a una sociedad tribal" como señaló un periodista británico desde Bagdad, refiriéndose a la conducta norteamericana. "Si ellos atacan Nayaf —alertó— será trescientas veces peor que Fallujah".
Otro corresponsal inglés añadió: "Ahora tenemos más tensiones con el administrador Paul Bremer que cuando Sergio de Mello se peleaba a gritos con él a causa de las torpezas militares contra la población local". Pero los pasos en falso de Bremer —máxima autoridad civil estadounidense en Bagdad— tienen su explicación: "Varias veces por día, el secretario de Defensa (Donald Rumsfeld) o su segundo Paul Wolfowitz, lo llaman y le dicen exactamente lo que tiene que hacer. La opinión de los demás —aunque estén en el lugar de los hechos— es ignorada por completo", indicó otra fuente británica. "Lo peor está por venir" dijo un corresponsal portugués al volver de Faluya. Conviene que tomen nota de todo ello quienes apoyaron la invasión de Irak y creyeron que el operativo sería breve, incruento y sencillo.