Los británicos someten a examen a la monarquía

LONDRES

Los rumores publicados en la prensa sobre un supuesto escándalo sexual del príncipe de Gales con uno de sus mayordomos reavivaron el debate sobre el futuro de la monarquía, a la que están muy apegados los británicos aunque no descarten su reforma.

"Cuando Isabel II fue coronada (en 1953) entre el 40 y el 50% de la población todavía creía que había sido elegida por Dios", recuerda Adrian Harvey, un analista de la Fabian Society, organismo de reflexión de centroizquierda afiliado al Partido Laborista.

"La humanización constante de la familia real" puso fin a esas creencias, aunque la institución de la monarquía sigue contando con el apoyo de entre el 75 y el 80% de los británicos y un tercio de la población pide su reforma, explicó Harvey a la AFP.

"Aunque algunos miembros de la familia real son problemáticos, los británicos los prefieren a un político anciano que sería nombrado presidente", analiza.

Según él, "la institución es precisamente popular porque está por encima de la política y del comercio". Y la tradición refleja un vínculo con el pasado "en un período en el que algunas tendencias como la globalización generan malestar".

Los súbditos de su Majestad "aman el prestigio que entraña, el hecho de que el jefe de Estado británico tenga más reconocimiento que los demás jefes de Estado en el mundo". Esto consolida "el sentimiento británico de una superioridad internacional, porque si ya no tenemos imperio al menos disponemos de un emperador", afirmó irónicamente Adrian Harvey.

Un año de investigación independiente de la Fabian Society desembocó en un informe minucioso sobre la monarquía en el que defiende reformas de gran envergadura, como por ejemplo la supresión de los poderes políticos de la Reina, la reducción del número de personas que gozan de subvenciones en la familia real o el acceso del público a los edificios y al patrimonio artístico reales.

Los adeptos minoritarios de un sistema republicano van más allá, reclamando la abolición de la monarquía. AFP

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