Es muy divertida. Esta aventura piratesca recupera en buena medida el espíritu de las grandes producciones del género de los años treinta y cuarenta (el productor Hal B. Wallis y sus actores habituales Errol Flynn y Olivia de Havilland estarían orgullosos de ella), sometiéndolo apenas a la dosis de actualización requerida por postmodernos levemente cínicos.
Sin embargo, y afortunadamente, el equipo capitaneado por el director Gore Verbinski no adopta frente a su material el aire sobrador con el que, por ejemplo, un Richard Lester se empeñaba en tratar de demostrar que era más inteligente que lo que contaba en Los tres mosqueteros (1973) y su secuela La venganza de Milady (1974). No incurren en el desprecio "culto" de que lo que cuentan es idiota (en último término, si se piensa que algo es idiota, ¿para qué contarlo?). Como sus modelos de los cuarenta, que eran folletinescos e ingenuos pero no idiotas, y exhibían un considerable sentido del humor, esta Maldición del Perla Negra, se ríe con sus personajes y su aventura, no de ellos.
Ha podido llamar la atención la transgresión "genérica" que implica incorporar un elemento sobrenatural (marinos afectados por una maldición azteca que los convierte en siniestros espectros en las noches de luna llena) a un esquema básico de aventura de capa y espada. Si se quiere, esa transgresión es relativa: en último término, junto a las historias del mar siempre han circulado leyendas sobre barcos fantasmas y apariciones espectrales. En último término, lo que hace la película es empujar un poco las fronteras del género, más que transgredirlo esencialmente.
Y en todo caso, los elementos arquetípicos del género están aquí: el héroe puro (Orlando Bloom), el bucanero ambiguo (Johnny Depp, una suerte de versión actualizada y "posmo" de Long John Silver), la hija en peligro (Keira Knightley) del gobernador de Port Royal, los piratas "malos malos" cuyo carácter amenazador adquiere esta vez ribetes literalmente sobrehumanos. Y están también los duelos a espada, los abordajes, las tormentas, los naufragios y la persecución de los corsarios por parte de los tenaces marinos de Su Majestad Británica. El director Verbinski, sus libretistas Elliott y Rossio, su productor Bruckheimer o alguien del equipo han estudiado por cierto sus modelos: alguna secuencia: el bote invertido que retiene el oxígeno bajo el agua remite, probablemente con toda deliberación, a El pirata hidalgo (1952), aquella entretenida parodia protagonizada por Burt Lancaster.
Todo ello da lugar a una historia que corre velozmente entre la tierra y el mar, entre saltos y acrobacias en el palo de mesana, con algún interludio romántico junto al ocasional toque terrorífico que instala entre bucaneros un componente que parece provenir de La noche de los muertos vivos de George Romero. El elenco parece estar en el mejor de los mundos, y lo sumo habría que quejarse por una composición demasiado plana de Orlando Bloom como héroe de una sola pieza. Son más interesantes el personaje de Depp, borrosamente instalado en la frontera del Bien y del Mal, y hasta la heroína de Keira Knightley, más activa de lo que solía ser Olivia en los cuarenta, en sus películas con Flynn. Pero la historia tiene movimiento, espacio y olor a sal, la acción corre sin tropiezos (hay tal vez algún alargue), y los inevitables efectos especiales no se agotan en sí mismos sino que están puestos al servicio del asunto. No es poco. Es posible que quienes la pasen mejor sean los padres nostálgicos que recuerden las matinées de su juventud, pero sus hijos pueden acompañar al viejo sin temor.
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CRITICA/ Guillermo Zapiola
La maldición del perla negra
Director. Gore Verbinski.
Libreto. Ted Elliott, Terry Rossio, sobre
historia propia y de Stuart Beattie y Jay
Wolpert.
Productor. Jerry Bruckheimer.
Elenco. Johnny Depp, Geoffrey Rush,
Orlando Bloom, Keira Knightley, Jonathan
Pryce, Jack Davenport.
l Estados Unidos 2003.