SANTIAGO | JULIAN PEREZ
Una verdadera caja de sorpresas —gratas para unos e ingratas para otros— resultó ser la vigésima edición del Gran Premio Latinoamericano. Y entre las buenas y mejores estuvieron de parte del turf y elevage uruguayo. Fue el único que logró dos lugares en el marcador frente a la representación de otros cuatros países, dos de ellos con cuatro exponentes cada uno.
Dentro de un resultado auspicioso como ese, las cosas pudieron haber sido mejor. No nos cabe la menor duda de que en una prueba de trámite normal, el tordillo Cat Free se hubiese clasificado segundo y no lejos del ganador. La verdad es una sola. El tordillo fue el animal más perjudicado a la hora de definir frente a las tribunas. Pero tras tropezar con el brasileño Reizinho y el local Gilgames, salió demasiado bruscamente hacia afuera y molestó a dos rivales que no traían a esa altura, ni por asomo, los mismos bríos.
El distanciamiento del defensor del stud Gavroche sorprendió a todos. Las autoridades actuaron de oficio, pero al hacerlo, ignoraron la incidencia que dio motivo a todo lo demás. Y de esa forma, la víctima mayor del espectáculo quedó convertido en victimario. Más allá de la amargura que nos produjo un fallo que no estuvo acorde a la brillantez que tuvo en organización la gran carrera, que sirvió además para festajar el centenario del hipódromo Chile, volvemos a lo del comienzo: la actuación de los ejemplares uruguayos fue valiosa y eso, a todos por igual, debe reconfortarnos. Un estímulo, y grande, para un turf que recién comienza a resurgir.
EVOLUCIONES. Los dos uruguayos, tal como lo habíamos adelantado, fueron presentados luciendo un ajuste perfecto, confirmando ambos una gran capacidad de ambientación. Un detalle básico para hacernos alentar esperanzas que luego, felizmente, se concretaron. Vale aquí destacar además de todo eso, la estrategia acertada de los dos cuidadores uruguayos: el no dar ventajas en el desarrollo, si es posible encimando a los punteros. Lo que parecía ser algo temerario, no reflejaba más que una gran confianza en sus pupilos y éstos supieron responder magníficamente.
Con los hechos a la vista, es fácil decirlo: Cat Free y Mistongo estuvieron en la cumbre de sus respectivos rendimientos, coincidiendo ello con su primera incursión fuera de fronteras. Lo que no es fácil es suponer hasta donde llegarán las respectivas evoluciones. En el caso de Cat Free lo vemos capaz aun de grandes realizaciones al máximo nivel. Pero no muy lejos de él está Mistongo, un caballo que hace apenas tres meses aún estaba corriendo carreras de velocidad pura.
Buenas perspectivas, entonces, para los dos caballos de 3 años que tan bien han dejado los prestigios de nuestro turf.
Sobre las mencionadas "sorpresas" del Latinoamericano y sus resonancias, nos referiremos en notas futuras.