SI algo es característico e innato a la dialéctica política de la izquierda en general de nuestro país es la acrobacia, el forcejeo, y la desnaturalización de sus argumentos. La discrepancia o la confrontación de ideas nunca molesta, sino que al contrario, quienes somos por definición liberales, siempre vamos a recibirla como enriqueciendo el debate. Pero cuando esa discrepancia se transforma en lucha para la cual se eligen como armas apropiadas la intención de o el riesgo de confundir por desconocimiento del tema a aquellos cuya adhesión interesa captar, entonces la tolerancia cede necesariamente a la pérdida de seriedad del debate. Por eso, para confrontar con la izquierda radical hay que tener bien templado el ánimo para sostener el buen humor. Hoy vamos a elegir como una demostración más que viene al caso por su actualidad la experiencia que estamos viviendo en la campaña del referéndum contra la ley que permite a Ancap asociarse, manteniéndose siempre como socio mayoritario, con capital privado o público extranjero, para poder competir en condiciones que le permitan mantenerse como empresa protagonista en aquellas actividades cuyo monopolio se termina inexorablemente.
TOMAREMOS como ejemplo, el de la máxima figura del comunismo vernáculo, quizá la última de los sobrevivientes de aquel partido de raíces vetustas y desgarradas, destrozado por la historia, que ideológicamente no tendría otro sitio de radicación que en el mausoleo de la nostalgia. Pero lo cierto es que está ahí, circula y además legisla. La senadora Arismendi fue la primera que se dio cuenta de la barbaridad —porque esa es la palabra—de los legisladores de los partidos tradicionales cuando para modificar la ley de referéndum concedieron la reimplantación del sistema de recolección de firmas como uno de los medios de verificar si se llegaba al porcentaje mínimo de adhesión que permitiera impulsar el recurso. "Vayamos entonces por el camino largo" propuso Arismendi. Era la manera de dilatar en todo lo posible la capitalización de Ancap y desalentar el interés de potenciales inversores en el país.
Y por allí fueron, mientras le ley quedaba congelada. Ahora cuando en estos días en la gran inmobiliaria de imaginación que brotó como los hongos después de la lluvia dentro del Frente en seguida que el número uno aclaró que por la ley Ancap no se vendía sino que se alquilaba, a la señora Senadora se le ocurrió y así lo declaró públicamente que en realidad como Ancap se quedaba con la nuda propiedad de sus bienes lo que le estaba entregando al socio era un usufructo por treinta años. Por eso se permitió la humorada —de algún modo hay que llamarla—de referirse a la "nula" propiedad que le quedaría a Ancap en ese período.
Previo respiro para asimilar el impacto veamos qué dice el artículo 8 de la ley, que es al que aludió nuestra referente de hoy. Según la norma "Todos los bienes que (la Ancap ) aporte a la sociedad podrá hacerlo por el plazo de la misma y le serán restituidos al finalizar la misma. La Ancap retendrá al menos el derecho de nuda propiedad de aquellos bienes que ponga a disposición de las sociedades en que participe".
DE paso aprovechemos para recordar que en la campaña en contra de la ley —creemos que en el Paraninfo de la Universidad para resaltar la irreverencia en un acto cuyos gastos pagamos todos los uruguayos— se dijo que Ancap le dejaría al inversor la propiedad de los bienes que aporte la sociedad, lo cual queda desvirtuado a estar a la claridad de los términos de la primera frase de este artículo. Y en cuanto al usufructo, los bienes que en tal condición podrían aportarse, lo son a sociedades en las cuales por la misma ley, Ancap tendrá la mayoría accionaria y la exclusividad de las decisiones estratégicas. Esto último, bien que se lo guardó Arismendi.
El jueves de la semana pasada Arismendi debatió ante cámaras con su par, la senadora Julia Pou de Lacalle sobre este asunto. Quien haya presenciado el programa tendrá que admitir la paliza que con aplomo, elegancia, don de la oratoria y perfecto manejo del tema, le dio la legisladora nacionalista.
EL crecimiento que hoy se nota en las encuestas del voto celeste por el "NO" indica que la población está entendiendo de qué se trata la cosa, lo cual es lo peor que le puede pasar a los detractores de la ley. Y esa tendencia ya se manifiesta como sustentable. Pero pocos aportes en defensa de la ley podrán registrarse con la contundencia como cerró el programa la senadora Pou. Fueron estas sus palabras: "Los uruguayos se están yendo por miles. Nunca se van a países donde haya monopolio. Se van a países donde hay libertad, a Estados Unidos, a España..." Y luego de señalar que en poco tiempo tendrá a dos de sus tres hijos trabajando en España y del disgusto que ello le traía consigo como madre, remató:
"Yo no quiero que mis hijos se vayan a trabajar adonde haya inversiones. Quiero que los inversores vengan acá, puedan trabajar acá".
La Senadora del "camino largo" bajó su mirada.
Actitudes contradictorias
El Ing. Brovetto, quien fue durante dos períodos Rector de la Universidad de la República, es persona que sin duda conoce bien cuáles son los deberes que quienes dirigen dicho órgano tienen en cuanto a prescindencia del mismo en materia de actividades de índole política. No obstante entendió, como dirigente del EP-FA, que dicha entidad podía lícitamente autorizar que en el Paraninfo se desarrollara un acto de apoyo al referéndum relativo a la ley sobre Ancap actualmente en trámite, promovido, entre otros, por dicho conglomerado político.
Pero en clara contradicción con tal actitud fue de los que acompañaron en la Corte Electoral la presentación de la denuncia contra la misma por haber publicado, con finalidades claramente informativas, el texto de la ley impugnada.
No le será fácil justificar tan contradictorias actitudes.