Dentro de ocho días

Enrique Beltrán

El próximo sábado está comprendido por la veda de veinticuatro horas previa a la votación del referéndum de Ancap. Algo diré hoy entonces, aunque nada nuevo pueda agregarse. La redundancia es pecado menor cuando se cree que hay valores que están comprometidos en la suerte que corra la ley. No sólo por ella misma, sino por las circunstancias que la rodearon, y por las señales que dará el resultado de las urnas.

Uno de esos valores comprometidos es la lealtad para con el votante. Pocas veces el engaño se ha instalado como el eje mismo de un empeño proselitista, como lo ha hecho en esta campaña pro-referéndum. Es obvio que su triunfo alienta una práctica que termina por enfermar a las propias instituciones en cuanto se basan en el consentimiento no viciado. Veamos si no:

No es cierto, como se afirmó, que haya partido la iniciativa del referéndum de alguna fuerza política, ya que todas ellas intervinieron en la elaboración de la ley que se pretende impugnar por ese recurso. El impulso nació del sindicato de Ancap, preocupado por defender sus intereses y privilegios, más que los intereses de la comunidad. El Dr. Vázquez se le pliega rápidamente y la Mesa Política termina por desautorizar en los hechos, a los legisladores frentistas que trabajaron en la ley, cumpliendo el mandato que esa misma Mesa les había dado.

No es cierto que el voto por la papeleta rosada sea contra el gobierno. Es contra la ley que no es del gobierno, sino de las fuerzas políticas representadas en el Parlamento. El voto es contra ese consenso cuando se produce casi por primera vez en torno a un problema importante. Es contra el reclamo generalizado por una política de Estado, que supone precisamente la elaboración de esta clase de consensos básicos. Cuando se produce uno, esperanzador, se instrumenta el referéndum para embestir contra él, para volver al terreno de los desencuentros frontales aun cuando urjan acuerdos básicos exigidos por el simple hecho de vivir en una misma comunidad nacional.

No es cierto que se venda Ancap. Durante un año se hace la recolección de firmas de acuerdo a la intención proclamada en su momento, de elegir el procedimiento largo para detener mientras tanto, las posibles inversiones. El grito de guerra para esa cruzada fue el "No a la venta de Ancap". Muros y volantes recogen la patraña, hasta que, una vez recolectadas las firmas, el Dr. Vázquez reconoce, en coincidencia con la exhortación del Dr. Lacalle, que Ancap no se vende.

No es cierto que con el referéndum se procure salvar al ente. Por el contrario se lo condena irremisiblemente porque no se le permite que se halle en condiciones de competir. Se le priva de inversiones imprescindibles, que por las suyas no puede realizar, se apuesta así a su atraso tecnológico, al cierre de nuevos mercados, a la indefensión para enfrentar la derogación del monopolio impuesto por las normas del Mercosur, y antes aún, por la libertad del usuario y el interés de la comunidad.

No es cierto... la lista puede ser casi tan numerosa como la de las afirmaciones de la campaña rosa. Como última pincelada, el legislador del Frente Amplio, Martín Ponce de León con una sinceridad que en ese cuadro es de excepción, ha reconocido que se hallan en conversaciones con empresas internacionales —de aquellas de las demonizadas por buena parte de sus correligionarios— para ver de asociarse con Ancap en el caso eventual de un gobierno del Frente Amplio.

En ocho días las urnas decidirán la suerte de ese ente.

También ¡vaya que es importante!, si el engaño se premia o se castiga.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar