En nombre de la dignidad

Aunque se ambienta en años de la Segunda Guerra, Lo mejor de nosotros (otro de los estrenos de hoy) explora las vivencias de una pareja de católicos que decide proteger a un vecino perseguido (y judío), dibujando tales apremios con pinceladas de drama y de humor. El resultado de esa película checa que fuera candidata al Oscar a mejor film extranjero no es solamente conmovedor sino que queda muy lejos de la sentimentalina con la que Roberto Benigni supo almibarar La vida es bella.

Gran parte de la historia transcurre en el interior de la casa perteneciente a una pareja que no puede tener hijos y que contiene, al igual que buena parte de las construcciones de entonces, una despensa debidamente disimulada por un ropero. Ese lugar oscuro hasta entonces ocupado por un cerdo colgado de un gancho, una ostentación que los mandamases nazis prohibían a los demás, es destinado como dormitorio para un individuo frágil y tímido que se siente horrible por los apremios a los que somete a sus protectores. Máxime cuando el lugar es asiduamente visitado por un amigo que colabora con los invasores nazis, compartiendo algunos frutos de semejante "privilegio".

Lo que corre por detrás de esa desventura es una lección de humanidad estructurada sobre la dignidad de las personas antes que sobre las posiciones que ellas asumen socialmente. Con muy pocas excepciones, esos individuos que parecen chocar en el espacio tan reducido que les toca en suerte, suelen manifestar sentimientos contradictorios y acusarse en forma equivocada. Hacia el final, cuando la resistencia echa a los invasores, las diferencias no parecen ser tan graves: quien colaboró con los nazis siempre ocultó la presencia del judío escondido y se presta para oficiar de partero, mientras que un individuo que fue incapaz de ayudar al perseguido asoma como uno de los cuadros dirigentes de la resistencia.

Más allá de la anécdota, escrita por Petr Jarchovsky sobre novela propia, sobresale la calidez narrativa del director Jan Hrebejk, un cineasta con varios antecedentes aunque desconocidos en estas latitudes, y el gran talento de sus actores, de nombre igualmente poco familiares. Con esos ingredientes, hay que reconocer que el film recoge lo mejor del cine checo que emergió hacia los años ’60, con un estilo muy similar al de Lo mejor de nosotros para asumir una tragedia colectiva.

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