ALVARO J. AMORETTI
El precandidato de la Unión Colorada y Batllista (UCB), Alberto Iglesias, tomó distancia de la gestión del presidente Jorge Batlle al afirmar que cometió "un error" cuando designó un gabinete "integrado por gente sin bagaje político y no trabajó en equipo, sino "fomentando voluntades sueltas y chacras", y advirtió que en las internas del Partido Colorado de junio próximo los electores deberán optar entre "el candidato del gobierno", como definió al ex ministro Guillermo Stirling, y "la renovación partidaria".
En una entrevista con El País, Iglesias aseguró que aunque planteó sus discrepancias al primer mandatario las mismas "nunca" fueron atendidas.
—En 1999 su sector celebró con la lista 15 un acuerdo electoral respaldó a Batlle en las internas ¿Por qué no reedita aquel acuerdo y resuelve comparecer en forma independiente?
—Bueno... no cometo ninguna infidencia si le digo que tanto mi sector como yo esperábamos mucho más de este gobierno.
—¿En qué lo defraudó?
—Por lo pronto en el hecho de no haber recurrido a los organismos partidarios en momentos clave de la historia del gobierno y del país como cuando entró la aftosa, o cuando el Partido Nacional entró al gabinete, o cuando salió del gabinete, o cuando la crisis financiera amenazaba la estabilidad.
—¿Y en qué más lo defraudó?
—Y... me defraudó cuando designó a un gabinete integrado por gente sin bagaje político, privilegiando a los técnicos y relegando a los políticos. Y creo que fue un error, porque no se tomó en cuenta que el político va a dar todo, porque en cinco años sabe que va a tener que renovar su contrato con la ciudadanía. Al técnico le importa poco hacer las cosas bien o mal, porque el cargo le completa un curriculum y su meta es la actividad privada.
—¿Usted cree que Batlle eligió mal a los miembros de su gabinete?
—Cuando usted pone gente que no se compromete con el gobierno y con su cargo, y que piensa más en sí mismo que en el gobierno, no está conformando un equipo. Acá no hubo un equipo, sino fomentando voluntades sueltas, y chacras.
—¿Llegó a plantearle esa discrepancia al presidente Batlle?
—Sí. Lo hice en el ámbito que correspondía y en el momento en que correspondía.
—¿Y percibió que tras ese planteo el doctor Batlle atendía aunque más no fuera parcialmente?
—Nunca. No cambió nada.
—¿Sintió que no se respetaba el aporte que su sector había realizado al triunfo de Batlle?
—Sentí que hay que respetar el aporte de todos los que trabajan, que hay que escuchar a todos, porque esa es la forma de gobernar un país. Lo que pasa es que en este país los líderes que han gobernado durante las últimas décadas nos han acostumbrado a todos a que los acuerdos no son posibles, y a que las únicas ideas que sirven los que esos mismos líderes plantean. Han apostado a la confrontación y han crecido en la confrontación, y ya no pueden articular soluciones y acuerdos que el país pide a gritos. Porque si Batlle, o Sanguinetti, o Lacalle, o Vázquez plantean algo, a los otros tres la idea les va a parecer equivocada sólo porque lo planteó el otro.
—¿Y cuál es la solución?
—Cambiar. Abrir la puerta a una nueva generación política en todos los partidos, para salir de este empantanamiento.
—La forma como Batlle y el ex presidente Sanguinetti manejaron la precandidatura común de Stirling, ¿buscó a su juicio abrir la puerta a una nueva generación de dirigentes dentro del Partido Colorado o, por el contrario, fue un intento por perpetuar la influencia de esos dirigentes?
—No me corresponde a mí opinar acerca de la forma en que otros toman sus decisiones ni los objetivos que persiguen.
—¿Stirling es el candidato del gobierno?
—Ahhh, yo tengo muy claro que sí. Stirling ha sido el candidato propuesto por Batlle y aceptado por Sanguinetti. Y la gente va a poner todo en la balanza, porque el uruguayo se ha vuelto muy crítico y es cada vez más independiente. Y eso es importante. ¿O usted piensa que la gente se va a arriesgar a votar para presidente a alguien que en su vida privada ha fracasado? ¿Usted cree que la gente se va a arriesgar de nuevo? Yo creo que no.
De Brun, capital político de la UCB
—La gestión del economista Julio De Brun en el Banco Central, ¿es un capital político de la lista 321, o un elemento con el que sus oponentes van a pasar factura a su grupo político?
—La gestión de De Brun es un capital para nuestro sector y para el país. Tuvo la responsabilidad de pilotear la peor crisis de la historia del Uruguay y ha sido el verdadero hacedor del país después de la terrible tormenta que enfrentamos. Porque el país le debe a De Brun la estabilidad, la confianza y la certeza que los operadores sienten hoy en día, y que no existía al momento de su asunción en el Banco Central.
—¿El piloto no fue el ex ministro Alejandro Atchugarry?
—No. Atchugarry fue el político, pero el que generó con sus decisiones técnicas la certeza y la estabilidad fue De Brun.
—¿Se va a mantener a De Brun en el Banco Central hasta el final de esta administración?
—Yo me comuniqué con De Brun y le consulté acerca de si podíamos contar con él. Y De Brun, que es un hombre que como todos en este sector piensa primero en el país y después en sí mismo, me dijo que no abandonaría su cargo porque no tenía la certeza de que si lo hacía el país habría de mantener este rumbo que le está permitiendo salir de la crisis.