Cuando los pectorales llegan al poder

| Gracias a las series de Rocky y Rambo, el actor se volvió una de las estrellas mejor remuneradas

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JORGE ABBONDANZA

De un extremo al otro. En estos días Sylvester Stallone figura en la cartelera montevideana como el villano Toy Maker de la película para niños Mini espías 3D, un personaje de muchas caras que forma parte de esa diversión junto al truco de las tres dimensiones y las fantasías de la realidad virtual. Pero treinta años antes, el antecedente mejor guardado en la carrera de Stallone fue su aparición juvenil en algunas películas porno, travesura nudista que Hollywood se ha cuidado de no mencionar cuando se contabilizan las actividades de esta celebridad. Los comienzos de Stallone en la industria consistieron en papelitos mínimos, como el que defendía por detrás de Jack Lemmon y Anne Bancroft en El prisionero de la Segunda Avenida (1975), pero al año siguiente el nuevo actor supo imponer la suficiencia de sus pectorales y saltó al papel central de Rocky (1976, dir. John G. Avildsen) que inesperadamente no sólo resultó un éxito sino que obtuvo el Oscar como mejor película, junto a otros premios de la Academia para su dirección y su montaje.

FAMA. Eso lo catapultó no sólo a la fama, sino también a los salarios astronómicos: hubo un momento (hace 20 años) en que Stallone se dio el lujo de figurar a la cabeza de las estrellas mejor pagadas de la fábrica, privilegio en el que ha tenido pocos rivales en esta época de veinte-millones-por-película. Era trabajador, además de musculoso, de manera que sus aptitudes para el arte dramático son un detalle que puede dejarse al costado: el éxito de Rocky le demostró que convenía embarcarse en continuaciones de esa historia de boxeo donde Rocky Balboa salta desde su modesto barrio hacia el campeonato, y así filmó la segunda parte de la saga (1979, dirigida y escrita por él mismo), la tercera (1982) y la cuarta (1985) figurando siempre como libretista y director, aunque hubo también un Rocky V (1990, dir. Avildsen). Ahora Stallone confiesa que tiene escrito el guión para la sexta versión, aunque no cree que llegue a filmarse y "sinceramente, no tengo demasiadas ganas de hacerla".

Pero no hubo solamente Rockies. En 1982 el actor protagonizó (y escribió) la aventura de Rambo, un ex-integrante de los Boinas Verdes perseguido por bosques norteamericanos, y también esa historieta (dirigida por Ted Kotcheff) tuvo una acogida triunfal de parte del público, empujándolo a filmar otras continuaciones en 1985 con acción en Vietnam (dir. George Pan Cosmatos) y en 1988 con despliegue bélico en el Afganistán ocupado por los soviéticos (dir. Peter MacDonald). A esa altura, Stallone era la mole física más popular del mundo y pudo darse lujos que corresponden a las luminarias: una mansión en Beverly Hills, un gusto personal por los zapatos italianos hechos a mano, cada par de los cuales cuesta algo más de mil dólares. El hombre de la boca ondulada y los ojos entornados, demostraba ser un guerrero de la pantalla como hubo pocos. Por eso la revista especializada American Film le dedicó una larga nota, compartida por Arnold Schwarzenegger, donde calificaba a esos dueños de grandes bíceps como "guerreros fascistas", héroes de la década reaganiana en que la fuerza parecía tener prioridad sobre la inteligencia o la razón.

FORTUNA. Ahora, cerca de cumplir 60, Stallone sigue en el trajín que le ha dado fama y fortuna. Lo hace variando de género y confesando que consultó con sus tres hijos antes de aceptar el papel de Mini espías 3D, porque tenía sus dudas. Pero los hijos se mostraron entusiasmados con la posibilidad de ese juguete virtual, de manera que aquí tenemos más Stallone para catequizar a las plateas menores de edad, que son una inversión hacia el futuro. El trabajo le permitió actuar a las órdenes de su amigo Robert Rodríguez, ese chicano ascendente con el que tiene una relación muy cordial y hacia el que siente una admiración que no disimula: "toca la guitarra mientras dirige —dice Sylvester— y nunca está quieto. Hace ocho cosas al mismo tiempo".

