PETER S. GREEN I THE NEW YORK TIMES
El costado occidental de Uhelny Trh, una pequeña y empedrada plaza en el centro histórico de Praga, se convirtió hace un par de semanas en una feria de frutas y verduras que se ubicó más o menos en el mismo callejón donde se abren las puertas a la mala reputación. Distinguida con un cartel en francés, "Rue Martin", confundió a unos turistas que intentaron comprar algunas frutas. Pero un lujoso sedan japonés y una cámara de filmación aclararon todo: se trataba de otro rodaje publicitario.
A unas millas de distancia de la plaza, el galán estadounidense Matt Damon merodeaba por el rodaje de una película sobre los Hermanos Grimm, producida por Miramax. Unas semanas antes, un patio cercano había sido transformado en una cervecería de Munich, donde Hitler había intentado el putsch de 1923.
Desde el fin del comunismo en 1989, Praga ha emergido como una de las ciudades favoritas para los cineastas, por los bajos costos y las locaciones de alta calidad. Algunos cálculos indican que las producciones cinematográficas pueden ahorrarse hasta un 30 % o más del presupuesto filmando en la ciudad. Pero mientras la República Checa prepara su ingreso a la Unión Europea, productores y empresas de servicios para los rodajes temen que los bajos costos tengan efectos contraproducentes. "La República Checa no debería ser solo un lugar barato para filmar, sino ante todo profesional", dijo Pavel Strnad, presidente de la Asociación Checa de Productores Audiovisuales y también presidente de Negativ Film Productions. "Una vez que formemos parte de la Unión Europea, Praga va a dejar de ser un lugar barato para filmar. Tenemos que ofrecer algo más que bajos costos".
Ese razonamiento se hizo sentir con fuerza el año pasado, cuando Miramax optó por rodar la película Cold mountain, de 100 millones de dólares de presupuesto y con Nicole Kidman y Jude Law como protagonistas, en Rumania. Con su exquisitamente conservado centro urbano y unas inmediaciones rurales sanas y dotadas de castillos, la capital checa es un "set" de ensueño para un cineasta. Gracias a eso y a un excelente nivel técnico de los profesionales que integran la industria audiovisual, Praga es un imán para directores de películas y publicidades. Se estima que el sector mueve anualmente 250 millones de dólares, dinero que, según varias empresas, es de mayoritariamente de origen extranjero. Ese dinero ha tenido un efecto beneficioso en la infraestructura de la industria audiovisual checa. Docenas de empresas de servicios para rodajes, desde iluminación hasta alimentación, han surgido en Praga. Según se dice, hay en la ciudad capacidad para abastecer a cuatro grandes rodajes simultáneos. Algunas de las películas recientes que se han filmado en Praga son Blade II con Wesley Snipes, En defensa del honor con Bruce Willis, XXX con Vin Diesel y el próximo estreno de Sean Connery, La liga extraordinaria.
Sin embargo, muchos de los empresarios vinculados al sector, mayormente gente de treinta años, temen que su actual prosperidad se desvanezca si no se unen para competir con otros países como Nueva Zelanda, Canadá y Holanda. "Este tipo de fenómeno se ha dado en otros países. Pasó en Italia en los 60, en España en los 70 y en Inglaterra en los 80", explicó Matthew Stillman, un británico que fundó en 1993 la compañía Stillking Films, hoy por hoy la más importante de Praga. "Si queremos proteger nuestra industria, necesitamos facilitarle las cosas a los realizadores para que su rodaje sea lo más fluido posible".
A raíz de una iniciativa de los editores de la revista de Hollywood Variety, productores y compañías checas se reunieron con representantes del gobierno en Karlovy Vary para discutir acerca de las maneras de proteger a la industria audiovisual. "Si no se hace nada, las producciones se irán a Bulgaria y Rumania. Para cuando el país entre a la Unión Europea, van a aumentar los costos", dijo Steve Gaydos de Variety. Entusiasta defensor del cine de Europa oriental, Gaydos sostiene que si las producciones de películas dejan de ir a Praga el principal perjudicado será la industria de cine local, que ha prosperado gracias al dinero que proviene del extranjero y que sustituyó a los ya desaparecidos y generosos subsidios estatales de la era comunista.
El alcalde de Praga ha acordado con los realizadores coordinar los primeros pasos en una campaña de publicidad para promocionar a Praga como locación cinematográfica y también para facilitar el tedioso papeleo que hay que hacer para poder acceder a castillos históricos, por ejemplo. Sin embargo, desde el gobierno no se aceptó la propuesta de exoneraciones impositivas para el cine. Como varias de las empresas de servicios prosperan, se razona que no hay una necesidad urgente de aumentar el margen de ganancia de los dueños de esas compañías. Martin Jahn, director de Czech Invest, el órgano oficial que coordina las inversiones extranjeras en la República Checa dijo que estudiaría el tema, pero adelantó que el gobierno checo "difícilmente le dará incentivos a un negocio que de todas formas llega al país".
El ministro de cultura, Pavel Dostal, dijo en un comunicado que no confiaba en que el dato de que el sector audiovisual mueve anualmente 250 millones de dólares, sea veraz. Agregó además que el principal interés de su ministerio está en la producción cinematográfica nacional. Por su parte, Tomas Krejci, que construyó en 1999 los Estudios Praga, sostiene que esa pasividad demostrada por oficiales del gobierno es peligrosa: "Los productores no son leales. Ellos buscan lo que es mejor para su inversión, nada más. Si no lo encuentran acá, se irán a otra parte".