Elegancia y glamour fueron los protagonistas en la casi totalidad de los desfiles presentados durante la Semana de la Moda más lujosa y consagrada de la alta costura en el mundo. Porque la Ciudad Luz siempre ha sido y será la gran pasarela. Así quedó demostrado cuando Torrente y Versace abrieron, días pasados, la serie de 87 colecciones que resumieron todas las propuestas para vestir el invierno europeo 2003-04.
La casa Torrente se inspiró en los años 50 y 60, con una línea creada por Christophe José, con el objetivo de rejuvenecer la marca, sin cambiar su estrategia de apuntar a la elegancia. Se vieron vestidos de encaje y strass, bien ceñidos al cuerpo y trajes de chaqueta sobre blusas con plumas de perdiz.
Donatella Versace también incluyó plumas en sus diseños rebosantes de brillos, muy femeninos, sobre tejidos vaporosos y en una amplia gama de tonos pastel.
Ungaro sorprendió con una colección clásica y serena, resaltada por estampados abstractos combinados con flores, en la que el bordado constituyó un elemento indispensable, igual que los boleros, las faldas y los vestidos. Las blusas, ceñidas y escotadas, se acompañaron con chaquetas entalladas, de solapas amplias y un único botón. Menos predominante fue el pantalón, confeccionado sobre sedas, lanas, terciopelo, muselina o satin. Dominó el rojo, el crudo, el negro y el oro en lo que fue una muestra sexy y suntuosa, con ausencia de pieles.
La casa Givenchy rindió homenaje a su historia y a la mítica Audrey Hepburn. Su actual estilista Julien MacDonald logró entusiasmar por la precisión de sus cortes y la línea. El negro reinó en esta colección, donde la seda y la lana se convirtieron en los tejidos "estrella".
La colección de John Galliano para la casa Dior, abrió y cerró con un quejido flamenco, lo que fue una fantasía de gestos tomados de países diversos y del mundo del espectáculo. Escotes generosos, cinturas marcadas y muchas pieles rememoraron el glamour de los años 40. La pasarela vibró con colorido, volados gigantes, plisados, mangas trabajadas, faldas de tul, corsés, corpiños, transparencias, piernas al descubierto, medias caladas, bajos asimétricos y maquillajes intensos sobre el cuerpo.
Karl Lagerfeld no defraudó con un desfile Chanel pleno de bordados e incrustaciones de visón, lentejuelas y piedras sobre modelos de tweed, tul o satén. El blanco dominó sobre clásicos tailleurs en versión mini, acompañados por botas altas por encima de la rodilla.
Valentino, siempre sobrio, exploró sobre tonos de marrón y azul marino.
Al cierre de la semana, la moda de París probó que para la próxima estación estarán en boga mujeres de todos los estilos.
La renovación viene de Oriente
Geometrias. Stéphane Rolland, para la casa Scherrer, creó una línea de tono oriental, inspirada en kimonos, origami y orquídeas. Su nueva colección hizo a un lado los estampados y tomó diseños gráficos, casi geométricos. El cuadrado sugiere la línea de los hombros; el círculo se adivina en mangas infladas de tul doble; los triángulos surgen en pequeños espejos aplicados a las mangas de un kimono; los rombos adornan un mantón inspirado en los samurais. Fusiones novedosas como la conjugación de zorro con organza o bordados de paillets metalizados sobre tweed, completaron esta muestra.
Hanae Mori. La exitosa diseñadora japonesa maneja con habilidad el lujo glamoroso que caracteriza a sus prendas. Desde sus ateliers de Tokio y París, propone para este invierno trajes sastre oscuros, con calce perfecto, para el día, combinados con blusas de encaje y accesorios rojos. Para la noche, sus diseños estilo Mme. Butterfly, con impresos de leves mariposas y encantadores motivos florales en lurex sobre seda drapeada, demuestran lo mejor de su talento. Refinados y etéreos, sus diseños siempre seducen.