La construcción de la paternidad

| El film está protagonizado por Daniel Hendler, elegido mejor actor en el último Festival de Berlín

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FABIAN MURO

La cuarta película del director argentino Daniel Burman El abrazo partido, que se estrena en Montevideo el próximo viernes, significó la consagración a nivel internacional para el cineasta. El film ganó el Oso de Plata en la más reciente edición del Festival de Berlín y también obtuvo el primer premio a la actuación masculina, que fue para el actor uruguayo Daniel Hendler.

Burman pasó fugazmente por Montevideo para promocionar su más reciente obra, que cuenta la historia de la relación entre Ariel Makaroff (Hendler) y su padre (Jorge D’Elía), quien abandona a su hijo menor apenas nace para ir a pelear en la guerra de Yom Kippur en 1973. "En realidad, toda la historia empieza a partir del viaje del padre. Siempre me llamó la atención el hecho de abandonar todo por una a causa, el carácter épico de ese emprendimiento. De chico, me contaron de varios casos de hombres que abandonaron a su familia para ir a Israel a pelear en la Guerra de los Seis Días. Y cuando llegó el séptimo día, no regresaron a Argentina, sino que se quedaron en Israel y formaron una nueva familia. ¿Ese tipo es un héroe que va a luchar por una causa noble o un malnacido que abandona a su familia? Yo me inclino por lo segundo (risas). Ese fue el disparador de la película y partir de ahí comencé a escribir el guión".

El proceso de gestación del libreto fue compartido entre Burman y el escritor argentino Marcelo Birmajer, viejo conocido del director: "A Marcelo lo conozco desde que era muy chico. Yo tenía dos años y él ya iba a mi casa a visitar a mi hermano mayor. Luego fui siguiendo su trayectoria literaria y hay una cuota importante de admiración mutua en nuestra relación. No fue nada complicado escribir el guión junto a él", afirma Burman.

El resultado de la colaboración entre escritor y cineasta es la historia de una relación filial definida por la ausencia del progenitor. Ariel trabaja junto a su madre (Adriana Aizemberg) en una lencería ubicada en una galería del barrio porteño del Once. La galería es una pequeña Babel —no es coincidencia que una zapatería cercana se llame así—donde conviven judíos, italianos, coreanos, bolivianos y personas otras nacionalidades. Además, el centro comercial es un pedazo de la Argentina de hoy: en permanente estado de escasez de dinero y con el fantasma del desempleo y la quiebra en constante acecho. Pero también es un lugar en el que la solidaridad y el compañerismo prevalece, tanto entre la colectividad judía a la que pertenece Ariel, como entre las distintas nacionalidades y culturas que allí acuden para ganarse el sustento y socializar.

Ariel se siente abandonado por su padre. Mediante testimonos de los que trabajan en la galería, la filmación de su propia circunsición y otros relatos, intenta hacerse una imagen del hombre que partió hacia una guerra y completar así un vacío en su vida. "Gran parte de la película descansa sobre la construcción de la paternidad y cómo la ausencia del padre condiciona totalmente el punto de vista de los hijos", explica Burman. Otro componente de la historia narrada en El abrazo partido trata sobre la sobre los deseos de Ariel de abandonar Argentina (como su padre) e irse "a Europa". Así lo expresa el personaje interpretado por Hendler, con la indefinición típica de alguien que no sabe exactamente qué quiere.

El protagonista inicia las gestiones para obtener el pasapaorte polaco, que lo lleva al consulado de ese país. La escena donde el cónsul polaco lo recibe es uno de los momentos más cómicos de la película y es —según lo que el director ha dicho para medios prensa argentinos— una secuencia con mucho de autobiográfico: "Hace varios años pensé que me iba a quedar solo, porque todos mis amigos se iban. Por ahí había leído que en unos años Polonia iba a ingresar a la Unión Europea y así obtuve el pasaporte polaco", le dijo Burman a un diario argentino.

CONSOLIDACION. Con El abrazo partido Burman deja de ser una promesa del "Nuevo Cine Argentino" para para pasar a integrar otra clase de cineasta. Así lo confirman los premios en Berlín y Burman lo admite: "Estoy en otra posición, sin dudas. A partir de ahora, sé que me va a resultar más fácil o factible poder llevar a la pantalla lo que escribo, pero también sé que voy a tener que soportar que todo lo que yo haga a partir de ahora se va a comparar con El abrazo partido, y eso no me hace mucha gracia. Sin embargo, creo que puedo recuperar el lugar que tenía antes de esta película, la de un director que la pelea desde abajo, que es la que más me gusta".

El director también reconoce que si bien no esperaba ganar los premios que obtuvo, intuía que la película iba a ser especial. "Mientras la rodaba, no tenía mucha idea cómo iba a quedar. Pero una vez que comencé con el montaje, sentí que tenía algo bueno entre manos. Fue una sensación diferente a la que tuve cuando terminé mis películas anteriores, como que muchas más cosas encajaron en este proyecto".

Burman atribuye el salto cualitativo a, principalmente, un proceso de maduración: "Obvio que se dieron un conjunto de factores —guión, elenco, equipo— que influyeron sobre el resultado. Pero también siento que una película no es el resultado del tiempo que uno trabaja en ella, sino el de todas las películas que uno hizo antes", detalla un realizador de 30 años que debutó en 1995 con el corto Niños envueltos y luego dirigió Un cristantemo estalló en cinco esquinas (1998), Esperando al Mesías (2000) y Todas las azafatas van al cielo (2002).

Elogios para el "ícono definitivo del Nuevo Cine Argentino"

Esta es la tercera película en la que Burman y Hendler trabajan juntos: el uruguayo protagonizó junto a Héctor Alterio Esperando al Mesías y tuvo un pequeño papel en Todas las.... En medios de prensa argentinos se resalta la estrecha relación entre Burman y Hendler: "No somos pareja!", dice el director entre risas y agrega: "Desmiento en El País todo rumor acerca de nuestra relación", entre más risas.

Más allá de las bromas, Burman da cuenta de una gran admiración por el actor: "No sé si acá en Uruguay se entiende la importancia de Hendler. Me da la impresión de que aún no. Es uno de los actores más importantes del presente, no solo del Río de la Plata. El premio que ganó en Berlín no es joda, es un galardón muy importante".

La opinión de Burman es compartida casi unánimente por los críticos argentinos, que ya publicaron sus opiniones sobre el film. Para el cronisat de Página12 Horacio Bernades, "el uruguayo Daniel Hendler se consolida aquí como el ícono definitivo del Nuevo Cine Argentino".

Para el crítico Diego Lerer del diario Clarín "la película no sería lo que es —sutilmente graciosa, pudorosamente tierna, discretamente emotiva— de no ser por su extraordinario elenco, comenzado por una dupla madre-hijo que pasará a la antología del cine local".

El matutino La Nación, en tanto, consignó a través de Diego Batlle que "en medio de un film intenso, honesto, sensible y...consistente...Hendler, a estas alturas convertido en indudable alter ego del director, encarna con su habitual apuesta por la contención y por los pequeños matices al querible antihéroe de la película".

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