El amor de Paris y la ira de Aquiles

| El lanzamiento mundial de la película esta marcado para el 14 de mayo, e incluye a Uruguay

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GUILLERMO ZAPIOLA

Se acerca Troya, realización de Wolfgang Petersen con elenco multiestelar cuyo estreno mundial (que incluye Montevideo) se producirá el próximo 14 de mayo. Como parte de ese operativo de lanzamiento, el film será exhibido fuera de concurso en función de gala en el inminente festival de Cannes.

Antes de ser una película, el tema de Troya recorrió los azarosos caminos de una tradición épica trasmitida oralmente durante varios siglos, que fue luego puesta por escrito en tiempos del tirano ateniense Pisístrato (lo que dio por resultado dos obras mayores llamadas La Ilíada y La Odisea, atribuidas a un tal Homero) y conoció más tarde variantes que incluyen unas cuantas versiones cinematográficas.

Naturalmente, lo que menos importa en esa tradición son los hechos reales, que consistieron probablemente en un enfrentamiento entre pueblos guerreros rivales, bastante piratas y menos comerciantes, por el control de las rutas de navegación hacia el mar Negro. El territorio donde los poemas homéricos ubicaron a Troya posee un valor estratégico muy perceptible, y no es por cierto casual que se hayan construido allí sucesivas ciudades. El arqueólogo aficionado alemán Heinrich Schliemann, que era (según definición del historiador italiano Indro Montanelli) "loco pero alemán, es decir loco con método", y creía en Homero como los fundamentalistas cristianos creen en la literalidad de los relatos bíblicos, reconoció con probable error a una de esas ciudades como la Troya de La Ilíada.

Pero cuando una historia se convierte en leyenda, como lo recordara el periodista veterano de Un tiro en la noche (1962) de John Ford, corresponde imprimir la leyenda. En el centro de ésta se ubica Helena, esposa del rey espartano Menelao, cuya belleza sedujo al príncipe troyano Paris. La atracción mutua condujo al adulterio y a la fuga de los amantes hacia Troya, con una flota de mil navíos griegos pisándoles los talones. Los poemas homéricos recogen o inventan solamente algunos episodios del subsiguiente conflicto: como proclama el primer verso de La Ilíada y se ha encargado de aclarar cada profesor de literatura que en el mundo ha existido, el tema de la gran epopeya no es la guerra de Troya sino la ira del combatiente Aquiles, quien se retira del campo de batalla tras pelearse con su jefe Agamenón por un dfghf

asunto de polleras. La acción de La Ilíada abarca apenas algunas semanas de un sitio de diez años y omite su comienzo y su final: en ella tampoco aparece el famoso caballo de madera ideado por Ulises para infiltrar la ciudad, episodio mencionado lateralmente en La Odisea y más desarrollado por Virgilio en La Eneida varios siglos después.

ADAPTACION. El film de Wolfgang Petersen, competente artesano alemán (El barco, La historia interminable) que desde que se radicó en los Estados Unidos se ha convertido en un verdadero especialista en cine de acción (En la línea de fuego, Avión presidencial, La tormenta perfecta) se inspira libremente en esa tradición legendaria, combinando elemento extraídos de La Ilíada con otros provenientes de fuentes distintas, y al mismo tiempo eliminando algunos que en Homero tuvieran una particular importancia.

Una de las opciones del director Petersen y su guionista David Benioff fue la eliminación de los dioses del Olimpo. Por supuesto, los personajes del film tienen fe en ellos y se los menciona en el diálogo, pero Zeus, Hefestos, Hera o Palas Atenea no aparecen en la imagen ni se mezclan en la acción, que aparece planteada estrictamente como un enfrentamiento entre seres humanos.

El film se ubica sin esfuerzo en la tendencia hacia lo épico que parece haber resurgido en la industria cinematográfica a partir del dilatado éxito de la trilogía de El señor de los anillos y de la puesta a punto de una tecnología digital que permite multiplicar los decorados y los extras a costos razonables. A esa tendencia pertenecen títulos recientes o en producción como El último samurai, El Alamo y los dos anunciados Alejandros de Baz Luhrman y Oliver Stone. Uno de los requisitos tradicionales de la superproducción épica es por supuesto la presencia de un elenco multiestelar, y ese fue en aspecto que los productores de Troya parecen haber atendido con particular cuidado.

INTERPRETES. La búsqueda de una actriz para encarnar al crucial personaje de Helena, la belleza de cuyo rostro movilizó a una flota de mil naves (más estrictamente, mil setenta), fue una de las más amplias y minuciosas que el cine haya emprendido desde que David Oliver Selznick buscara a su Scarlett O’Hara para Lo que el viento se llevó. La elección recayó finalmente en la alemana Diane Krueger.

