El sueño de Renacer

| El Padre Gustavo Larrique habla de cómo es posible reinsertarse en la vida y de la importancia de la familia para lograrlo

Es un hombre de estatura mediana, barba rala y ojos profundamente azules. Sonríe con facilidad. Habla sin elevar la voz. Se trata del Padre Gustavo Larrique, presidente de "Proyecto Renacer". Ha logrado rehabilitar a muchísimos jóvenes en situación de droga-dependencia, con una metodología inspirada en el "Proyecto Hombre" de Europa.

Cuando se le pregunta en qué consiste su sistema, explica que "es un programa de rehabilitación de jóvenes que comenzó de forma simple, en el año 1992, aunque sus orígenes vienen de antes, de otros países donde estuve viviendo, estudiando y trabajando. Al volver a Uruguay, a fines del 91, gente que sabía de mi trabajo en el área, en otros lados, comenzó a acercarse. Entonces se conformó el equipo".

Se le fueron sumando colaboradores. Gente de los Carmelitas del Prado, de la Parroquia de Carrasco... y se formó un equipo técnico muy variado, con sacerdotes, psiquiatras, asistentes sociales, enfermeras, etc., que dedican uno o dos días a la institución.

La cuestión es que aquello se puso en marcha y actualmente están en proceso de rehabilitación, personas desde los 13 hasta los 40 años.

Ante la pregunta sobre qué drogas son las que se utilizan, el sacerdote hace una mueca de disgusto y explica: "No es conveniente hablar de las drogas en sí. La droga es un emergente, pero hay una problemática más profunda. Es como estar con un individuo que intenta matarse con una pistola y uno se detiene a hablar del tipo y calibre de la pistola".

Larrique estima que la problemática es, si se quiere, tripartita: hay que analizar qué pasa con el joven, luego hay que ver qué ha pasado en la historia familiar y también qué sucede en nuestra sociedad.

Según él, "a nivel personal, se trata de personas hipersensibles, con la autoestima bastante disminuida, que no han podido expresar qué les hacía sufrir. No saben comunicarlo sanamente. Han vivido cosas que otros también vivieron, pero que a ellos les afectó más o no han tenido las herramientas para manejarlo. Y no siempre es el rebelde el que causa conflictos. Muchas veces los padres comentan ‘justo él, tan buenito, tan sereno’. Justamente él era quien más sufría. Y a veces, no siempre, hay otro trastorno".

LA GRIETA FAMILIAR. El Padre señala entonces, que "a nivel familiar algo ha fallado y no necesariamente tiene que ser una familia demasiado disfuncional..." A partir de este momento, la conversación pasa a un diálogo animado.

Puede ocurrir que no falle nada y el chico se encuentre con gente que le vende.

"¿Tu conocés alguna familia en la que no falle nada?"

Pero entonces estaríamos todos drogados, porque en todas las familias falla algo.

"Es que si no hay otra circunstancia, te pueden ofrecer droga; probás, pero si tenés una buena autoestima, si tenés una personalidad firme, lograda con buena complementación familiar, no pasa nada. En familias normales, papá y mamá pueden dar dobles mensajes. Uno es firme, el otro permisivo; uno hace de malo, otro de bueno".

Pero es la dinámica que existe.

"Sí, lo que tenemos asumido como ordinario; pero no es lo mejor. Lo mejor es que los padres tengan un mismo mensaje, para no transmitir inseguridades. Y son grietas que se dan porque a nadie se lo forma para ser padre".

Si no hubiera droga, ¿esos problemas se canalizarían por otro lado?

"Por supuesto, por eso decíamos que eran tres puntas. Y también hay muchas formas de drogarse: con Internet, con dinero, con televisión, con trabajo. Es evadirse de la realidad y de los problemas. El alcoholismo existió siempre. Pero la droga genera un mayor deterioro. El joven se automargina y frecuenta sólo a quienes consumen, deja de tener capacidad para estudiar o trabajar. Los adultos a veces tememos establecer pautas firmes y claras, pues tenemos miedo a la confrontación y al rechazo. También existe falta de comunicación de sentimientos. Sabemos cómo les va en la escuela, pero no cómo se sienten. Y el joven que se está drogando, se está suicidando. De a poco, lentamente y oculto. Pero es una forma de autoeliminación muy real y concreta".

¿Y por qué se oculta?

"Porque es una enfermedad. Por otro lado, a nivel social está la promoción de adicciones. Se promueve el mensaje de que la solución está siempre afuera, nunca en la voluntad y en el esfuerzo propios. Si querés adelgazar, comé lo que quieras, tomá una pastilla y ya está".

AMOR EXIGENTE. Y prosigue. "Tampoco la persona es tenida en cuenta en sí misma. Sí desde lo que hace, o lo que tiene, o por su apariencia; pero no por lo que siente".

¿Y ustedes cómo encaran el tema? ¿Esperan que los chicos vengan o van a buscarlos?

"No, nunca fuimos a buscar y tampoco nos da el tiempo. "Proyecto Renacer", por suerte, es conocido y querido. Preferimos crecer lentamente. Nunca permitimos que los medios fotografíen a los jóvenes. Usar a un joven para que dé su testimonio sobre la droga, puede servir a los demás, pero a él no".

¿Y recurren ellos o las familias?

"Por lo general las familias. El proceso lo comienzan involuntariamente. De poco más de 150 rehabilitados, el 99% viene traído por padres que se encuentran angustiados y no saben qué hacer. Apostamos a un amor exigente y comprometido. Si hay dos palabras que definen nuestra metodología de trabajo, ellas son ‘Amor Exigente’. Y cuando los padres se acercan, les devolvemos ese mensaje: la responsabilidad es de ellos que los engendraron y se comprometieron a acompañarlos en todas las fases de su vida; tenga la edad que tenga. Si no hacen nada, son cómplices. No hicieron nada hasta ahora porque no sabían, o no sabían qué hacer. La siguiente entrevista es con el joven. Y el mensaje tiene que ser firme, no pidiendo permiso".

¿Son muchos los que se rehabilitan?

"Si logran eso los padres; el resto se da. Y se rehabilitan; sí".

¿Qué hace que el joven vaya al tratamiento?

"La persona está pidiendo ayuda a gritos. Se está matando lentamente, pero no termina de hacerlo. Quiere seguir viviendo".

¿Por qué ese suicidio gradual?

"Él muestra lo que le pasa, pero de una manera enferma. Estos jóvenes se han replegado y piden ayuda agrediéndose. Toda la angustia y el dolor lo vuelcan sobre sí mismos. Esto implica que con mucha honestidad se debe analizar por qué se enganchó con un elemento autodestructivo, pero no es para buscar culpables porque no los hay...."

Y para esto, ustedes ofrecen...

"Nosotros tenemos dos lugares. Funcionamos en Montevideo, de manera provisoria, en el Centro ‘Villa Rosa’ (Gral. Flores 4050) y en Florida".

HASTA EL PAPA. "Hace dos años le escribí una carta al Papa. Le pedí opinión a Monseñor Scarrone, Obispo de Florida, que es un gran apoyo para nosotros. En la carta le cuento de ‘Renacer’, de su historia, de la necesidad de una sede propia y le pido obras para subastar, como primer escalón para una casa. El Papa respondió alentándonos. Decía que era muy difícil enviar obras de arte, pero nos mandó ayuda económica. Compramos una casa que escrituramos el pasado martes 23, con la colaboración de ADA, Leticia D’Aremberg y la Baronesa Nina von Maltzan, que vive en el exterior. La nueva casa está en Presidente Berro casi Avda. Italia. En Florida atendemos en dos lugares, en el Centro Pastoral Juan Pablo II, donde desarrollamos la actividad ambulatoria y también tenemos una casa reciclada, que era una tapera. Y es muy lindo, porque de la misma manera en que la vida de estos jóvenes se puede recomponer, lo mismo pasó con la casa, ubicada en el Km. 93 de Ruta 5".

¿Cómo es el sistema?

