"No temo al fracaso, es parte de la vida"

| Cautivado por una obra de la autora inglesa Caryl Churchill, el artista retorna a la dirección luego de su premiado trabajo en "El último yanqui". La única responsabilidad que siente es la de ofrecer un buen espectáculo

MAGDALENA HERRERA

El 2002 no pudo tener mejor culminación para Mario Ferreira. No sólo fue invitado por la Comedia Nacional a dirigir El último yanqui, sino que además su trabajo mereció el premio Florencio, según la Asociación de Críticos Teatrales. Para el 2003, Ferreira pensaba desplegar únicamente su vocación actoral en La prueba, que dirige Mario Morgan en el Teatro del Centro, y en Constructores, la telenovela que va por Canal 4. Pero llegó a sus manos una obra inglesa que lo sedujo nuevamente a probar su talento en la dirección. Luego de meses de ensayos y más de una gripe de algún integrante del elenco, el viernes Mario Ferreira estrenó Séptimo cielo en el Notariado, junto a Margarita Musto, María Mendive, Emilio Pigot, Alejandro Martínez, Gabriel Hermano, Graciela Gelós y Rogelio Gracia.

—Luego del éxito con "El último yanqui" se ha generado bastante expectativa con respecto a su próximo estreno como director. ¿Lo siente como un peso?

—La responsabilidad es conmigo. No tengo miedo a fracasar, porque forma parte del aprendizaje y crecimiento. Sería tonto pensar que uno puede tener una vida entera de éxitos. He realizado obras que no tuvieron repercusión. Soy consciente de que El último yanqui fue un salto importante, pero no me siento comprometido por eso. La responsabilidad es ofrecer buenos espectáculos.

—¿Cómo le llegó "Séptimo cielo"?

—Después de El último yanqui no sabía mucho qué hacer porque no tengo muy entrenado este oficio de la dirección. Me gusta mucho y quiero seguir haciéndolo, pero tampoco como algo impuesto. Como venía bastante complicado de horarios, pensé en hacer una pausa. Pero llegó Séptimo cielo a través de Mario Traverso, una persona fantástica que hace años me llamó para decirme que quería desprenderse de algunos libros que podían serme útiles. Entre los que generosamente me entregó estaba El último yanqui, obra que propuse cuando la Comedia me invitó a dirigir. El año pasado, Traverso fue a ver Cena entre amigos y le llevó a Margarita Musto esa obra inglesa, para que le diera su opinión. Mientras la leía, Margarita se entusiasmó de tal manera que en veinte días terminó la traducción. Y para nuestra sorpresa, Traverso decidió producir la obra.

—¿Es costosa?

—Es una pieza que permite ofrecer un muy buen espectáculo, si se realiza una inversión considerable. Para quienes no estamos subvencionados, eso resulta imposible. Traverso se la jugó.

—¿Qué inversión demandó?

—Alrededor de cinco mil dólares, que quizás no es nada en otros países o incluso en relación a otras puestas montevideanas. Pero es mucho dinero para un grupo de gente que no tiene apoyo oficial o de ninguna otra índole.

—¿Por qué era importante realizar esta puesta?

—Séptimo cielo es una de las cosas más sorprendentes y fascinantes que he leído en mi vida.

—¿En qué sentido?

—La autora, Caryl Churchill, tiene una forma de escribir que cautiva por completo. Utiliza una extraña lógica para desarrollar sus historias y no se ata a ninguna convención o regla. Es muy libre, aparenta un gran caos en su cabeza, pero cuando se termina de ver o leer la obra, uno se da cuenta de que el caos no era tal. Igual creo que es un texto que despertará distintas reacciones. La autora propone un juego que no es común en el teatro y que para seguirlo se tiene que estar con la cabeza muy despierta. La pieza se divide en dos actos absolutamente distintos. Es como ver dos espectáculos.

—¿Cuál es el primero?

—El primero trata sobre la historia de una familia inglesa que vive en una colonia de Africa. El segundo se ubica cien años después, en un parque londinense, con tres integrantes de esa familia conviviendo con otros personajes. Pero lo curioso es que para esas tres personas no pasaron cien años sino veinticinco. Es un juego bastante sorprendente, que si nos sale bien...

—¿Tiene algún pronóstico?

—Siempre es un misterio. Jamás pensé que El último yanqui iba a generar la reacción que tuvo en el público.

—¿"Séptimo cielo" es un drama?

—Tiene de todo. Pasan cosas muy dramáticas en medio de situaciones increíbles y que pueden resultar hasta divertidas. Pero en el fondo, la autora utiliza los vínculos afectivos para decir muchas cosas. A través de cómo vive esa gente, Churchill habla del racismo, critica la colonización despiadada, se detiene en lo que implica el Imperio británico, se refiere al sexismo y a la educación. La autora es muy crítica del lugar en el que vive, de la cultura en la que está inmersa, y lo hace de una manera muy inteligente. Lo que más me seduce de la obra es que permite realizar un trabajo muy intenso con los actores, ofrecer un buen espectáculo en todas sus aspectos y que la gente no se sienta decepcionada luego de pagar la entrada. Esto último me parece vital para formar a un público de teatro. La obra puede gustar más o menos, pero el espectador no debe sentir que hay poco trabajo sobre el escenario. Si para verme tienen que pagar, yo debo ofrecer algo que justifique ese pago.

—¿No todas las obras lo ofrecen?

—No siempre. Cada uno hace las cosas como puede o quiere, pero me parece saludable no olvidar que estamos generando hechos artísticos.

—Muchos actores quieren trabajar bajo su dirección. ¿Cómo los eligió en esta ocasión?

—Con varios de ellos ya había trabajado y con los que no, los elegí porque me gustan como actores y son ideales para los personajes. Pero sobre todo porque con todos ellos tengo mucha afinidad en la vida. Para mi eso es muy importante porque el vínculo resulta bastante más fluido en el momento de trabajar. Por otra parte, cuando se trabaja varias veces con el mismo actor se llega a un conocimiento mutuo bastante profundo que beneficia la puesta. Es como tiempo ganado. Prefiero mantener parte del equipo, incluso el técnico, que prácticamente es el mismo desde que dirigí por primera vez.

—¿Se mezcla el director con el actor?

—No, no. Ambas actividades me producen un gran disfrute, pero no se mezclan. Creo que como director aún tengo todo para aprender y como actor siento que estoy en una buena etapa porque he logrado calmar la ansiedad y trabajar más distendido. Logro separarlas, tanto que no se me ocurriría actuar en una obra que yo dirigiera. No sé si sabría hacerlo.

—¿Qué edad tiene?

—37 años.

—¿Qué personaje marcó su carrera o su vida?

— "Me gustó mucho hacer Laertes de Hamlet, cuando vino David Hammond a dirigir a Montevideo. Pero tengo un recuerdo inolvidable del personaje de Gepetto, que hice apenas egresé de la Escuela, con Armando Halty y que dirigió Aguilera. Para mi fue imponente porque con 24 años ya tenía la responsabilidad de estar con uno de los mejores actores nacionales, compartiendo el escenario. Por Armando siempre sentí un afecto especial: fue fundamental en mi comienzo y mucho después me tocó dirigir su última actuación. Fue increíble. No se me va a borrar nunca el día en que Armando tuvo esa caída del escenario. Nos dolió mucho a todos".

—¿Por qué la gente no asiste en forma masiva al teatro?

—No lo sé, quizás haya varias responsabilidades. Creo que hemos perdido un poco el norte de qué mostrar y dar. Cuando la gente elige un espectáculo, concurre en forma masiva, sin importar el género. Eso de que funciona lo que divierte o hace reír, me parece una tontería. Por un lado tenemos que rever lo que se ofrece al público y por otro es necesario un cambio en la infraestructura de los teatros y la generación de lugares más acogedores y equipados.

LAS ELECCIONES DE FERREIRA

UN ACTOR "Me gusta mucho Roberto Jones, aunque está bastante alejado del medio".

UNA ACTRIZ "Gabriela (Iribarren)".

UN DIRECTOR "El "flaco" Denevi. Aprendí mucho como actor y como director trabajando con él y también mirando sus espectáculos".

UNA OBRA RECIENTE "Me gustó mucho lo que hizo Mariana Percovich con la Comedia Nacional en Atentados hace un par de años. Me hubiera encantado estar, aunque tendría que haber sido bailarín, en Molto Vivace de Graciela Figueroa. Es el espectáculo más bello que vi en mucho tiempo. Aún no he podido ver su última puesta con la Comedia, La hora en que no sabíamos nada los unos de los otros. Me gustó muchísimo, y me impactó también, La Sangre que dirigió Alvaro Ahunchaín. También me pareció bárbaro lo que hizo Gabriela Iribarren en La mujer de negro. Se metió con un texto complicado y una obra extensa, y consigue lo que se propone. Pero me hubiera gustado ver otras obras como La misión de Rivero, que no pude por estar con funciones".

LA COMEDIA NACIONAL "Artísticamente es un lugar donde se están realizando cosas muy valiosas. Héctor Manuel Vidal le ha dado un color distinto, está haciendo las cosas en forma fenomenal y me gusta lo que se plantea como repertorio. Es arriesgado y le está cambiando la cara a la Comedia".

LOS FLORENCIO "En mi caso recibir un premio es una sensación nueva y como tal la disfruto mucho. Me parece bien que se reconozca el trabajo y cuestionar los premios es un deporte, en todo el mundo. No estoy dispuesto a negarme lindas sensaciones".

TELEVISION "Te permite ser conocido, algo que los actores no tenemos por qué rehuir. En el caso de Constructores, el placer de trabajar con un equipo de gente que es formidable. Admiro esa jugada por intentar sacar la ficción adelante y me parece bárbaro que el producto crezca en calidad".

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