Por Elbio Rodríguez Barilari desde Chicago
Dichoso estupor, incluso azoro, provocó el desempeño del juvenil combinado ensamblado por el estratega celeste, Juan Ramón Carrasco, al puñado de uruguayos que nos encontrábamos en el monumental Soldier Field de Chicago.
Desempolvar el lugar común de que Uruguay llegó como punto y terminó siendo banca apenas llegaría a expresar mínimamente las circunstancias.
Para este encuentro amistoso internacional, que de fraterno no tuvo nada, la multitudinaria comunidad mexicana de Chicago se preparó con sus mejores galas.
Para dejarnos de prolegómenos, hay que referir un verdadero colmo: las tandas televisivas en español, durante los quince días previos instigaron a la comunidad a concurrir al partido, lo promocionaban como un juego entre los "cárruas", con c en vez de ch y con tilde en la a, y no charrúas, y los aztecas, por supuesto. A pesar de reiteradas llamadas de quien esto escribe y otros exasperados compatriotas, los charrúas siguieron siendo cárruas, hasta el fin.
Sin embargo, la historia que escribieron estos muchachos celestes, de la mano de Juan Ramón Carrasco, fue, una vez más, la del ingenioso David contra el poderoso Goliat.
En lo previo reinaba confianza entre el plantel celeste. Este repentino cronista deportivo tuvo ocasión de dialogar en forma individual con Marcelo Sosa y con Estoyanoff.
Al saber que se esperaban entre 40 y 50 mil personas para el encuentro, los audaces futbolistas manifestaron que mejor, que a ambos les encantaba jugar con el público en contra. "Así los mandamos llorando pa’ la casa", coincidieron.
Ambos combinados penetraron al campo de juego al mismo tiempo, muy ceremoniosamente.
Tras el brevísimo himno de los Estados Unidos, la longitud de nuestra canción patria fue como un anti clímax, una barra de hielo apta para enfriar los ardores de la hinchada mexicana.
Recién en tercer término se escuchó el himno mexicano, con el público ya muy impaciente. Tan impaciente que luego, en el entretiempo, ni siquiera se bancaron a los calificados mariachis que pretendieron amenizar los quince minutos, arrancando con esa que dice "México lindo y querido".
Es que las cosas no andan nada bien, fubolísticamente, para los mexicanos, que a pesar del reciente logro de la Copa Oro, contra los juveniles de Brasil, la verdad sea dicha, no ven nada claro el funcionamiento técnico-táctico de su escuadra.
Para colmo, el notorio ex goleador, ahora técnico, y gran "bocina", Hugo Sánchez, ventila a diario en la prensa su rivalidad personal y enconada con el técnico argentino, Ricardo Lavolpe.
Los mexicanos, tanto los más de 40 mil espectadores, como los once que estaban en la cancha, y ese argentino (Lavolpe, claro) se vieron completamente tomados de sorpresa por el planteo de Carrasco y el desparpajo de nuestros chiquilines. Más los latazos que de entrada, nomás, les pegaron el Pato Sosa y Joe Bizera, principalmente.
Cabe subrayar que la impresión de que Uruguay tenía controlado el partido y que ni la Virgen de Guadalupe lo daba vuelta, se instaló férreamente en las mentes mexicanas, dentro y fuera del campo.
La conducta de la afición, mesurada hasta el primer gol de Diego Perrone, fue evolucionando de la molestia hasta el franco exceso, que se hiciera víctima al puñado de hinchas uruguayos.
La presunción, totalmente equivocada, por cierto, de que el tanto uruguayo había sido obtenido en fuera de juego, enardeció considerablemente los ánimos. Incluso al Sr. Cónsul de México hubo que explicarle, con el mayor de los respetos, que un defensa mexicano había quedado enganchado, habilitando a un pueblo, y que si Perrone no estaba en "orsai" al ejecutar el primer remate, mal podía estarlo al recoger el rebote. El replay ayudó considerablemente a que el experimentado representante consular metiera violín en bolsa. ¡Qué enojado estaba el diplomático!
México no quería perder ante un cuadro de "chamacos", como dicen ellos, y salieron a descontar. Pero la ilusión duró menos de diez minutos. Con la prodigación increíble del Pato Sosa, la tranquilidad principesca de Grosnile, y el posterior ingreso de Estoyanoff, el de los Pies Ligeros, como Aquiles, y el manejo prolijo, incluso atildado, de los celestes, la furia mexicana fue creciendo de manera proporcional a su impotencia.
El segundo gol uruguayo, de una inconcebible belleza, con el virtuoso desborde de Estoyanoff y la perfecta media tijera de Perrone, que vacunó dos veces y para colmo juega en México, fue una impresión demasiado fuerte para el equipo de Lavolpe.
