JORGE SAVIA
Fue impresionante. Y, aunque el periodista no debe perder nunca la objetividad, para la lectura de los sentimientos, en el fondo del alma, fue también una lástima.
Había que estar en ese vestuario del Radisson, ya muy pasada la medianoche del sábado, donde no volaba una mosca y sólo se escucharon unas breves y quejosas palabras del propio "Tito" Montiel cuando volvió desde el ring, caminando como si nada, sin la bata, con el torso desnudo, y la única compañía de la toalla que traía en la mano: "¡qué piña me vengo a comer...! ¡No me puedo comer ese ‘piñón’ así, de entrada...!"
El "Ratón" Marner Herrera, que todavía no se había cambiado, lo miraba respetuoso, sin siquiera intentar consolarlo. El "gordo" José Valles, que es el empresario argentino con quien trabaja Walter Pérez Arévalo para organizar las veladas que realiza con asiduidad de un tiempo a esta parte, conversaba en voz baja con el técnico uruguayo Julio García —que dirigió a Montiel, como antes lo hizo con el zurdo Vázquez cuando el santafesino fue campeón mundial de los medianos— y le recordaba que "yo les dije que podía pasar, por algo Kapusi ganó 4 de las últimas 6 peleas por nocaut". Y él, el propio "Tito", ya quitándose el protector genital para ir a ducharse, bajó el telón del drama, sentenciando con la madurez que ha tenido siempre, tanto de boxeador como hombre de la calle: "¡qué se le va a hacer, son cosas que pasan!".
Es cierto. Son cosas que pasan. Pero así, como pasó el sábado, ocurren muy de tanto en tanto. Porque antes de los 2’ del primer round, el argentino Gustavo Kapusi —un carnicero de la localidad de Laprida, en la provincia de Buenos Aires— tiró una derecha voleada que impactó en la mandíbula de Montiel y lo conmocionó de tal forma, que "Tito" ya llevaba los ojos completamente cerrados cuando su cuerpo iba en viaje hacia la lona, peligrosamente duro como una tabla.
Fue impresionante. Y también una lástima. Junto a "Tito", tirado inmóvil en el cuadrilátero, quedó profundamente dormido su legítimo sueño de pelear por un título mundial antes de retirarse.
¡Por favor,un baño...!
En la segunda pelea amateur, el duraznense Ronald Gamarra, protagonizó una situación extraña: cuando ya estaba arriba del ring, tuvo que volver al camarín, apremiado por la necesidad de ir al baño. Fue algo parecido a lo de una noche de fines de la década del 60, en la que Jorge "Coco" Peralta peleó en el Palacio Peñarol con el tucumano Emilio Alé Alí y cuando el argentino se sacó la bata, un griterío y una lluvia de monedas infernales le hicieron saber que ¡se había olvidado el pantalón en el vestuario!
"Asesinato"
ESPECTACULAR
En la primera pelea profesional, Caryl Herrera le ganó al argentino Mauricio Ricardo Crucce por KO en el 1er. asalto. El cerrense derribó a su oponente con un recto de izquierda espectacular en el primer cruce serio, duro, que intentaron ambos y, aunque el visitante logró reincorporarse, cuando el árbitro le preguntó cómo se encontraba para volver el combate, Crucce movió la cabeza en forma negativa y se fue caminando hacia su rincón. El "Ratón asesino" lo había "matado".
EXPLICACION
Un rato más tarde, Crucce explicó su actitud en el vestuario: "si me hubiera recuperado a los 4, hubiese seguido; pero, no... demoré, creo que fue recién a los 8. Y yo lo tengo claro: cuando es así, no hay que arriesgar demasiado..."