El quinto cambio fue todo de "JR"

| Los revendedores no hicieron un gran negocio con las entradas. Los diarios hablaron de Maracaná

Por Jorge Savia, enviado a Brasil

CURITIBA

Es día de Brasil-Uruguay y en Brasil, aunque las calles de Curitiba no alteran su habitual trajín cotidiano, se nota a la distancia. Se nota, para empezar, en los diarios de la mañana. Convocan. Empujan. Exigen. Y, cuando no, incluyen cada vez más referencias y anécdotas de aquella final de Maracaná de hace más de 53 años. Es como si al mencionarla, al no olvidarla, los brasileños quisieran desexorcisarse de aquel maleficio, de aquel fantasma.

Los uruguayos están ajenos a eso. Incluso a la presión terrible que imprime el periodismo local sobre la selección locataria. Un editorial, denominado Tiro Libre, es por demás gráfico: "el equipo hoy (ayer) no se puede dar el lujo de vencer; también tiene que jugar bien".

En torno al "Pinheirao", enclavado en el hermoso y residencial barrio de Tarumá, sobre una especie de Avenida Brasil de cuatro carriles bordeada de espléndidos árboles tropicales, se vive también otro tipo de presión. Más popular. Más ciudadana. Y tiene que ver con los revendedores de entradas, que aquí les llaman "cambistas", y con los ambulantes que hace un par de días se instalaron a exhibir sus productos en las cuadras aledañas al estadio. En torno a ellos, en países gigantescos como Brasil, se escriben historias de vida que a veces pasan de ser singulares, u originales, a transformarse en impactantes: es el caso, por ejemplo, de Robson Soares da Silva, que tiene 31 años y vino desde San Pablo: "estoy desempleado y ya desesperanzado, así que vivo de esto hace 10 años. Voy por todo Brasil, allí donde haya un gran partido voy, y voy viviendo, hermano. Vendo cada camiseta a 20 reales y hasta ahora vendí pocas, no está fácil. Espero vender unas 50. Si llego a eso me alcanza..."

A los revendedores de entradas, por su parte, tampoco se les hace fácil. Es día de Brasil-Uruguay en Brasil, pero recién una hora y media antes de empezar el partido consiguen vender en 80 reales las que valen 60 y colocan en 180 las que estaban originalmente en 150.

Es día de Brasil-Uruguay, en Brasil. Más precisamente en Curitiba, y como dice la canción, "de todas partes vienen los orientales". El embajador de nuestro país en Brasil, el ex diputado colorado José Luis Aguiar, por ejemplo, llegó especialmente desde Brasilia al mediodía de la pasada jornada, y luego de pasar a buscar a la Sra. Martha Andrea Silva Bauzá, que es la Cónsul de Uruguay en Curitiba, se fue derecho para el Hotel Sheraton, de la Avda. 7 de Setembro, donde estaba alojada la selección uruguaya. Se presentó, se puso a las órdenes de la delegación, y enseguida combinó con el Gerente Deportivo de la Asociación Uruguaya de Fútbol, Osvaldo Giménez, para salir acompañando a la delegación a las siete de la tarde rumbo al Estadio.

El que vino, también, fue Pablo Forlán, que estaba en San Pablo. Y el papá de Munúa. Y el padre del "Chino" Recoba, que siempre va a ver jugar al hijo a todas partes.

Por la tarde, o mejor dicho, a la hora de la sobremesa, el clima se empieza a templar: por ahí salen Bueno y Chevantón y se paran solos, taciturnos, con la mirada perdida en la calzada —¿buscando las razones por las que los sacó Carrasco?—, mientras los alrededores empiezan a incorporar la presencia de hinchas celestes que llegaron en excursión y que estaban en Camboriú o en Florianópolis, o llegaron recién en auto. Y por ahí, también, "se corre la bola" de que "el quinto cambio" es de responsabilidad exclusiva de Carrasco, porque en el entorno del técnico habrían opinado que compartían hasta la decisión de una cuarta variante.

En fin, es día de Brasil-Uruguay, en Brasil, y "de todas partes vienen los orientales". Después se alojan en los sectores "O" y "P" de la tribuna que vendría a ser la Amsterdam en el Centenario. Y sacan las banderas. Y gritan. Y alientan. Y cantan. Uno agarra un diario y lee las declaraciones de un tal Duilio, que un curitibano que trabaja de espía para Parreira y fue a observar a Uruguay contra Chile en el Centenario. El hincha dobla el diario y prefiere seguir cantando, gritando, alentando. ¿Qué va a entender el pobre brasileño si no pueden entender la mayoría de los uruguayos?

Ronaldo: "no estoy gordo"

Como se establece en forma adjunta, en Curitiba estuvieron los padres de Recoba, de Forlán y de Munúa. Pero también estuvo el padre de Ronaldo.

En efecto, Nelio Lima fue uno de los "torcedores" que se hizo presente en el Pinheirao: "Yo acompaño a Ronaldo a todo el mundo y siempre que hay un partido de la selección, voy atrás".

Por supuesto, Don Nelio tuvo que responder a los periodistas brasileños por el divorcio de Ronaldo, pero le restó importancia: "él ya pasó por dificultades mayores en su carrera y logró salvarlas. Este tipo de cuestiones personales no afecta su rendimiento adentro de la cancha".

Más allá de lo que dice el padre, hoy por hoy Ronaldo es perseguido por la polémica centrada en su condición física: ayer, por milésima vez desde que llegó a Curitiba tuvo que decir "no estoy gordo, no estoy gordo". Sin embargo, por las dudas, guardias privados del Hotel Paraná Golf entraron en un tenso forcejeo con un fotógrafo que un día antes le había sacado —a 400 metros de distancia— una foto al astro del Real Madrid, caminando con el torso desnudo y llevando una toalla torneada a la cintura como si fuese un traje de baño. Si le querían sacar el rollo, ¿será porque Ronaldo es el gordo de fin de año?

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar