En Nacional, la plata la salvó Daniel Leites con varios cierres, mientras que en Tacuarembó, además de Víctor Píriz, apareció el fútbol de Horacio Erpen.
Erpen fue la manija del equipo, el dueño de la pelota y de los tiempos. Fue el virtuoso que metió el enganche justo y el cerebral jugador que hizo el cambio de frente para aprovechar los huecos. Anotó un verdadero golazo y fue decisivo en el partido.
Por el lado de los tricolores, a Fabián Coelho y Angbwa Benoit fue como si los hubiesen desenchufado o les hubiesen sacado las baterías. Es que del buen primer tiempo pasaron a una segunda mitad opaca, sin lucimiento de ninguna índole.
Además, como no fue la noche de Julio Rodríguez y tampoco la de Marcelo Guerrero el tricolor sólo se hizo peligroso cuando algún balón llegó por arriba, en especial por la baja producción de Hugo Modernell.
Ruben Sosa y Walter Guglielmone no pudieron cambiar nada porque el mediocampo albo no tuvo explosión.