La magia cuelga de las paredes

| La muestra servirá además para promover la participación de artistas uruguayos en la próxima Bienal

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JORGE ABBONDANZA

Atención: esta tarde a las 19.30 horas en el Centro Cultural de España (Rincón 629) se abre una importante muestra de cien carteles mexicanos. La gente de ese país, más hispanista que los uruguayos, no llama afiche sino cartel a esta manifestación mural del arte gráfico destinada a atrapar la atención del observador sobre un hecho destacado. El lenguaje de síntesis, el poderoso llamador visual, el empleo espectacular del cromatismo y el ingenio para trazar un diagrama de gran expresividad, componen la gramática esencial del cartel que —según lo anotan sagazmente los organizadores de esta muestra— "puede ser leído por un heraldo y después colgado de muros o paredes, naciendo como instrumento de comunicación, de información y de convocatoria colectiva: va convirtiéndose en arte en la medida en que incorpora ilustración y diseño".

Muchos contempladores montevideanos sabrán evocar antecedentes de exposiciones como este despliegue mexicano, desde una memorable muestra de afiches polacos sobre cine, música y teatro (que hace décadas fue un acontecimiento en materia de inventiva, empleo de herramientas simbólicas y refinamiento plástico) hasta otras exhibiciones itinerantes de carteles franceses o alemanes, que sirven —entre múltiples cosas— como instrumento de incitación para artistas gráficos locales, por no hablar del deleite de la pura observación para el resto de los mortales.

Los responsables del envío mexicano dicen recordar "ciertos carteles por su imaginativa sencillez y por su eficacia comunicativa. Los recordamos por las ideas, temas y opiniones expresadas por los autores, y los estimamos por la seducción que provocan, por su estética y por su buen gusto", a todo lo cual conviene agregar ocasionalmente la puntería del buen humor, el espíritu caricaturesco, la belleza de línea o de color que puede acompañar tales propuestas. "El cartel —se agrega— es efímero recurso, que sin embargo se niega a perecer. Sin esfuerzo, vienen a la memoria los diseños art nouveau de Alfons Mucha y las noches parisinas de Toulouse-Lautrec, la imagen del Che Guevara en alto contraste, las palomas pacifistas de Picasso, el hongo genocida de Hiroshima y la Calaca Catrina del mexicano José Guadalupe Posada".

Esa "magia colgada de las paredes" permite detectar el cartel creativo, el gesto único, el acierto imponderable para divulgar un acontecimiento que se expresa solo a través de la ocurrencia del ilustrador. Para celebrarlo, la Bienal Internacional de México nació hace quince años con la idea de contribuir al desarrollo y la difusión del arte gráfico en aquel país y fuera de él: a lo largo de esa década y media, "los diseñadores mexicanos se han reunido en torno a las actividades de la Bienal, lo cual ha permitido intercambiar de manera fraterna las variadas experiencias en la materia y los puntos de vista sobre la experiencia de los creadores gráficos". Los organizadores de la iniciativa fueron los integrantes de Trama Visual AC, procurando "evitar la competencia y en cambio fomentar la colaboración entre diseñadores mexicanos y el resto del mundo".

La muestra viajera (entre cuyos artistas figura el uruguayo Carlos Palleiro) es organizada por la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, con apoyo de Trama Visual y varias instituciones latinoamericanas del ramo. De paso, la Bienal convoca a los cartelistas del continente a participar de la próxima (octava) edición de ese encuentro internacional, cuyo plazo de inscripción se abrirá a fin de año.

"Vemos, hacemos, recordamos"

XAVIER BERMUDEZ (*)

Cada día que pasa el cartel nos sorprende más. Cada cartel con propuestas interesantes que pasan por nuestra mente provocan el recuerdo de alguna actividad o momento histórico que se relaciona invariablemente con nuestra vida cotidiana.

Los recordamos por su sencillez, por su inteligencia; los valoramos por los temas y opiniones expresados por sus autores. Los estimamos por su respeto al espectador y la seducción que causan en cada uno de ellos. Los admiramos por su estética, buen gusto y oficio. Los seguimos haciendo por nuestra necesidad de comunicar.

El cartel aparece, desaparece y vuelve a aparecer, sin darnos cuenta de una manera consciente, de que aquél que desaparece a nuestros ojos, otros lo están mirando, observando e incluso robando para sus mundos íntimos y cotidianos.

No cabe duda que el cartel y su encanto perduran por la intuición de sus autores y la maestría de sus manos. Es innegable que el cartel mexicano es diferente, diverso, travieso y divertido. Nos habla utilizando tantos lenguajes, que resulta imposible pensar en su homogeneización. Los diseñadores mexicanos sabemos que un buen cartel resiste y se escapa de las modas y de las tendencias momentáneas del mercado que banalizan su uso y desvirtúan su función. Carteles vemos, mensajes entendemos. Carteles hacemos, ideas expresamos. Carteles recordamos, memoria creamos. A buen entendedor pocas palabras.

(*) Director de la Bienal Internacional del Cartel en México

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