Si bien todavía "programma non habemus" parece que en el Frente están trabajando en él. Muchos ya están dispuesto a votar la coalición sin tener idea para qué. Tranquilos, intentarán explicárselo antes de llegar a la urna. Dicen que hay como mil personas investigando datos clandestinamente y tratando de conciliar ideas.
Para que les salga algo coherente, vamos a aportarles el recuerdo de una nota que publicamos con este mismo título el 29 de julio de 2001 referente a un episodio que protagonizó Tabaré Vázquez en aquel tiempo en el Club Anastasia de Fray Bentos, en una gira por esos pagos. Fue entonces que a alguien, como culminación de un diálogo inolvidable lo terminó desafiando a "que venga fresco si quiere hablar conmigo, mano a mano, cuando quiera, con quien quiera, donde quiera" (El País, 24 de julio 2001).
El destinatario de aquél reto a duelo al sol resultó ser un modesto parroquiano de la cantina del Club que con alguna cañita de más le había tocado al visitante en su fibra más íntima apuntando a su indefinición ideológica. "Vos dijiste que eras marxista" le previno el hombre. "¿Dónde está la democracia social del Frente Amplio ahora?" le preguntó con esa lucidez típica del borracho para decir lo que siente y buscar la verdad.
Vázquez no la esperaba: le habían pegado en su punto más vulnerable, en el que nunca pudo expresarse bien. El hombre tenía todo el derecho del mundo a preguntar porque la razón de su duda se extiende como hoy por todo el país pensante, que debería preocuparse en donde están pisando las ideas de aquél que le pide el voto. Vázquez se enfureció, a pesar que lo que debería interesarle es que la gente lo vote, no importa si fresca o mamada. Entonces, de mal humor, le dijo que "no le voy a contestar a esa pregunta... porque no tengo ganas simplemente".
En ese momento, según cuenta la crónica, a Vázquez lo rodearon para protegerlo, por lo cual le pidió a la gente que lo soltara, y cuando encaró al indefenso borrachito, agregó "mirá, ni vos ni nadie me saca el gaucho" insistiendo luego que "a mí no me gusta que me saquen el gaucho" y finalmente, previo al desafío, terminó con que "pero no me metan el gaucho".
Pese a su reconocida consustanciación con Progreso (¿se acuerda Doctor cuando hicimos lo de Pedrucci almorzando solos en la mesa de la Directiva de Nacional unas memorables costillas a la plancha que nos trajeron de la cantina? ¡Qué tiempos aquellos!) no quedó claro qué es lo que le pasaba con el gaucho porque si bien dos veces reclamó que no se lo saquen, otra pidió que no se lo metan, pero a pesar de la diferencia que surge de la estricta literalidad de los términos de la crónica se infiere que salvo a los de la Teja, a los gauchos no los quiere. Esto del gaucho sacado o puesto es un uruguayismo al que acudió para dar a entender que a él no se lo llevan por delante, pero no estuvo bien: al fin y al cabo sólo porque el pobre pedorra quería saber lo que pensaba, armó todo aquel lío.
Y ese mismo lío lo tienen ahora los que están armando el programa, que deberían empezar por el principio y despejar las ideas de la cabeza de la columna.
De paso cañazo, sería interesante que cuando Vázquez recorra los caminos de la patria en su campaña proselitista, se ofrezca canilla libre y que los gauchos no se le acerquen.
Por las dudas nomás.