Nadie debería cuestionar que, a medida que la sociedad se va alfabetizando en materia de conocimientos científicos y tecnológicos, mejoran las posibilidades individuales y colectivas de desarrollo humano. Basta comparar de manera muy general, el nivel de vida actual con el alcanzado una centuria atrás. Sin embargo hoy, mirando hacia el futuro, no nos podemos conformar con esos logros, y menos aún, con la forma en que se consiguieron. Por la sencilla razón de que el gran desafío moderno es la democratización del conocimiento. ¿Qué significa? Se podría decir que hasta mediados del siglo pasado la ciencia y el desarrollo tecnológico fueron patrimonio exclusivo de un selecto y reducido grupo de "sabios" y administradores, quienes en el seno de sus laboratorios y escritorios, investigaron y planificaron, sin tener que informar demasiado de sus logros, fracasos e intenciones, salvo a algunos de sus colegas y, desde luego, a sus mecenas.
A pesar de la enorme influencia que sus descubrimientos tenían en la vida de la sociedad, ésta se mantenía muy alejada de lo que ocurría en los laboratorios, porque se daba por supuesto que carecía de capacidad de comprensión. El propio vocabulario utilizado en cada rama científica se encargó de hacer incomprensible sus mensajes para el resto de la comunidad. El resultado inevitable fue que una minoría, casi con libertad total, decidiera los destinos de las mayorías. Hoy esta ecuación ya no es aceptable pues sabemos que el mejor futuro de cualquier sociedad se sustenta en la educación de todos sus miembros, en el sentido más amplio del concepto. Como dijo Teilhard de Chardin, "ser más es, ante que nada, saber más". Ahora bien, el desafío está centrado en cómo hacer llegar el conocimiento a toda la sociedad. En todo caso, el sistema formal solo incluye a una parte de ella. Es aquí donde la divulgación adquiere un protagonismo insustituible. Compartimos con Dorothy Nelkin cuando afirma que, en una sociedad cada vez más dependiente del conocimiento tecnológico, es extremadamente importante disponer de una información honrada, crítica y exhaustiva sobre ciencia y tecnología. Ya no basta con aprender la aplicación cotidiana de un avance tecnológico. Necesitamos comprender qué está pasando; cuáles son los riesgos que corremos; en qué se gastan los dineros de los contribuyentes; cuál es la relación entre la investigación actual y la búsqueda de soluciones a los problemas que enfrenta la sociedad; conocer tanto los éxitos como los fracasos experimentados por nuestros investigadores; cuáles son los aspectos éticos involucrados en varias líneas de trabajo. Y seguramente podríamos ampliar esta lista.
En pocas palabras, el desafío actual demanda una participación mucho más activa de la comunidad en la discusión y toma de decisiones. Para ello, es muy claro Manuel Calvo Hernando cuando afirma que la divulgación de la ciencia se configura, junto con la educación, entre los grandes retos de la sociedad tecnológica y como una necesidad de las sociedades democráticas, una necesidad cultural, económica e incluso política. Y agrega, "las sociedades del tercer milenio van a necesitar un nuevo tipo de comunicador, que sea capaz de valorar, analizar, comprender y explicar lo que está pasando y, dentro de lo posible, lo que puede pasar, especialmente en aquellos campos que, hasta donde puede preverse hoy, serán los escenarios decisivos de la transición a la nueva sociedad: la energía, la biología (y especialmente la biotecnología), los nuevos materiales y la información." Estaremos eludiendo nuestra responsabilidad como comunicadores si nos limitamos a ser simples voceros entre el científico y la gente.