"La metodología es la del amor exigente. Comienza con una etapa ambulatoria, pero de ninguna manera permisiva o blanda. Como el mundo no va a cambiar, el joven debe vivir ese desafío en su propio ambiente, si no, se corre el riesgo de generar una burbuja. Puede salir, pero nunca solo, no puede administrar dinero, no puede haber alcohol en la casa. No importa que no sea alcohólico, pues se corre el riesgo de hacer una adicción cruzada: deja una y toma otra. Desde el vamos tiene una terapia personal en la que se habla del motivo que lo llevó a esa actitud autodestructiva. Durante todo el proceso, que dura más o menos dos años, hay un control psiquiátrico permanente, porque cuando se empieza a bucear en las causas, hay momentos de mucha angustia. Desde el comienzo, el joven tiene un grupo de pares o jóvenes, dirigidos por dos técnicos nuestros. Son muy ricos esos grupos. Con su mismo lenguaje y experiencia, quienes están más avanzados, comienzan a devolverle cosas. Tiene fuerza que alguien que estuvo en ese lugar, mintiéndose a sí mismo, le diga al otro, cómo lo ve. También los padres tienen encuentros terapéuticos, para hablar de los vínculos y de qué pasó, qué afectó al joven. Hay un taller de arte opcional que es interesante de observar. Al principio, se manejan colores oscuros y formas violentas; luego, se pasa a más color, a movimientos. Es la etapa de "Acogida"; la segunda es la "Comunidad Educativa y Terapéutica", en la que al tratamiento ambulatorio, se le suman tres días de convivencia en Florida".

¿Qué capacidad tiene la casa?

"Para 20 o 25 jóvenes. Es una micro-sociedad donde conviven con dos o tres personas del equipo. Se realizan actividades educativas y se evalúan otras, como cocinar, limpiar y hasta talleres. Se evalúan valores, responsabilidad, vestimenta, horarios, actitudes con los compañeros. Hay dinámicas que son terapéuticas, que tienen que ver con lo sentimental, personal. Hay actividades lúdicas, deporte. El ambiente es de mucho afecto. Pero las cosas están claritas. El "si" y el "no" están muy definidos, porque las pulseadas en la primera y segunda etapa son permanentes, y el equipo y la familia deben ser claros. Esta enfermedad es muy seductora y manipuladora, y se debe ser claro y firme."

¿Están dos años?

"El proceso dura más o menos dos años. La primera etapa lleva entre 6 y 10 meses; la segunda entre 12 y 15 y la tercera entre 6 y 10. La tercera etapa es la reinserción social. En etapas anteriores, se interrumpe la asistencia a otros institutos. A veces rinden exámenes, pero ellos mismos se dan cuenta que son procesos de mucha concentración y energía, que no los pueden vivir y además estudiar. Y en esta etapa se trabaja el proyecto de vida con ellos, se los acompaña. Antes hablábamos de un "Alta", que es el término que se maneja a nivel mundial, pero lo cambiamos, porque lo vivían de forma "abandónica". Entonces, a la cuarta etapa la llamamos "Vida", que continúa hasta la muerte. Toda la Vida es un desafío para crecer, amar, para ser libre, para ser responsable. Y nosotros seguimos estando, no como programa de rehabilitación, pero sí desde otros lugares. De hecho, todas las semanas pasa algún joven para contarnos que está trabajando o para saludarnos. Permanece el vínculo afectivo".

ADULTOS TAMBIEN. Ante la interrogante sobre cómo se compatibiliza el proceso con personas adultas, El Padre Gustavo explica: "Desde hace más de dos años tuvimos que abrir otra opción para personas con otro perfil, de más de cuarenta años, o que no tienen la contención familiar. Este proceso se puede transitar si se tiene a alguien que acompañe, que se comprometa. Hay situaciones que no son para nosotros. Tenemos limitaciones. Lo difícil es que no hay dónde derivarlas y las personas quedan a veces un poco en el vacío, porque en Uruguay, existen pocas alternativas. Hicimos una experiencia piloto, que no pasa por la convivencia. Abrimos otra metodología con resultado excelente".

¿Cómo se sostiene la institución?

"La familia tiene que hacerse cargo en lo que pueda. Hay socios colaboradores, tenemos un convenio con el Iname que nos da partidas. Los integrantes del equipo cobran aranceles reducidos y algunos son honorarios, hacemos rifas, desfiles, hay que moverse mucho..."

El gesto del sacerdote Gustavo Larrique, luego de hablar de la financiación de su obra, es revelador acerca de lo ardua que puede ser su tarea. En más de un sentido. Queda unos instantes en silencio, con su mirada azul, velada por una fugaz preocupación. Fugaz porque Larrique es evidentemente resiliente. Tiene la fibra necesaria para sobrellevar una carga y rehacerse, para luchar con todas sus fuerzas por el "Proyecto Renacer". Y entusiasma a su interlocutor. Entusiasma mucho. Al punto que en la despedida es inevitable estrecharle la mano con afecto, con voluntad de ayudarle, con deseo de que siga triunfando en el difícil camino elegido.

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