Julia Rodríguez Larreta
Otra vez, el Ing. Juan C. Blumberg ha sido el líder de una convocatoria impresionante, a la que han acudido en forma completamente espontánea, excepción hecha de dos grupos de piqueteros, decenas de miles de argentinos. Unos hablan de 90 mil, otros de 70 mil, pero lo cierto es que fue nuevamente, una inmensa concentración, la cual era a su vez seguida desde todos los televisores, en la que volvió a predominar el respeto, dentro de un clima de palpable emoción.
Una muchedumbre alumbrada con cirios, que no se amedrentó con la anunciada concurrencia de ciertos líderes piqueteros, que buscan ahora congraciarse con la gente (levantando las barreras de los peajes en lugar del manido corte de rutas), ya que sus acciones de hostigamiento y violencia les han despertado un rechazo generalizado. En una aparente actitud conciliadora, respondieron a la consigna de Blumberg de no venir encapuchados ni con palos, si bien en la Plaza de Mayo, a donde se dirigieron después, en lugar de irse para sus casas como pedía el Ingeniero, su líder se despachó con un discurso tan reaccionario y extremista, que paraba los pelos de punta a cualquier persona civilizada.
SUFRIDO. Cualquiera que haya tenido la oportunidad de observar a este hombre sufrido y triste, como se le veía la otra noche en el programa de televisión que conduce Mariano Grondona, controlando su sufrimiento con dificultad en algunos momentos mientras por otra parte transmitía una imagen de serena determinación, pudo percibir que ante la cámara se encontraba una persona que de pronto, por una cruel vuelta del destino, se había convertido en un líder de profundo carisma, un carisma de antihéroe curiosamente. Alguien que representa a esa mayoría silenciosa del ciudadano común, harto de su impotencia, cansado y atemorizado por vivir en un ambiente de enorme inseguridad, en el cual reina la delincuencia y engorda la corrupción.
Sin perder nunca la compostura, salvo al hacer alusión a su hijo, momento en el que evidentemente tuvo que hacer un esfuerzo supremo para que los sollozos que pugnaban por salir de su garganta, no entorpecieran su discurso, Blumberg habló con calma y firmeza una vez más, articulando el dolor de muchos y los deseos de todos. Esa capacidad, esa figura de hombre creíble, que está cumpliendo con una misión autoimpuesta, o como él mismo dijera, con lo prometido a su hijo muerto, es lo que ha hecho posible este fenómeno cívico, cuyo impacto ha traspasado las fronteras. La conformación de esta gran marea humana que se junta para apoyarlo en sus demandas a las autoridades, siempre dentro de los marcos institucionales; la misma que ha estampado su firma —ya son más de dos millones y medio— a fin de presentar un proyecto de ley en el Parlamento, que responda a las inquietudes ciudadanas, ha sido destacada en diarios de Australia, Canadá, Alemania, Brasil, Chile, Holanda, Estados Unidos, Turquía, Inglaterra y por supuesto Uruguay, además de otros.
SECUESTROS. La angustia de la gente está directamente relacionada con las cifras escalofriantes que se conocen, posiblemente menores a la realidad, las cuales indican que cada 44 horas una persona es secuestrada en el Gran Buenos Aires, pero la respuesta del Estado ha sido tan magra, que recién después de estas movilizaciones, producto de la tragedia de Axel Blumberg se ha empezado a ver una reacción, tanto de parte del gobierno, como en el Parlamento. Aunque tanto el plan gubernamental como los proyectos de ley todavía no se ven del to- do claros y ya han surgido críticas y reparos de diversos sectores.
En esta marcha dirigida al Poder Judicial, parte esencial de la cadena que atañe a la seguridad nacional, el Ing. Blumberg se mostró severo y enojado con los legisladores, haciendo referencia a su escasa voluntad de trabajo y a su falta de consideración por el tiempo ajeno, al contar de su visita a la Comisión legislativa que entiende en estos temas. En la misma línea y con mucha razón, fustigó al sistema de listas sábanas, el cual debería eliminarse, antes de entregar el petitorio que reclama la declaración de una emergencia judicial.
PETITORIO. En él se exige alargar el horario de trabajo a 8 hs. en los juzgados; la confección y difusión de estadísticas judiciales para evaluar en forma pública a cada juzgado; declaración jurada de bienes de jueces y funcionarios judiciales, protección para poder investigar al crimen organizado; desplazamiento de los jueces malos; reválida periódica de títulos para jueces, fiscales y defensores; examen de ingreso, con control ciudadano para que entren los mejores y no por otras razones; fortalecimiento de los organismos periciales; agilización del proceso de designación de jueces; juicio por jurado para para delitos aberrantes o en los procesos contra funcionarios públicos; voto para elegir fiscales y comisarios; código procesal unificado en todo el país; creación de un sistema único de información sobre testigos, víctimas y victimarios, y que las víctimas tengan las mismas facultades que los fiscales.
Al finalizar el acto y a diferencia de la vez anterior, surgió de la muchedumbre un clamor que repetía de continuo: "Blumberg", "Blumberg"...
Un llamado muy poderoso que podría embriagar a este hombre o a cualquiera, que de golpe y sin buscarlo, se encuentra aclamado por semejante muchedumbre, a menos que logre mantenerse imperturbable a este canto de sirena.