HENRY SEGURA
El director de una de las prisiones de Rio había sido asesinado y pocas horas después otro policía caía bajo balas de ametralladora. Eran apenas dos de las varias muertes que el cotidiano carioca registra. Pero esa vez ninguna de las crónicas de la realidad estuvieron en primera plana, porque fueron desplazadas por una muerte de televisión: la de la prostituta que interpreta Vanessa Gerbelli en Mujeres apasionadas, la telenovela de la Globo que desde esta semana se instaló en las pantallas del 12. Brasil estaba conmovido por esa muerte registrada en la ficción y Rio quedaba bajo shock.
Es que la "cidade maravilhosa" tiene por lo menos tres realidades con respecto al tema: la que presentan los barrios elegantes ubicados al sur, entre Leblon y adyacencias, donde la tasa de asesinatos es similar a cualquier ciudad europea; la de las favelas donde se alcanza a 150 por cada 100.000 habitantes; y la realidad de la Globo, donde un asesinato es capaz de hacer olvidar a todos los demás, como el ocurrido a comienzos de octubre pasado. "Globo crea una realidad paralela que es mucho más agradable y placentera que la realidad de la vida diaria, algo similar a lo que hacían las películas de Hollywood en la década de 1950", señaló el sociólogo brasileño Roberto da Matta.
Una explicación: la muerte señalada forma parte del mayor éxito de audiencia conseguido por la Globo hasta ahora. El 56 por ciento de los televisores del país estaban sintonizando ese fenómeno de audiencia.
COTIDIANO. Lo increíble, además, es que esa capacidad para cambiar a la realidad misma (ver recuadro) fue provocado por una historia de amor relatada en clave casi costumbrista. Es bien conocida la fama del escritor Manoel Carlos como retratista cotidiano y lo que hizo en Mujeres apasionadas fue profundizar esa veta. A sus casi 70 años de edad, y amenazando con retirarse, imaginó la historia de una mujer que revisa su vida afectiva luego de quince años de matrimonio y de haber concebido un hijo. La mirada al pasado y el azaroso presente le devuelven a un viejo enamorado, con lo cual aquella revisión parece tomar otra estatura y mientras las preguntas sin respuestas muy certeras comienzan a acumularse, la vida la sigue impulsando más allá de los horizontes establecidos.
Alrededor de ese eje de acción rotan muchísimas historias. Unas traídas por el esposo de aquella mujer, otras por su cuñada o por la vieja enamorada de su marido. Como piezas de un rompecabezas se ensamblan momentáneamente para volverse a desarmar, en un juego que parece tan infinito como la imaginación del viejo libretista. Pero todo deviene naturalmente, sin golpes de efecto.
"Mis historias nacen de lo que pienso, oigo, veo", confiesa el novelista. "Me inspiro en muchos amigos, en antiguas novias, en mi familia, en personas que conozco, con quienes me cruzo en la calle, en fin, en todos los que me rodean, aunque sea superficialmente", reconoce. Tiene tanta confianza en sus planteos que no le importa utilizar el nombre Helena para las protagonistas de todas sus historias: "me parece un nombre fuerte, de mujer que lucha, guerrera, que enfrenta dificultades y aunque no las venza, sale siempre con la cabeza erguida. Un nombre símbolo", sostiene.
Esa fórmula de apariencias simples ofrece un poder de identificación verdaderamente extraordinario para la audiencia. Es cierto que la Globo parece obsesionada con el hecho de ser su principal competidora y que en Mujeres apasionadas contrató a cien actores y no tuvo miedo en elegir, entre ellos, a veinticinco debutantes. Es cierto además que ese reparto fue encabezado por estrellas como José Mayer, Christiane Torlini y Tony Ramos. Pero nada de eso hubiera sido suficiente para celebrar el éxito, si no fuera por el pulso narrativo de su principal responsable, el mismo que antes escribió Baila conmigo, Por amor y Lazos de familia y que aunque ubica sus relatos en la excepcional Rio (por razones estratégicas), bien pueden ocurrir en cualquier ciudad del mundo.
"Hay que instigar, provocar, salir a la calle"
Más de cincuenta mil personas se reunieron en Copacabana el 14 de setiembre del año pasado, reclamando un "Brasil sin armas". No era una manifestación más. Había sido convocada desde la telenovela Mujeres apasionadas, después que sus personajes centrales fueran alcanzados por el fuego cruzado de un tiroteo entre policías y delincuentes.
Se produjo una curioso sintonía de ficción y sociedad, por lo que inmediatamente se lanzó una campaña de protestas para que la cámara de Diputados aprobara una ley que limitara la tenencia de armas de fuego. Al llamado de la ficción concurrieron personalidades políticas como el ministro de Justicia y el secretario de Seguridad Pública.
La Globo, que ha hecho de la realidad social y de la polémica una de las llaves de sus éxitos, incrementó el poder de la convocatoria. En la web destinada a la telenovela abrió una ventana "Brasil sin armas", donde el internauta podía enterarse de lo que significa la violencia de las armas en el día a día de la ciudad, con cifras tan aterradoras como la de que en el año 2000 las armas de fuego terminaron con las vidas de 13.186 jóvenes.
El escritor Manoel Carlos es un militante de esa ficción comprometida. Como él dice: "hay que instigar, provocar, hacer que cada capítulo traspase hacia las charlas del día siguiente, en la escuela, en el trabajo, en la calle. Sin eso, sin el comentario del día siguiente, una telenovela no despega (...) También intenté realzar los problemas de la tercera edad, a través de dos personajes, mostrando cómo los ancianos son relegados a un plano inferior en nuestro país".