TABARE Vázquez no es el Presidente de la República. Es bueno que lo asuma antes que nadie él mismo. Es un aspirante al cargo a quien no se le pueden negar posibilidades que lo sea pero hoy no es más que eso. Representa una fuerza política muy importante y como sucedió antes de las últimas elecciones hace tiempo que encabeza las encuestas de intención de voto, aunque se observa que a partir de setiembre del año pasado en que registró en la cresta de la ola de la calamidad nacional un apoyo del 56% hoy, a un año y monedas, no llega al 50% —o sea que ha perdido el apoyo de alrededor de ciento cuarenta mil ciudadanos— y también es claro que ahí se estancó y no creció más. Pero no estamos haciendo especulaciones electorales. Lo cierto es que en la actualidad Vázquez es sólo un candidato presidencial, si se quiere un fuerte candidato, pero candidato al fin. En esa condición y no en otra —hay que insistir en esto porque entre las euforias de unos y la obsesión de poder del otro que se alimentan recíprocamente se corre el riesgo de perder perspectiva— ha viajado recientemente por segunda vez al Hemisferio Norte. Primero lo hizo a Estados Unidos y ahora a Francia y a Bélgica. ¿Qué fue a hacer? Según trascendidos, en el primer viaje habría ido a la búsqueda de información sobre la deuda del país que al parecer el entonces ministro de Economía y Finanzas, el Dr. Atchugarry, no le habría brindado a su satisfacción. Ahora estuvo en Francia y Bélgica procurando apoyos para refinanciaciones de la deuda del país, no se sabe de quién.
NI en uno ni en otro caso se le puede negar al hombre el derecho a hacer lo que hizo —o dice que hizo— aunque no ha de haber causado por cierto la mejor de las impresiones que el líder de la oposición salga a buscar información de lo que sin duda interesa a todo el país pero con el argumento que en el país no se la dan, y seguramente tampoco aportó ni podía aportar utilidad alguna que quien no tiene representatividad para ello plantee determinado tratamiento de la deuda a los acreedores si es que con ellos hubiera hablado. Tampoco se sabe bien a qué grados de jerarquía de entrevistados pudo acceder, ni, en suma, cuál fue el resultado en concreto que trajo en sus valijas.
De sobra conocida es la opinión de Vázquez —ampliamente publicitada en su momento— sobre la inutilidad de los esfuerzos que entonces se iniciaban para procurar el canje de la deuda que evitara el default. Esfuerzo inútil, precisó con su expresión más dramática, porque el país estaba quebrado. Sin embargo el país, que no está quebrado, cuenta con un prestigio internacional evidente que cuando a Vázquez se lo ponen por delante se le atraganta como un hueso de pollo que le entró por la boca y pasó de contrabando por las papilas gustativas. Y fue por eso, porque es Uruguay quien lo negoció, que el canje prosperó en un plano de éxito sin precedentes. Atribuirle a Vázquez mala intención o falta de patriotismo por su empeño o placer en que las cosas empeoren en beneficio de sus devaneos, puede ser excesivo. Es cierto que hace todo lo posible para que la gente piense así, pero no ha de ser esa su intención.
LO más probable es que el objetivo de estas excursiones —en donde además no asiste nadie que sepa sobre lo que ni él ni su compañero de siempre tienen mucha idea, que es precisamente de política económica, por lo que poco pueden explicarse y menos entender lo que les dicen— sea pura y exclusivamente electoral, y a dos puntas. Hacia afuera, para mostrarse y hacerse conocer como "un hombre prudente que no va a implantar el socialismo" como se vendió ante "Le Monde" y al mismo tiempo hacia adentro, tirándole el anzuelo a la porción del electorado que siempre le fue esquiva porque es conocido allí de sobra, demostrándole que es recibido en organismos de crédito internacional y de estructura capitalista a escala universal.
Igualmente salta a la vista la infeliz coincidencia en que al mismo tiempo en que evolucionaba en su periplo europeo hablando vaya uno a saber con quién y de qué, dos funcionarios uruguayos, esos sí representativos, como el Ministro de Economía y el Presidente del Banco Central, presentaban en Nueva York y en Londres una nueva emisión de bonos uruguayos en pesos indexados a la inflación con una aceptación de un éxito rotundo, lo que revela que la economía, que el país, va retomando sus niveles de confianza, que el riesgo país haya descendido a los guarismos más bajos desde que estalló la crisis del año pasado, dejando en evidencia además y felizmente que las opiniones de Tabaré Vázquez no le interesan a nadie. A nadie de los que importan que les interese, es claro.
EN verdad da lástima que el éxito de una escalada electoral dependa que las cosas vayan mal para los uruguayos, pero la torpeza generalmente es la causa directa de estos resultados odiosos.
Contra el cepo
Ante la inminencia del vencimiento del mes de octubre, en que el cepo debería morir de muerte natural, y la falta de interés de las autoridades municipales en ocuparse del asunto, los funcionarios han asumido personería en el tema y adelantado su voluntad de ponerle fin al atropello que significó su larga vida.
En ese sentido, es oportuno divulgar que los Inspectores de Tránsito de la Intendencia de Montevideo estarían analizando la posibilidad de retirar su apoyo a los funcionarios de la empresa privada encargada de cumplir las tareas de encepado, disponiendo que los cuatro Inspectores que actualmente están afectados a ese cometido y que perciben su sueldo de la propia empresa, vuelvan a la Intendencia.
El camino de distanciamiento que separa a las autoridades comunales de su personal ha encontrado de esta manera en el cepo un nuevo motivo de tensión, siendo de esperar que por lo menos en aquellos hechos que les asiste razón, se logre un punto de encuentro.