Vinilo: es solo rock’n’roll

| CRITICA I FABIAN MURO VINILO Autores. Mauricio Vecino, Pablo Coniberti, Fabián Barboza Producción artística. Vinilo Edita. Bizarro Records

El nombre de la banda es ilustrativo para el estilo, aunque el mismo haya nacido como una casualidad. Cultores de un rock "clásico", los músicos de Vinilo debutan con un disco de once canciones que respetan el canon impuesto por bandas como Led Zeppelin, Rolling Stones, Yardbirds y tantas otras que justamente vivieron la gloria del negro soporte que reinó de la imposición del disco compacto.

Se entiende por ende que Vinilo presenta una música en la que no hay "nada de cosas raras", como dice Mandrake Wolf en uno de sus discos. La banda no apunta a las innovaciones sino a la contundencia de las canciones y los arreglos. Y en esa apuesta, los músicos salen ganando. Principalmente porque cuentan con un guitarrista que fabrica riffs que conquistan en seguida, pero también porque el resto de los músicos se constituyen en una sólida unidad de apoyo a las cuerdas de Pablo Coniberti. El bajo de Fabián Barboza y la batería de Federico Breccia construyen una sección rítmica ajustada y solvente. Y el cantante Mauricio Vecino cuenta con una garganta potente y agresiva, que se ajusta muy bien al molde rockero.

Vecino es también responsable de las letras, tal vez el rasgo más peculiar de Vinilo. Porque si bien el grupo le canta a la trilogía sagrada del género (sexo, drogas y rock’n’roll), nunca lo hace desde el lugar común. Más bien se trata de letras relativamente herméticas, que piden más de una lectura y que también exploran otros temas que los ya expuestos. En La cuajada, Vecino canta sobre "la cuajada en la vereda y yo que no me animo a salir, la gente grita dale macho, que está de fiesta todo el país. Es que el té no me ha calmado, solo me quemó el interior". En esa y otras canciones, Vecino conjura imágenes que bien podrían describirse como las de un grupo psicodélico. Pero en otras es directo y sencillo: "El muchacho de la banda anoche no durmió en casa, sepultado de cabeza, toda la noche rock’n’roll". El letrista no se olvida de dónde vive y que cada vez queda menos gente en ese lugar, como en la canción que abre el disco, Norte: "Yo ya me estoy yendo, a dónde vas vos...es como un desierto de muy poco color, los que van quedando no pierden la ilusión".

Se trata de un álbum bastante parejo, donde no hay grandes baches. Lo que tal vez escasea son esos temas que que se desmarcan claramente del resto, a excepción de Angel y El capitán. La primera es una canción que comienza como una balada pero cuyo trayecto in crescendo es terriblemente envolvente y contagioso. Tanto ahí como en El capitán, la unión de los soberbios riffs de Coniberti y una fuerte melodía da muy buenos frutos.

Encargados de la producción artística, los músicos logran en ese sentido una obra que no pasa vergüenza. De todas formas, uno no puede evitar pensar en que la presencia de un productor artístico con más experiencia hubiese sido más que provechosa para Vinilo. Pero es lo que hay, como dice el título de otro disco uruguayo, el nuevo de Roy Berocay.

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