Alerta roja para los enemigos: Trouville con la llave maestra

| Conserva virtudes en el perímetro; el debe se notaba en las tablas y ahora cobró solidez y potencia en ese sector

CARLOS MONTAO

Trouville, como en la temporada pasada, tuvo un inicio ganador, esplendente, adentro y afuera de la cancha.

Volvió a encender el alerta roja. Con mucho más riesgo para sus enemigos. En las primeras cinco fechas el equipo de Pocitos sacó patente de firme candidato, la cual se acreditó con muestras de conjunto más equilibrado que en la edición del Federal 2002-2003.

Este Trouville mantiene virtudes y consiguió lo que le faltaba. La puerta para abrir el camino hacia el título ayer estaba cerrada.

Hoy la está abriendo. Encontró la llave maestra: el cerrojo en la zona interna es más seguro y resistente, también cuando de patearle el tablero al contrario se trata con la presencias de Marcelo Pérez y sobre todo de Luis Pierri. El experiente, ganador y héroe de mil batallas, dotó de mayor oficio y experiencia al sector de gran influencia .

Los pilares del cimiento defensivo están más firmes. Se percibe notorio progreso y madurez en los centros Claudio Charquero y Enrique Elhordoy. Pablo Morales, protagonista en el medio juego, también se prende muy bien al rebote.

Asimismo, los perimetrales se muestran acerados. Se operó un gran repunte en los rendimientos de Facundo Hernández en la base —como alternativa o compartiendo el armado con Joaquín Izuibejeres— y del alero Guzmán Arregui. La señal de la superación la dio Trouville el sábado próximo pasado contra Malvín. Sin Pierri en el rectángulo y con el extranjero Brown falto de ritmo, los jóvenes que convulsionaron el ambiente en el año anterior, se vistieron de veteranos y exhibieron firmeza en rodeo ajeno, en un escenario harto complicado. En el partido candente fue titán y definió la contienda debajo del cesto. Buena indicio para sus intereses.

Son todo oidos

REFERENTE

Luis Pierri cayó muy bien en el ambiente de Trouville. Se integró al grupo como uno más. Sus compañeros se sienten respaldados adentro y afuera de la cancha. Le tienen mucho respeto. A tal punto, que cada vez que el experiente basquetbolista habla, todos hacen silencio. Pierri es una suerte de barrera de contención para equilibrar táctica y emocionalmente al conjunto en el rectángulo. El sábado próximo pasado no jugó ante Malvín, pero fue gravitante con algunos mensajes en el vestuario.

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