SILVIA PEREZ
En Villa Española, concretamente en el límite entre "el Villa" y la Unión, hubo una especie de manifestación cuando la selección uruguaya volvió de ganarle a México en Chicago y Daniel Hernández regresó a su casa en la calle 20 de febrero. La gente del barrio se acercó a su casa a saludarlo. Estaban felices porque uno de los suyos había vestido la celeste y lo había hecho en buena forma.
En realidad, Hernández nació en Las Piedras, pero vive en Villa Española desde los 3 años. Comenzó a jugar en el club Fray Bentos a los 6 años y siguió allí hasta terminar el baby. Jugaba de volante o de zaguero, pero siempre tenía puesto: "es que mi padre era el técnico, entonces era titular seguro", aclaró entre risas. Luego estuvo en Colón y de allí pasó a la Tercera de Villa Española, club donde continúa jugando hasta hoy. Fue ascendido a Primera en el 2002 por Daniel Torres, pero aseguró que el técnico que más lo marcó en el club fue Gustavo Matosas.
Hace unas semanas atrás, Hernández, se vio sorprendido por la citación de Juan Ramón Carrasco y se puso loco de la vida: "uno siempre tiene la ilusión pero por el momento del club, que está luchando por no descender, no lo esperaba. Ahora hay que aprovecharla".
En realidad ya comenzó a hacerlo, porque aunque era su primer partido con la selección mayor y jugó en otro puesto, tuvo un buen desempeño. Empezó a entrenar con los celestes 3 semanas antes del partido frente a México, y en la primera práctica, Carrasco le habló sobre la posibilidad de usarlo como lateral: "me preguntó cómo me veía de lateral izquierdo. No lo dudé y me tiré al agua. Yo había jugado de lateral pero por derecha. Esto es una especie de lateral volante, no es muy diferente a lo que hago en Villa Española, aunque un poquito más atrás. Tengo que marcar y subir y a eso estoy acostumbrado. En los entrenamientos previos practiqué de lateral, pero haciendo también el juego de los volantes. Por suerte tuve a Bizera y a Lago que me ayudaron mucho. Me tocaron dos que hablan como locos. Yo les pedí que me hablaran porque de lateral y con línea de 4 no sabía como iba andar. Por suerte las cosas salieron bastante bien".
Como la mayoría de los futbolistas que trabajan con Carrasco, Hernández quedó impresionado con el técnico y admitió que lo que hace es diferente: "tiene un estilo totalmente distinto. Es muy ofensivo. Presionar y jugar, presionar en todos los sectores de la cancha y jugar. Quitarle la pelota al rival y jugar. A pesar de que tenés que cumplir con las jugadas que él te pide, al mismo tiempo te da libertad. No es difícil adaptarse a jugar así, al contrario, es más fácil que con otros sistemas. Es un fútbol como el que se ve en los partidos de Europa que pasan por televisión, son cosas que no se ven los fines de semana en el fútbol uruguayo. Carrasco habla lo mínimo, pero las cosas que te dice te llegan. Si no te sale una jugada, te la hace repetir hasta que te salga, pero al mismo tiempo te da confianza. Y aconseja mucho, tanto de lo que hay que hacer dentro de la cancha como de lo de afuera".
Carrasco ha manifestado que Hernández tiene el crédito abierto para las Eliminatorias. Sin embargo, el joven futbolista se lo toma con calma: "la ilusión de estar la tengo, eso nunca se pierde. Si me toca estar lo voy a tratar de aprovechar y si no seguiré trabajando para la Sub 23, donde también hay que pelear un lugar".
El sobrinito dejó de jugar al baby fútbol por culpa suya
Aunque integró la selección Sub 23 dirigida por Gustavo Ferrín que viajó a Hong Kong y volvió como campeona, el partido frente a México en Chicago fue su primera experiencia con la selección mayor. Quizás por eso, hasta Walter, su padre, con quien habla poco, le dijo que había jugado un buen partido. Con mamá Juana, en cambio, la relación es diferente. Afuera llovía torrencialmente y el futbolista murmuró: "está lindo para comer torta fritas", y al ratito no más, su madre salió con la chismosa a comprar los ingredientes necesarios para cumplir con el pedido de su hijo.
El hogar de los Hernández se completa con el sobrino Matías de 9 años. Su presencia se nota por las fotos y banderines del club de baby fútbol Oriental que cuelgan de las paredes. Sin embargo, el pequeño, hijo de la hermana de Daniel, había dejado de jugar y hace muy poco que retomó la actividad futbolística. Juega de puntero izquierdo y lo hace bien, pero había dejado de ir porque sus partidos coincidían con los de la Primera del Villa y él... quería ir a ver jugar a su tío