El resto del elenco incluye otras luminarias. Brad Pitt es Aquiles, "el de los pies ligeros", y el australiano Eric Bana (el asesino de Chopper, el forzudo Hulk de la película de Ang Lee) interpreta el papel de Héctor. El voluble Paris ha sido encargado a Orlando Bloom, el Legolas de El señor de los anillos, el espadachín invencible de La maldición del Perla Negra, Sean Bean es Ulises u Odiseo, Brian Cox encarna a Agamenón, Julie Christie es Tetis, la madre de Aquiles, y el legendario Peter O’Toole es el rey troyano Príamo. En el elenco asoman también Brendan Gleeson (Menelao), Rose Byrne (Briseida), Saffron Burrows (Andrómaca, la esposa de Héctor), Garrett Hedlum (Patroclo) y otros.

El rodaje de Troya se inició en Malta y Marruecos, pero la conflictiva situación política en este último país hizo que finalmente el equipo se trasladara a México. Las escenas de interiores se llevaron a cabo en estudios londinenses, y la postproducción implicó varios meses de particular atención a complicados efectos especiales.

Un tema recurrente

No es la primera vez que la guerra de Troya se convierte en tema cinematográfico. El antecedente más recordado (aunque su calidad cinematográfica no era excepcional) es seguramente Helena de Troya (1956), coproducción ítalonorteamericana dirigida por Robert Wise en la que Rossanna Podestá interpretaba al personaje titular, Jacques Sernas era el enamorado Paris y Stanley Baker encarnaba a un Aquiles de perfil más bien villano (Brigitte Bardot aparecía en un papel secundario, como una de las esclavas de Helena).

Cuando se pusieron de moda las películas "históricas" italianas de bajo presupuesto hubo también una Guerra de Troya (1961) dirigida por Giorgio Ferroni en la que la leyenda aparecía contada desde la perspectiva del héroe troyano Eneas, encarnado por Steve Reeves, que otras veces fue Hércules. Lateralmente, la caída de Troya fue mostrada también en el no muy memorable Ulises protagonizado por Kirk Douglas que el italiano Mario Camerini dirigió en 1954.

Recientemente se vio en cable un telefilm, con pocas ambiciones, en dos capítulos titulado Helena de Troya, rodado en el año 2003 por John Kent Harrison e interpretado por Sienna Guillory en el papel de Helena, Matthew Marsden como Paris y John Rhys-Davies como Príamo.

La tentación de lo épico

El cine histórico y épico de gran despliegue prácticamente había desaparecido de las pantallas hacia mediados de los años sesenta con las últimas producciones de Samuel Bronston (55 días en Pekín, La caída del Imperio Romano), conociendo apenas una modesta sobrevida en sus parientes pobres italianos (las aventuras mitológicas de Hércules y otros forzudos) y en sus posteriores primos hermanos del cine de ‘fantasía heroica" o "espada y brujería" (Conan y amigos). Pero hubo que esperar hasta el fin del siglo y del milenio para que la industria se decidiera a resucitar el género con los criterios de gran espectáculo cultivados hace cuarenta años, más la novedad de la tecnología digital de última generación. El primer ejemplo "moderno" ha sido sin duda Gladiador de Ridley Scott, y el más interesante la trilogía de El señor de los anillos de Peter Jackson, que arrasó con casi todos los premios en las última entrega de los Oscar.

Otros films recientes o en proyecto han explorado igualmente el género. El espectador uruguayo ha podido juzgar ya acerca de El último samurai de Edward Zwick, donde Tom Cruise se involucraba en una guerra feudal en Japón. Más cerca se pudo ver Regreso a Cold Mountain, dirigida por Antony Minghella e interpretada por Nicole Kidman, Jude Law y Renee Zellweger, historia de un soldado estadounidense que se alzaba de su lecho de muerte durante la Guerra de Secesión para volver al lado de su novia.

Ya se ha estrenado en los Estados Unidos (con menos repercusión de público de la que sus productores esperaban) The Alamo, evocación de la famosa batalla que enfrentó en 1836 a los texanos rebeldes contra las tropas del dictador mexicano Santa Anna. El elenco incluye a Dennis Quaid, Billy Bob Thornton, Jason Patric, el mexicano Emilio Echevarría y el español Jordi Molla, y está dirigido por John Lee Hancock, quien al mismo tiempo escribió King Arthur, otro film de época que dirigió Antoine Fuqua, con Clive Owen en el papel protagónico.

Finalmente, hay dos proyectos relacionados con la figura de Alejandro Magno, uno de ellos dirigido por Oliver Stone e interpretado por Colin Farrell, y el otro, producido por Martin Scorsese y Dino de Laurentiis, con Leonardo di Caprio en el papel titular y Mel Gibson en el de Filipo, bajo la dirección del australiano Baz Luhrman.

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