Guerra al cliché

Si las novelas de Martin Amis son siempre sorprendentes, de la misma manera que sus coleciones de artículos o sus memorias resultan lúcidas y atrapantes, este caudoloso volumen de ensayos, llamado "La guerra contra el cliché" (Anagrama/Gussi), es un torrente de justicia impartida y de frases de extraordinaria sagacidad. Y es que, por cierto, leer es un arte. Y si Vladimir Nabokov lo poseía, como dice aquí Martin Amis, no hay más remedio que admitir que el propio Amis también lo posee, y en alto grado.

Este libro de quinientas páginas, abarca más de treinta años de lectura y análisis críticos muy personales y agudísimos, lejos de los textos académicos, que son "lo mismo que ir contra el talento", como dice Martin Amis. En el camino recorrido, según se desprende de las líneas prologales, confiesa que ha llegado, en sus últimas crónicas, a ser un escritor "más amable", lo que valora como un auténtico logro pues ha dejando atrás "la perversión juvenil de insultar a un autor", tarea demasiado sencilla.

Dividida en varias partes, esta colección de ensayos debe su título al deseo del autor de ir contra "los clichés de la pluma, del pensamiento y del corazón". Y así, pone manos a la obra.

No es nada fácil hablar sobre los escritos de un libro que, como éste, analiza una gran cantidad de temas. Por ejemplo, la violencia en el cine (la insensibilizacion es la cualidad que da a los violentos su poder: el de soportar la violencia), libros de Margaret Thatcher (la única cosa interesante en la política británica; y lo único interesante de la señora Thatcher es que no es hombre) o de Hillary Clinton (parece la esposa de uno de esos virulentos predicadores... desprovista de la más mínima personalidad), las novelas de ciencia ficción, las apasionantes obras de Nabokov (uno de sus autores preferidos) y los grandes libros como "Orgullo y prejuicio" de Jane Austen o nada menos que "Ulises" de James Joyce. Hay, por lo demás, abundante análisis de las letras inglesas y, más aun, sobre los escritores estadounidenses, entre los cuales sobresalen sus admirados Saul Bellow, John Updike (una figura solitaria y anacrónica en esta época de ironía y miedo) y su muy altamente estimado Don DeLillo, quien siempre le parece renovador y apasionante, aunque ello no le impide ver sus largas parrafadas de puro tedio. ¿Quién más? Muchos, muchos más. Wodehouse (quien nunca perdió su frescor hasta el final), Evelyn Waugh (de quien señala que su libro más ambicioso, flojo y snob, es el aplaudido "Retorno a Brideshead"), Pritchett (sólo alabanzas a este gran escritor ingles). Y los altibajos de Norman Mailer, las novelas de Phillip Roth y Tom Wolfe, el azaroso Kurt Vonnegut y el gran novelista y ensayista anglo-indio, V.S. Naipaul, Premio Nobel del 2000.

A propósito de Nabokov, las palabras que dedica a este fenomenal narrador pueden aplicársele al propio Martin Amis, sin cambiar punto ni coma. Dice así: "Quería enseñar a la gente a leer. Además, y tal vez de modo inconsciente, pretendía despertar el amor por la literatura de una manera muy sencilla: mostrando hasta qué punto la amaba". Es lo que ocurre con él, justamente.

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