Los enemigos políticos del Presidente George W.
Bush y sus porristas en la prensa están agitados
últimamente a causa de la afirmación del mandatario
previa a la guerra, en el sentido de que Saddam
Hussein había tratado de comprar óxido de uranio en
Africa. ¿Y qué más hay de nuevo? En su campaña
perpetua por convencer al resto de nosotros que la
política exterior de la Administración ha sido un fracaso
desastroso, los enemigos de Bush y sus aliados en
los medios masivos de comunicación al parecer
siempre están en un estado de efervescencia con
respecto a algo.
Veamos. Antes del frenesí actual a causa de esas 16
palabras dudosas pronunciadas en el informe del
Estado de la Unión, hubo un frenesí debido a la
incapacidad de tropas aliadas en Irak para encontrar la
"pistola humeante" que encarnaban las armas de
destrucción masiva, esto es, reservas del prohibido
gas neurotóxico y letales agentes bacteriológicos.
Antes de lo anterior, se suscitó una conmoción debido
a que la administración Bush no logró impedir el
pillaje, tras la liberación, de más de 170.000 tesoros
del Museo Nacional de Irak; frenesí que se desvaneció
cuando resultó que la cifra real se acercaba más a 50.
Durante la segunda semana de la guerra en Irak, los
estadounidenses vivimos la agitación provocada por la
supuesta incompetencia del plan de batalla y un
atolladero similar a Vietnam en el cual se estaban
atascando tropas de Estados Unidos. Eso fue a la par
de las ansiosas alarmas con respecto a la hostilidad
con que iraquíes ordinarios recibirían a las tropas
estadounidenses. La revista Newsweek, citando el
pronóstico del Vicepresidente Dick Cheney antes de la
guerra —"Seremos acogidos como liberadores"—
determinó, en su edición del 7 de abril, que era "un
arrogante error para la posteridad". El 9 de abril,
iraquíes en Bagdad estaban derribando estatuas de
Saddam Hussein y congregándose llenos de júbilo en
torno a los soldados de Estados Unidos.
Antes de que empezara la guerra, por supuesto, el
frenesí de condenas en contra de Bush era
ensordecedor. Desde una diversidad de demócratas,
periodistas, así como activistas de tendencia a la
izquierda política, llegaron lamentos angustiosos
acerca del "unilateralismo" de la Administración,
advertencias relativas a que combatir a Saddam
pondría en peligro el combate al terrorismo, aunado a
repetidas exigencias de que se concediera más
tiempo a los inspectores de armas de Naciones
Unidas.
Incluso antes de eso, la administración Bush era
acusada clamorosamente por no haber logrado "unir
los puntos" que llevaban a la masacre del 11 de
setiembre. Una efervescencia de los medios de
comunicación durante la primavera pasada acusaba al
mismo Presidente Bush de no haber tomado con
seriedad indicaciones de advertencia. "Esta noche en
la Casa Blanca", empezó una transmisión de Tom
Brokaw, "la Administración trata de darse abasto ante
una tormenta de críticas que surgen de la noticia de
que ... un mes antes a los atentados el 11 de
setiembre, el Presidente tenía sobre su escritorio un
informe de los servicios de inteligencia que advertía
sobre secuestros en aerolíneas y mencionaba a
Osama bin Laden por nombre".
El esfuerzo con miras a impedir que "una tormenta de
críticas se acumulara" sigue sin abatirse, amplificado
ahora por un grupo de candidatos presidenciales de
los demócratas que están ansiosos por manchar la
reputación de Bush —así como de atraer la atención
sobre sí mismos. Eso último ciertamente es
comprensible ya que, según datos de la encuesta más
reciente de la cadena CBS News, el 66 por ciento de
los electores demócratas aún no pueden siquiera
mencionar el nombre de uno de los contendientes
demócratas.
Pero, ¿acaso los demócratas realmente imaginan que
la forma de desbancar a Bush consiste en postularse
con una plataforma opuesta a la guerra?
Sin importar el grado de impopularidad que pudiera
tener Bush y la guerra para liberar a Irak entre la base
demócrata de tendencia a la izquierda, ambos
mantienen un firme respaldo entre la nación de modo
integral. En el nuevo sondeo de opinión efectuado por
el Washington Post y la cadena ABC, el 57 por ciento
de la población estadounidense juzga que la guerra
merece los costos, en tanto que el 62 por ciento cree
que la misma contribuyó con la seguridad de Estados
Unidos en el largo plazo, y el 72 por ciento desea que
las tropas estadounidenses sigan en Irak hasta que
se restaure el orden civil.
Los estadounidenses no sienten inquietud con
respecto a que Estados Unidos encabezó una exitosa
guerra para aplastar a una salvaje dictadura. Su
opinión se refuerza con cada nueva tumba colectiva
que se descubre: la evidencia más contundente de la
destrucción masiva de Saddam. Además, existen
pocas probabilidades de que su opinión vaya a
cambiar debido a cualquier cosa que el Presidente
haya o no dicho con respecto al uranio en enero.
Eso no excusa que Bush haya recurrido a lo que
posiblemente fue una afirmación falsa para
argumentar un cambio de régimen, y ciertamente no
excusaría cualquier conocimiento de distorsión de los
datos de inteligencia por parte de sus subordinados.
En vez de participar en tácticas dilatorias, Bush debería
reconocer cualquier equívoco de forma directa, invocar
el famoso adagio de Truman —"el dólar para aquí"— y
ofrecer disculpas.
Y posteriormente deberíamos regresar a enfocarnos
en algo que realmente marque una diferencia: el
crucial proceso de transformar Irak de una tierra de
sangre y horror en la primera democracia
constitucional en el mundo árabe.
El nuevo consejo gobernante de Irak hizo su debut esta
semana, una vital piedra angular sobre el camino
hacia la libertad y la soberanía. Sus 25 integrantes son
una instantánea del pueblo iraquí: abarcan a hombres
y mujeres, sunnitas y chiítas, árabes y curdos,
exiliados que regresan y residentes liberados, incluso
a un cristiano y un turcomano. Asimismo, el primer
acto oficial del nuevo consejo fue abolir los días
feriados del Partido Baath de Saddam, para luego
proclamar el 9 de abril —fecha en que las fuerzas
estadounidense liberaron Bagdad— como el nuevo día
de fiesta nacional de Irak.
El consejo entiende: La derrota de Saddam fue
positiva, tanto para Irak como para el mundo. A pesar
del club del frenesí del mes, la mayoría de los
estadounidenses también lo comprende.
Distribuido por The New York Times News Service