GUILLERMO ZAPIOLA
Año raro, en materia de cine por lo menos. Que haya habido un poco más de público que el año anterior (que fue el de la crisis por excelencia), y hasta que probablemente se haya incrementado la cantidad de estrenos no debería sorprender, aunque habrá que ver los números finales, aún no disponibles, para hacer alguna afirmación categórica al respecto.
El control del mercado por unas pocas empresas internacionales tampoco es una novedad, y ello explica que la mayor parte de lo que se estrenó en pantallas comerciales haya venido de los Estados Unidos, o se trate de films de otras nacionalidades distribuidos por empresas norteamericanas, desde el brasileño Ciudad de Dios al mexicano El crimen del padre Amaro. Ese es el verdadero quid de la cuestión.
La buena noticia es que, pese a todos los pesares, pudo verse cine de calidad. Incluso el Tío Oscar 2002 pudo esgrimir un puñado de títulos de interés: hacía tiempo que no ganaban premios o por lo menos figuraban entre las candidaturas cosas del nivel de Chicago de Rob Marshall, Pandillas de Nueva York de Martin Scorsese, El Señor de Los Anillos: Las Dos Torres de Peter Jackson, el melodrama "sirkiano" Lejos del Paraíso de Todd Haynes o El pianista de Roman Polanski, aunque haya podido colarse en el grupo algo como Las horas de Stephen Daldry, ese típico ejemplo de correcto cine "de qualité" con perfume literario que (como los juegos de varios niveles de ficción de El ladrón de orquídeas de Spike Jonze) los críticos suelen sobreestimar. Quienes creen (Andrew Sarris los llamaba "críticos del bosque", incapaces de distinguir entre los árboles individuales) que todo el cine norteamericano consiste en tonterías llenas de efectos especiales como las dos últimas entregas de Matrix deberían detenerse cinco minutos sobre algunos de los films mencionados más arriba o sobre Río Místico de Clint Eastwood, Buscando a Nemo de la empresa Pixar (que ha prestado a Disney las dosis de creatividad que parece estar perdiendo), Embriagado de amor de Paul Thomas Anderson o hasta Kill Bill de Tarantino, que es un loco talentoso que se divierte con lo que hace.
No fue un gran año para Woody Allen, aunque tanto La maldición del Escorpión de Jade como La mirada de los otros contienen, aquí y allá, la gracia suficiente como para que se las haya podido ver con simpatía: reencontrar a Woody es reencontrar a un viejo amigo, al que se le perdonan los deslices y en quien siempre se rescata algún elemento gratificante.
ANCHO MUNDO. Hollywood a un lado, la presencia francesa, tanto en pantallas comerciales como en el circuito cultural, se hizo notar de un modo particular, quizás no tanto en términos cuantitativos sino cualitativos: imposible ignorar películas como El empleo del tiempo de Laurent Cantet, La dama y el duque de Eric Rohmer, Cómo maté a mi padre de Anne Fontaine, Betty Fisher de Claude Miller, la demorada y valiosa Van Gogh de Maurice Pialat y varias más. Poca cosa de España, por cierto: en primer lugar En construcción del documentalista José Luis Guerín, bastante más abajo la Salomé de Saura. El rubro "cines exóticos" (no hubo este año iraníes o hongkongueses) estuvo cubierto por su parte por Intervención divina del palestino Elia Suleiman, una de las grandes películas del año y un real descubrimiento.
Quienes han tenido la suerte o la desgracia de concurrir a varios festivales de cine latinoamericano han podido quejarse de la medianía (por decirlo suavemente) de una producción reciente que ha conocido, sin embargo, un crecimiento cuantitativo importante. Lo que llega a atravesar las barreras de los mercados internacionales es mejor, sin embargo, y algo de ello pudo verse aquí: es el caso de Ciudad de Dios del brasileño Meirelles. Están pasando cosas interesantes en el cine argentino (una generación de gente joven con ganas de decir lo suyo), y algo se vino: la mezcla de crónica urbana y cine de géneros de Un oso rojo de Caetano, el cuadro de afectos y emociones de Historias mínimas de Carlos Sorín. Se puede desconfiar más de los Lugares comunes de Aristarain, un título merecido.
MAS CERCA. Los vaivenes del cine uruguayo estuvieron pautados por incumplimientos gubernamentales, huelgas de hambre y hasta procedimientos judiciales contra un documentalista provocador que es también el realizador más importante de los alrededores. Nada de eso afecta ciertamente la excepcionalidad de Aparte de Mario Handler (uno de los grandes títulos uruguayos de todos los tiempos), el considerable interés de El viaje hacia el mar de Guillermo Casanova, la atendible contención dramática de La espera de Aldo Garay, y hasta los premios internacionales que Corazón de fuego de Diego Arsuaga continúa cosechando a pesar de ser una película del 2002. Contra viento y marea, el cine nacional vive y lucha. Enhorabuena.
En las arcas de las grandes compañías
El balance de cuentas en Hollywood todavía no está cerrado. No es un dato menor porque en el trayecto final del año, son varios los títulos que fueron lanzados pensando (sobre todo) en el vencimiento del plazo para los aspirantes al Oscar. El pelotón final fue encabezado, nada más ni nada menos, que por El señor de los anillos: el regreso del rey e integrado por El último samurai (jugada en todo a Tom Cruise), El gran pez de Tim Burton, House of Sand and Frog con Jennifer Connelly y Ben Kingsley, Girl with a Pearl Earring de Peter Webber, Mona Lisa Smiles con Julia Roberts, Paycheck con Ben Affleck y Uma Thurman y Something’s gotta give con Jack Nicholson y Diane Keaton.
Mientras el arqueo final no se haga no habrá certidumbre acerca de la lista de recaudaciones proporcionada por los grandes estudios hace una semana. Pero tampoco hay demasiado espacio para mayores sorpresas. Esa lista de los "top" es encabezada por Buscando a Nemo con 339 millones recaudados, seguida por otro título Disney: La maldición del Perla Negra con 304, Matrix recargado con 281, Todopoderoso con 242, X Men 2 con 214 y Terminator 3 con 150 millones.
El fenómeno provocado por Nemo se observó también en Uruguay, donde el formidable film realizado por la Pixar, compañía asociada a Disney, llevó la friolera de 176.583 espectadores. Muy lejos quedó la recaudación de La maldición del Perla Negra que vendió 43.667 entradas, o sea, una cifra menor a las conseguidas por las uruguayas Viaje hacia el mar y Aparte.
Con todas esos números en la mano, aún no se puede asegurar que en el 2003 Hollywood consiguió más dólares que en el 2002. En la temporada pasada 24 películas superaron la marca de los 100 millones de dólares y cinco llegaron a los 90. Este año también 24 títulos pasaron los 100 millones pero solamente uno alcanzó a los 90.
A nivel de actrices y actores, la figura descollante es la australiana Nicole Kidman, quien ganara el Oscar por Las horas. Su performance anual incluyó La mancha humana, dirigida por Robert Benton, y el Regreso a Cold Mountain, film que obtuviera la mayor cantidad de candidaturas a los Globo de Oro que da la asociación de periodistas extranjeros radicados en Hollywood, considerada la gran antesala para los Oscar. Es posible que la Kidman vuelva por un Oscar y para ello contará con la alianza de los distribuidores de Dogville, la película del danés Lars von Trier con ella de protagonista, que ha sido acusada de antinorteamericana y cuyo estreno en Estados Unidos se demoró para después de la fiesta de la Academia.