También la postguerra

AUNQUE parezca difícil de creer, una postguerra puede ser tan complicada y peligrosa como la guerra precedente. Algo de eso ocurre ahora en Irak, donde los ejércitos anglosajones pudieron conquistar el país y abatir su régimen de gobierno en sólo tres semanas de combates, pero desde el 10 de abril enfrentan lo que va convirtiéndose en una postguerra tensa, impredecible y a veces explosiva. Como habían pronosticado numerosos observadores dotados de cierta amplitud de visión sobre ese conflicto, la tan anunciada guerra de Irak podía desencadenar más fuerzas hostiles (no sólo en territorio iraquí) de las que calculaban inicialmente Washington y Londres. La realidad ha confirmado esos pronósticos, no ya con problemas internos que son múltiples para la administración ejercida por las potencias ocupantes, sino también con el reflejo internacional de ese episodio: los atentados terroristas en Riad y en Casablanca, por ejemplo.

MIENTRAS tanto, los jerarcas oportunamente designados que estarían a la cabeza de la administración norteamericana en Irak (el general Jay Garner, la funcionaria Barbara Bodine) fueron sustituidos repentinamente por un nuevo encargado civil, Paul Bremer, ya instalado en Bagdad luego de una breve gira por países del Golfo Pérsico. Se sabe que Bremer es un ex diplomático especializado en la lucha contra el terrorismo y en situaciones críticas, y ahora fue designado directamente por el presidente Bush para su flamante cargo. Eso ocurre mientras el recién repatriado ayatollah Mohammad Baker Hakim, declaraba en la ciudad de Nasiriya su "rechazo a un gobierno impuesto por extranjeros" convocando a las masas de fieles iraquíes a acompañar ese repudio, actitud que se hará sentir de una manera u otra antes de que pase mucho tiempo.

SIN que hayan parecido capaces de preverlo, los anglosajones provocaron con su invasión de Irak un rebrote cada día más visible del fundamentalismo regional: derrocado un dictador laico, como Saddam Hussein, habría llegado la hora de los líderes religiosos a quienes Saddam frenaba y que ahora sienten que puede repetirse en Irak el vuelco que Irán había vivido con la caída del sha Reza Pahlevi y el advenimiento de Khomeini. No todo está tranquilo por el momento en Bagdad, donde los comandantes norteamericanos han dado la orden de disparar contra los saqueadores ante el estado de anarquía que sigue dominando las calles y los constantes robos que se producen. Funcionarios cercanos al administrador Bremer declararon que "los militares norteamericanos empezarán a disparar sobre los saqueadores, para que se corra la voz de que el ataque a la propiedad privada, el robo de automóviles y los crímenes violentos van a ser resueltos con el uso de una fuerza letal".

POR detrás de esos riesgos y agresiones, fluye un proceso de reconstrucción de Irak que costará muchos miles de millones de dólares, parte del cual (pozos petroleros, carreteras y puentes, infraestructura en materia de agua y luz destruida por las bombas) ya ha sido adjudicado a grandes firmas norteamericanas que hacen su agosto desde mayo. Sobre esas adjudicaciones se han formulado reparos, críticas y hasta sarcasmos en la prensa de Estados Unidos y en la de otros países, tendencia que llegó a señalar los vínculos de encumbradas figuras del gobierno norteamericano con algunas de las empresas beneficiadas por aquellos contratos de reconstrucción. La suspicacia convive ahora con otras sorpresas sobre inesperados cambios en las autoridades de ocupación de Irak, inestabilidades y sospechas que también contribuyen a complicar el cuadro de una postguerra problemática que seguirá dando bastante que hablar, no cabe duda.

ESAS complejidades, sin embargo, no desaniman al gobierno de Washington: sin ir más lejos, la famosa consejera de Seguridad Nacional puso sus ojos sobre otro punto del Medio Oriente y dijo hace pocos días que "el comportamiento de Irán es profundamente preocupante, debido a que mantiene un programa de armas nucleares y refugia o protege a grupos terroristas". Esas declaraciones de Condoleezza Rice pueden añadirse a otras formuladas por sus más próximos colegas de la Casa Blanca en torno a la actitud de Siria, por ejemplo, indicando que también ese otro país del Medio Oriente brindaría refugio o protección a grupos terroristas, cuyo brazo armado sin embargo ataca en Riad y en Casablanca para desconcertar a muchos observadores y demostrar que la red terrorista no está en algunos sitios sino en casi todos. La realidad demuestra que una guerra como la de Afganistán y otra como la de Irak no bastan para desactivar ese peligro.

Carros e inspectores

Hay seis mil carros de hurgadores deambulando por Montevideo sin luces, sin los mínimos controles de seguridad, con carreros que no se sabe qué capacidad tienen, que se los ve a menudo alcoholizados. Frente a esto, parece ridículo que la Intendencia del Arq. Arana pretenda hacernos creer que le preocupa la seguridad en las calles.

Los inspectores de tránsito no ven los carros. Es como si fueran transparentes.

Circulan a contramano delante de ellos, hacen maniobras peligrosísimas, se pasean por las calles que la Intendencia dijo que no estaban habilitadas para ellos, pero los señores de gris, los que reciben los tan cuestionados viáticos concedidos por Arana y que se supone deberían controlar la circulación, están ciegos a esa realidad.

Claro que si algún conductor de automotor comete la más mínima infracción, el inspector esgrime ante él todo el peso del reglamento de tránsito, no salteándose nada, ni una frasecita de un inciso casi olvidado.

Es así este Montevideo de la era frenteamplista. Así de ridículo. Así de injusto.

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