El Papa no pudo terminar de dar misa en Eslovaquia

ROZNAVA, Eslovaquia - La imagen de Juan Pablo II cuando durante la misa de ayer no logró hablar en húngaro, insistió y encargó finalmente a un cardenal que prosiguiera la lectura, es emblemática de las fatigas de este 102do. viaje internacional que terminará hoy en Eslovaquia.

La misa fue celebrada en la ciudad de Roznava, frente a 50 mil personas, al aire libre sobre un palco, después de viajar en un avión desde Bratislava y en automóvil para llegar al lugar.

Era evidente una mayor fatiga y un mayor cansancio con respecto al acto del viernes en Bratislava.

También se pudo ver que para desempeñar su misión el anciano pontífice —83 años, con mal de Parkinson avanzado y artrosis en la rodilla derecha— necesita cada vez de más ayuda de sus acompañantes.

El anciano pontífice no se dio por vencido y en la homilía dio también una explicación indirecta de tanta insistencia en continuar su obra de peregrino: "Las palabras advierten, los ejemplos arrastran".

Este es uno de los viajes más difíciles para Karol Wojtyla, quien el mes próximo cumplirá 25 años de pontificado, cuando todos los cardenales del mundo lo visitarán en Roma.

Para llegar ayer a esta pequeña ciudad en la zona oriental de Eslovaquia, el Papa viajó una hora en avión hasta Kozice y otros 60 kilómetros en automóvil hasta Roznava.

Fue un día frío y con viento fuerte, tal vez por eso no eran 200 mil las personas que lo esperaban (como suponían los organizadores) sino 50.000.

Pero a lo largo del camino, por kilómetros, miles de personas lo saludaban, desde la carretera, desde los campos, desde las casas. Y 10.000 polacos, sus compatriotas, cruzaron la cercana frontera para saludarlo.

El rostro del Papa estuvo sereno aunque cada movimiento implicó mucho sufrimiento. Para subir al avión pasó de la silla del papamóvil a la del ascensor, de pie por algunos segundos, sostenido por colaboradores laicos y religiosos para el cambio de sillas. Para bajar hizo una maniobra análoga.

Con tanta dificultad para moverse los tiempos se alargan y a Juan Pablo II no le queda sino la posibilidad de pocas actividades para cada día.

Las de hoy fueron dos: la misa al aire libre y el almuerzo con obispos y cardenales en el obispado de la pequeña ciudad.

Durante la misa Karol Wojtyla, que tenía la cabeza muy baja y parecía estar curvado aún cuando estaba sentado, pudo hablar con fluidez al principio de la homilía, pero el esfuerzo se hizo sentir y otra vez, como el viernes, el cardenal Josef Tomko continuó la lectura. ANSA

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar