SAINTE-MAXIME, Francia | AFP
Los incendios forestales, que arrasaron desde el lunes 8.000 hectáreas en el sureste de Francia y otras 450 en la isla de Córcega, dejaron un total de cinco muertos, cuatro de ellos turistas, y obligaron ayer al presidente Jacques Chirac a prometer un castigo severo para los culpables.
Las llamas arrasaron el macizo de los Moros, una de las joyas de la turística Costa Azul, ubicada en el departamento del Var (sureste), y rodearon el selecto balneario de Sainte-Maxime, vecino a Saint-Tropez, uno de los feudos de la jet-set internacional durante los meses de verano.
Tras una noche agobiante, los bomberos, que pidieron el apoyo de sus colegas italianos, lograron controlar el incendio y rescataron los cadáveres calcinados de cuatro personas.
Dos turistas británicas, una chica de 15 años y su abuela, murieron al quedar atrapadas por las llamas en medio de un bosque.
Una holandesa de 76 años murió quemada en Sainte-Maxime y un polaco de 72 años, cuyo cadáver ha sido hallado el lunes en el macizo, también falleció calcinado.
Los incendios también dejaron una víctima en la isla mediterránea de Córcega, donde destruyeron 450 hectáreas de bosque en la proximidad de Porto Vecchio (sur).
RECORD. Desde el inicio del verano boreal, el fuego ya superó en el sureste de Francia y Córcega el récord de 30.000 hectáreas quemadas, que se había alcanzado a finales de julio de 1976, otro verano de fuerte sequía.
Frente al desastre y la probabilidad de que los incendios fueran provocados —las autoridades registraron 28 focos de incendio en el macizo de los Moros entre las 10.00 y las 22.00 horas— el presidente Chirac prometió desde la Polinesia Francesa, en el Océano Pacífico, donde efectúa una visita oficial, "sanciones extraordinariamente graves" contra los pirómanos.
"Los culpables serán castigados con un rigor extremo", advirtió, al tiempo que precisó que el Gobierno había dado "drásticas instrucciones" a la policía para que localice y detenga a los que utilizaron cocteles molotov para iniciar el fuego.
El ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, también aseguró que "no habrá piedad" para los que provocaron los incendios, a los que considera responsables de "una masacre ecológica".
En Francia, los pirómanos pueden ser condenados teóricamente a penas de cárcel que lleguen hasta la cadena perpetua en caso de que haya víctimas.