Los realizadores de esta película han expresado públicamente su satisfacción por haber proporcionado una versión "más fiel al original que otras" de la pieza teatral y la novela de James M. Barrie que han adaptado a la pantalla. Esa es, en realidad, una verdad a medias, aunque hay que reconocer que están más cerca de Barrie que, por ejemplo, Walt Disney en su famosa versión animada, en lo que tiene que ver con el "target" (como se dice ahora) al que dirigen su material. Disney había infantilizado a Peter: esta película le devuelve a la historia su carácter de fantasía adolescente, de expresión simbólica de los temores, las angustias y las excitaciones que acompañan a la aventura de crecer.
Por otra parte, el libreto se toma tantas libertades como Disney con la anécdota de Barrie: la historia de amor y hasta todo un personaje por lo menos, el de la Tía Millicent encarnada por Lynn Redgrave, son un invento de la película. Eso no es un defecto: es simplemente un rasgo a tener en cuenta. Este no es el Peter Pan de James Matthew Barrie sino el P. J. Hogan y su equipo, la legítima relectura de un texto venerable.
OSCURIDADES. Ciertamente proviene de Barrie el perfil algo oscuro de su personaje central, y pertenece al espíritu del escritor lo que podría llamarse la veta "freudiana" que recorre su entrelínea, con esa Wendy que por un lado experimenta la fascinación infantil por las aventuras de piratas y los mundos imaginarios, pero en quien empiezan a encenderse también las pulsiones de la pubertad. El propio Barrie había querido hace un siglo que su señor Darling (el padre de Wendy) y su capitán Hook fueran encarnados por el mismo intérprete, regla que esta película cumple a través del actor Jason Isaacsconservando la idea de una doble, contradictoria figura paterna. Para Wendy, Hook no representa solamente el Mal sino también, ambiguamente, y a través de una dosis de perceptible atractivo sexual, el misterio de un universo a descubrir. El film ha tenido empero el buen criterio de omitir otra tradición escénica y cinematográfica acerca de Peter: que el personaje principal esté encarnado por una actriz. Ya se han hecho demasiados chistes sobre ‘gays’.
Cuando se han terminado las elucubraciones (en último término, bastante ociosas) acerca de las fidelidades y traiciones a un texto literario queda la película, que por cierto no está nada mal. Desde que Wendy y sus hermanos escapan de su casa londinense para acompañar a Peter a la Tierra de Nunca Jamás, el film funciona muy cómodamente como aventura salpicada de elementos fantásticos, bastante acción, y unos eficaces aunque no memorables efectos especiales. El relato corre muy fluidamente, las espadas entrechocan en el aire o sobre la cubierta del barco pirata en la mejor tradición de los films de la Warner de los años treinta y cuarenta, y hasta algunos compases de la música de James Newton Howard evocan las partituras de Erich Wolfgang Korngold para las hazañas de Errol Flynn. Hay deslices que pueden provocar algún rechinar de dientes (el número musical con la muletilla de "Yo creo"), y Jeremy Sumpter es un Peter demasiado "blando", pero se trata de objeciones menores. El conjunto es un entretenimiento de buen nivel.