De visita en la ciudad de México para promocionar en estos días el estreno de Mini espías 3D, el actor estuvo risueño y comunicativo con la nube de periodistas que lo desbordó en la rueda de prensa. Dijo por ejemplo que "los actores creen que pueden ocultar su verdadera personalidad detrás de algún papel, pero por más que pretendan hacerlo siempre asoma lo que el actor es en la vida real. De alguna manera, uno siempre expresa lo que es, a veces con la mirada y a veces con la voz. Luego de ver cinco o seis películas de un actor, el público puede darse cuenta de quién es en verdad y cómo piensa". Reconoció asimismo que "Rocky ya está viejo para boxear. Cuando se llega a cierta edad se pierden ciertas habilidades, aunque se adquieran otras. Antes veíamos en esas películas a un hombre que sabía pelear, pero tenía poco cerebro. Ahora estaríamos delante de un personaje adulto, más centrado, que ya no es fuerte como antes pero sabe bastante más de la vida. Sin embargo no creo que Rocky VI llegue a rodarse. Podría convertirse en una comedia musical de Broadway, en la que de todas maneras no participaré porque Rocky es un poco más joven que yo y tendría que bailar y cantar".

Se mostró muy complacido de figurar en su nueva película para niños "porque en un drama o un tema de acción no podría darme el gusto de divertirme o de exagerar los gestos y levantar la voz hasta el chillido. Aquí puedo ser como un juguete más. Hacer esta película fue lo más parecido a tomarse unas buenas vacaciones". Confesó estar filmando Rampart Scandal, donde interpreta a un detective sumergido en el medio musical del hip hop, que según él es "la música que mejor representa a la nueva generación. Mis padres tuvieron a Sinatra y a mí me tocó el rock and roll, pero ahora los muchachos experimentan con algo nuevo, que todavía no conocemos del todo. Eso es lo bueno". Cuando le preguntan si piensa producir algún film de abultado presupuesto, responde que "no, porque hoy me siento más cercano al cine independiente. No me olvido que Rocky nació casi de la nada, como una película modesta al margen de los grandes estudios. Si se estrenara hoy, iría directamente al mercado del DVD sin pasar por los cines. Anualmente hay en el mercado 3.000 o 4.000 películas, de las cuales con buena suerte llegan 400 a estrenarse en cines. Pero las mejores que he visto últimamente salieron directamente en DVD".

No parece tonto cuando señala que "me encantaría hacer Moby Dick y aparecer como el capitán Ahab, pero pienso en mis hijos y eso de matar ballenas no creo que deba gustarles".

"Sly" versus "Arnie"

Desde 1982, cuando Arnold Schwarzenegger pasó a primera fila gracias a Conan el bárbaro, Stallone debió cuidarse porque le surgía un competidor en los terrenos del talento muscular. Desde entonces los dos fisioculturistas han mantenido una rivalidad profesional que no excluyó la relación amistosa ni la sociedad comercial para abrir junto a otros colegas famosos la cadena de restaurantes Planet Hollywood, que no tuvo larga vida. Mientras afianzaba su popularidad con Rocky y con Rambo, Stallone veía cómo Schwarzenegger también crecía en ancas de Terminator, pero ahora las cosas han cambiado en más de un sentido, y no sólo porque los años pasan y el reinado de los forzudos se apaga, sino porque su colega austríaco optó por la carrera política.

En efecto, hace un par de meses triunfó en las elecciones para gobernador de California y esa vía alternativa de consagración despierta en Stallone algunas reflexiones: "siempre sostuve —dijo en conferencia de prensa celebrada en México— que los actores deben dedicarse solamente a actuar. Hoy lo creo más que nunca". Pero las alusiones al flamante gobernador no quedaron allí: "la política es en todos lados y también en Estados Unidos una actividad tan respetable y profesional como la medicina o la abogacía, pero además resulta muy cómoda para seres como nosotros, que podemos respaldarnos en nuestra popularidad para obtener el apoyo de la gente y lograr votos. Ser elegido gobernador es así bastante fácil, pero lo difícil es afianzarse luego en ese cargo".

Y todavía Stallone agregó: "Una campaña electoral es igual a la promoción de una película. Vemos a los mismos personajes en todos lados, diciendo siempre las mismas cosas y mostrándose lo más correctos que pueden. Pero de lo que viene después de la elección, prefiero no hablar. Lo único que puedo decir es que todo esto me resulta ridículo y hasta desastroso".

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