LIMA I AFP / OSCAR ZAMALLOA
El cadete Vargas Llosa, mezcla de ficción y crónica sobre los años de escolar en un colegio militar de Lima del hoy laureado escritor, fue presentada en Perú por su autor, Sergio Vilela Galván, estudiante de periodismo de 23 años de edad.
La obra devela entretelones y termina con mitos creados a partir de lo contado por Mario Vargas Llosa en su novela La ciudad y los perros, uno de sus primeros éxitos literarios, creada de su experiencia en el Colegio Militar Leoncio Prado. Vilela Galván, peruano—colombiano, contó que El cadete Vargas Llosa resultó de un taller de periodismo literario que lo puso ante las opciones de investigar a Abimael Guzmán, fundador de Sendero Luminoso, o a Vladimiro Montesinos, acusado de liderar una mafia corrupta en la década pasada en Perú.
"Al final Vargas Llosa me interesó más, porque había con él una secreta empatía, unas secretas ganas de conocer un poco más de su historia", dijo el joven autor al presentar el libro, lanzado en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas por la editorial Planeta, con prólogo del escritor chileno Alberto Fuguet.
Para reconstruir los años de Vargas Llosa en el colegio militar, Vilela Galván ubicó y habló con los compañeros de promoción de aquél, se acuarteló con ellos en el colegio durante dos días al conmemorar los 50 años de egresados y contrastó con el propio escritor la ficción con la realidad de La ciudad y los perros.
Resultado de ello es que el novelista se reconoció como Alberto Fernández, El Poeta, el mismo que escribía sonetos y cartas de amor por encargo y a cambio de pago para sus compañeros de estudio.
Incluso, Vilela Galván ubicó a quien fue el primer agente literario de Vargas Llosa. Era un amigo de aula que comercializaba esas cartas. "Recibía de los interesados detalles y hasta fotos de las chicas para quienes iban dirigidas, y luego informaba a Vargas Llosa de qué se trataba para que las escribiera", relata. "Mario partió de su vivencia para hacer La ciudad y los perros, pues en su aula habían compañeros con los caracteres personificados; no son las personas mismas, pero a partir de ellos se inspiró para sus personajes de ficción", explica Vilela.
Así, El Jaguar emergió de un bisnieto de Francisco Bolognesi, héroe de la Guerra del Pacífico, y El Esclavo lo tomó de otro alumno debilucho que hoy vive en Estados Unidos.
"Mario Vargas Llosa no pertenecía a los malditos o las lornas (tontos), los grupos que según él existían en el Leoncio Prado. Según sus compañeros, no era un desgraciado pero tampoco un débil del cual se podía abusar", relata Vilela. El mismo Mario dice que eventualemente se "mechaba", lo que quiere decir que sencillamente se agarraba a piñas.
Un mito con el que termina Vilela Galván es la quema de La ciudad y los perros por orden de las autoridades castrenses del colegio y del gobierno militar del general Manuel Odría. "Hablé con varios cadetes de esa época, que se refieren a la quema pero nadie vio la pira de libros en el patio central del colegio", relata. Otro mito es la brutalidad que se dice ocurría en el Leoncio Prado ejercida por los alumnos de años superiores contra los más jóvenes de la instuticióm, una práctica muy extendida a los centros militares de estudio.