¿La culpa será de Drácula?

Eduardo "Lalo" Fernández

Según el diccionario Sopena, culpa es la falta más o menos grave que se comete voluntariamente, o daño ocasionado involuntariamente por falta de precaución. Cuando en el fútbol los equipos no caminan se empieza a buscar culpables y desde el presidente hasta el utilero no se salva nadie. El club que en este momento está pasando momentos de zozobra, a los que se había desacostumbrado, es Nacional.

Luego del desastre de Asunción la cuerda que ya venía medio retorcida se tensó y empezó la caza de brujas para ver quien tiene la culpa del resultado de Paraguay y de la campaña del Clausura. ¡Qué caigan los culpables!... pero ¿de quién es la culpa?... de los directivos, de los técnicos, de los jugadores, ¿de quién?

¿Qué dirigente, técnico o jugador va a cometer falta más o menos grave en forma voluntaria?, parecería que ninguno y quizás la falta de precaución podría acercarse más a la realidad aunque se supone que todos tomarán las medidas del caso para evitar males mayores. Pero el problema de Nacional ahora, de Peñarol antes y de otros en su momento no es nuevo y en estas épocas todas las alternativas que pueden dar lugar a la definición de culpa están engarzadas con una realidad que no se puede soslayar y que sí parece ser la verdadera responsable de la situación.

Si las finanzas de los clubes les obliga a vender su materia prima no están cometiendo en forma voluntaria ninguna falta medianamente grave ni tal venta se realiza por falta de precaución. Es la necesidad la que los obliga. Ahora si quienes compran, por el solo hecho de tener el dinero, se quedan con el 90% de los jugadores y los colocan un rato aquí otro allá hasta que el negocio se cierre a su conveniencia, da la sensación de que se está cometiendo la falta más o menos grave y en forma voluntaria de manejar el fútbol a su arbitrio. Pruebas sobran y al caso Nacional parece ser un ejemplo muy claro. Disfrutó de un equipo prestado, ganó tres años seguidos y de un soplido le llevaron más de medio cuadro, el que no le pertenecía y que no pudo retener.

Este equipo tricolor todavía anda a la deriva problema que no le interesa a quienes se llevaron lo que les pertenecía, los jugadores que prestaron y que el club mantuvo en vidriera hasta el momento justo. Y esa es la verdad. A sabiendas quienes poseen las fichas de los deportistas negocian sin importarle la realidad de los clubes y así es como en junio se pueden ganar todos los partidos y en octubre perderlos porque se fueron los mejores sin que nadie pueda chistar. Deportiva y financieramente el fútbol está anémico. ¿La culpa será de Drácula?

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