El señor de los equívocos

| La historia cuenta la sorpresiva venganza que un muchacho planea contra el amante de su novia

HENRY SEGURA

Trabaja en el proyecto final para recibirse de arquitecto o, más bien, lo tiene siempre presente aunque no necesariamente se decide a ponerle un punto final. Cuando llama a su novia le dice que va a ir a ver a la madre y fiel a su personalidad en la que nada parece definitivo, termina yendo al apartamento donde está su novia. Pero la más urgente de sus dudas existenciales tiene que ver con la estabilidad afectiva de su pareja, cosa que reprocha a la muchacha y además comenta con amigos. ¿Qué hace un tipo tan inseguro con la duda sobre la fidelidad de su pareja?

Esa es la hipótesis de largada de El fondo del mar, la película que marca el debut de Damián Szifrón en el cine y que desde hoy se instala en varias salas montevideanas. Probablemente el ingenioso planteo inicial de su film no sea la carta más fuerte para esta producción argentina protagonizada por el uruguayo Daniel Hendler (el de 25 Watts) junto a Dolores Fonzi y Gustavo Garzón. Ocurre que Szifrón, un joven de 28 años, luce el crédito que le dio el seriado Los simuladores, el cual escribió, dirigió, editó y musicalizó, y con el que acaba de dar un paso histórico para la televisión de su país al vender los derechos (dicen que a muy buen precio) para que Sony lo produzca y distribuya desde los Estados Unidos. Es la primera vez que una ficción argentina es colocada en el mercado del norte, usualmente excluyente con respecto a las historias ajenas.

En la variación al viejo y querido triángulo de dramas y comedias que ahora propone desde el cine, se nota el antecedente televisivo. Sobre todo en el esmero formal para crear ambientaciones minuciosas. También en el humor subterráneo que promueve a partir de un personaje que desarrolla su obsesión de maldad al comprobar que efectivamente hay otro hombre que comparte las intimidades de su mujer.

Para los uruguayos, ese medio vago que compone Hendler remite a 25 Watts. Pero la impresión es apenas inicial porque Szifrón le otorga ese perfil "manso" para mejor explorar un juego de perversiones asordinadas, donde la observación de perseguidor termina por demoliéndose ante la sagacidad del perseguido. De la misma manera que lo suyo no son los golpes y porrazos, tampoco lo es el suspenso: el humor le permite cortar tensiones y mantener la historia sin sobresaltos.

OBSERVADOR. "Para mí, El fondo del mar cuenta la historia de dos tipos cuya gran diferencia es la siguiente: cuando uno va a un bar, el mozo nunca lo ve y tarda en atenderlo por más que tenga la mano levantada todo el tiempo. El otro va, se sienta, hace un gesto, y lo atienden enseguida", comentó el director a Clarín. Ese gesto mínimo, del cual parte se corresponde a la forma en que encaró su primera incursión cinematográfica. En el mismo reportaje, Szifrón sostiene: "La situación de tanta expectativa te hace sentir que perdiste la capacidad de sorprender, que ya se está esperando mucho de la peli. Si viniera de un desconocido total, por ahí para la gente sería un descubrimiento. Cuando la pasé en el festival, los medios decían ‘Szifrón cumplió con las expectativas’. Y si bien es cierto que tiene cosas parecidas y está hecha por la misma persona, la película toma riesgos diferentes del programa. Es otro mundo, otra historia".

Estas apreciaciones apuntan además hacia el sobresaliente poder de observación de Szifrón, cualidad que extiende a los personajes y a las pequeñas revelaciones que permanentemente generan.

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