Jorge Da Silveira
Si ya durante la Eliminatoria hubo episodios que alertaron y merecían una autocrítica profunda, el Preolímpico marcó el inicio del gran deterioro de la imagen de Carrasco.
Antes dijo que el equipo iba a deleitar, que iba a generar quince oportunidades de gol por partido. Eligió muy mal el plantel. Llevó solo cuatro jugadores con hábito de marca y ningún volante con capacidad para recuperar el balón. Lo que es peor, sostuvo que el volante de marca, el central, sería Jorge Martínez, delantero, a veces media punta y a lo sumo enlace. Para desempeñar esa función se precisa algo más que correr, cosa que hizo con enorme voluntad y entrega. Es necesario correr bien y en especial tener colocación, aspecto fundamental en la función defensiva. De los cuatro zagueros tres eran titulares y el suplente era un zurdo cerrado, Lima, que solo podía jugar de lateral y que viajó, como Estoyanoff, Choy y Taborda, sin preparación adecuada. Si jugaba con cuatro zagueros no tenía suplentes y tampoco lo tenía J. Martínez en su improvisada función.
Sacó a Hernández a los 27 minutos porque no jugaba bien de lateral cuando es volante. No lo puso ni de suplente al partido siguiente. Lo mató. Sacó a Bava cuando nadie vio que fuera responsable de la derrota ante Chile. No dialogó con los jugadores nunca, no comió con ellos durante los once días, faltó a tres entrenamientos luego de los partidos peores, cuando más se precisaba la figura del conductor. Responsabilizó claramente a sus futbolistas de las derrotas y el fracaso de no pasar siquiera al repechaje para llegar al cuadrangular final. No concurrió a dos conferencias de prensa lo que valió duras críticas del periodismo internacional. No hizo un solo entrenamiento de defensa. En el partido con Paraguay, decisivo para clasificar, puso un equipo en cancha para jugar al pelotazo y cuando se presumía que el resultado parcial y los nervios llevarían a tirar centros tenía en el campo los más bajitos y de menor peso en el juego aéreo.
Para el amistoso con Jamaica, fiel a su criticada costumbre de llamar el mínimo número de jugadores, los problemas suscitados con Recoba, Sosa y D. López lo dejaron apenas con cuatro suplentes. Se jugó muy mal y se perdió 2 a 0. Antes se dio la ida de Sosa a Rusia, a quien se le dijo que no volvería a la Selección si no iba a Jamaica. Jamás tuvo en cuenta el aspecto humano del jugador. Si lo hubiera hecho no habría citado a Recoba, que debía jugar tres días después ante Milan un partido muy importante para Inter.
(Sigue mañana)