El capacitado ex-futbolista y seleccionado mexicano, Benjamín Galindo, quien ahora cumple funciones de comentarista radial, nos decía —resignado y noble— que si en vez de 2 a 0, Uruguay hubiera ganado 3 o 4 a 0, nadie podía haber dicho nada.
México, la verdad sea dicha, cuando no está el polémico y a veces exasperante Cuauhtemoc Blanco, tiene dificultades para convertirle goles incluso al Arco Iris.
Varios minutos antes de la finalización del encuentro, la hinchada mexicana comenzó a mentar la soga en la casa del ahorcado, reclamando a coro: ¡HU-GO, HU-GO, HU-GO!, o sea, Hugo Sánchez, como nuevo conductor de su seleccionado.
El partido terminó con los celestes absolutamente bañados en Coca Cola, cerveza y líquidos un poco menos higiénicos que la hinchada mexicana había derramado pródigamente cada vez que los avatares del juego llevaban a uno de los nuestros sobre las rayas del "óbol".
También cayó alguna que otra botella y una que otra lata, afortunadamente vacías de su contenido, cuyo contrabando no pudo ser impedido por los sagaces servicios de seguridad.
Al fin del tiempo reglamentario, partimos raudos hacia el vestuario visitante. Los jugadores eran cálidamente estrujados en la puerta del mismo por Edward "Vela" Yern, para ingresar luego al clima de general algarabía, dentro del cual se destacaba la mesura con que toma todas las cosas el estratega celeste, Juan Ramón del Yí en persona.
En la infaltable conferencia de prensa, a la cual llegó milagrosamente impecable luego de todo lo que había caído en la cancha, estuvo ecuánime y discreto.
"Este plantel, a pesar de no ser fecha FIFA, y no poder traer a los valores que actúan fuera del país, es producto de un cuidadoso análisis. A mi no me gusta improvisar ni salir por ahí a hacer papelones", vertió Carrasco, entre otros conceptos.
La prensa extranjera, la mexicana, y la uruguaya, donde el único medio representado era El País, coincidió en encomiar la gran disciplina de los muchachos celestes, sin una sola protesta al árbitro o rociadas a los rivales, y con un juego fuerte pero leal.
¡Qué lindo haberlo vivido, para poderlo contar!, como decía El Sabalero, creo.
la era "jr"
Fecha Lugar Rival Resultado
08.06. Seúl Corea 2-0
16.07. La Plata Argentina 2-2
24.07. Lima Perú 4-3
30.07. Montevideo Perú 1-0
13.08. Teherán Camerún 4-0
15.08. Teherán Irak 5-2
20.08. Florencia Argentina 2-3
07.09. Montevideo Bolivia 5-0
10.09. Asunción Paraguay 1-4
15.10. Chicago México 2-0
Canta y no llores
HUMILLADO
La prensa mexicana descalificó el trabajo del técnico argentino Ricardo Lavolpe al frente de la selección luego de la derrota por 2-0 ante Uruguay y lo calificaron de "humillado, fastidiado y reprobado".
HUGO
Uruguay humilló el proceso Lavolpe, tituló en su nota principal La Afición, que señaló que el ‘charrúa’ Diego Perrone, jugador del Atlas de México, desarticuló todo el esquema defensivo mexicano al marcar dos goles en un Soldier Field que terminó coreando en sus tribunas el nombre de Hugo Sánchez.
CAMINANDO
Los diarios le reclamaron a Lavolpe que deje de experimentar con la selección y le echaron en cara una reciente declaración suya de que México se clasificará "caminando" a la Copa Mundial del 2006. "Reprobados", "No Funciona", "Caminan... para atrás", rotularon los diarios deportivos Ovaciones, Esto y Récord. "Lavolpe deberá reflexionar muy bien si piensa que México pasará la Eliminatoria caminando", señaló Récord.
LLUVIA
"No funciona", agregó en su tapa el diario "Esto" para acompañar esa opinión con una fotografía de Lavolpe abajo de una tribuna molesta y crítica por la derrota y la actuación de México. La imagen del seleccionador en medio de una lluvia de líquidos arrojados por los fanáticos mexicanos de Chicago también ocupó la portada del rotativo "Récord" con el titular "Bañado, cansado y derrotado".
HISTORICOS
Lavolpe ha sido fuertemente criticado por no llamar a los históricos de la selección, pero el estratega sostiene que hay que darle la oportunidad a jugadores jóvenes. Según Lavolpe, algunos de los jugadores más experientes seguramente serán llamados cuando inicien en enero las eliminatorias de la CONCACAF.