CIUDAD DEL VATICANO - La emoción y también la tristeza reinaron hoy en la tarde en la Plaza de San Pedro en el Vaticano durante la misa por los 25 años de pontificado de Juan Pablo II, a la que asistieron cerca de 50.000 peregrinos de numerosos países.
"Sufrimos por él, dependemos de su respiración", confesó el francés Bruno Colombier, resumiendo el sentimiento de las cerca de 50.000 personas que acudieron a la Plaza San Pedro para apoyar y dar valor al anciano pontífice, que aparecía aún más débil e incapacitado en medio de la gigantesca plaza.
El Papa, con la casulla dorada, inició la misa al comienzo del atardecer, mientras el espléndido sol otoñal romano iluminaba a los cientos de peregrinos que con varias horas de anticipación habían llegado para seguir un evento que para muchos resultaba "histórico".
Transmitido por numerosos canales de televisión de todo el mundo, la misa suscitó el fervor de los presentes, sobre todo de los se recordaban el día en que fue elegido, hace exactamente 25 años, el 16 de octubre de 1978, a las 18H46 hora local.
"Era muy importante para mí venir y estar aquí. Juan Pablo II supo entrar en el corazón de los fieles y por eso lo amamos tanto", explicó el italiano Nicola Costa, quien viajó de Nápoles (sur) para asistir a la ceremonia.
Las banderas de más de 100 países, muchas de América Latina, enarbolaban en la plaza, mientras lágrimas de alegría y de conmoción se registraban en los varios grupos de fieles polacos, entre los más numerosos.
La solemne ceremonia, concelebrada con 149 cardenales, vestidos con sus tradicionales hábitos rojos, resultaba casi cinematográfica, gracias también a los cerca de 25.000 tulipanes multicolores que adornaban el altar.
La voz del Papa, débil, se perdía entre la multitud y los largos silencios que se toma, terminaban por inquietar a los creyentes, que intentaban darle confianza y apoyo con sus aplausos y vitoreos.
"No escucharlo más sería como perderlo. El espíritu santo hablaría por él", sostiene Mirella, quien considera que no debe renunciar a su cargo, como sostienen algunos, entre ellos varios religiosos, en el caso de que no pueda más hablar.
"Ese asunto no nos compite. Cristo no se bajó de la cruz", explicaron dos franceses.
Un religioso estadounidense, George Klein, de Chicago, espera que se limite el tiempo del encargo pontificio.
"Es una tarea exigente", sostiene el religioso, que espera que se tomen disposiciones para el futuro.
Para la hermana Margaret Trone, el Papa es hoy en día un testigo del sufrimiento y ese es su valor.
Casi todos los peregrinos consultados elogian "la humanidad" de Juan Pablo II, sobre todo su manera de hablar con los jóvenes.
"Sabe hablar a los jóvenes como un padre", admitió Françoise Colombier.
El Papa concluyó su misa de aniversario agradeciendo a los fieles con una frase en italiano, francés, alemán, español, portugués, ruso y polaco, mientras dejaba en su trono con ruedas la Plaza, rodeado de sus asistentes, entre ellos su secretario, que lo acompaña desde hace 40 años.
AFP