JAVIER A. PASTORIZA
Productor agrícola con larga tradición familiar en el rubro tras de sí y diputado reiteradas veces con votos provenientes del electorado rural, el ministro australiano de Agricultura, Pesca y Forestación hizo una breve gira por América del Sur, para acordar posiciones comunes con Argentina y Uruguay de cara a la próxima reunión en Cancún de la Organización Mundial de Comercio, donde se continuará debatiendo cómo reducir hasta eliminar los subsidios que algunos países aplican a su producción agropecuaria.
La que sigue es una síntesis de la charla que mantuvo con El País, en medio de la apretada agenda que mantuvo en Montevideo.
—¿Cuáles fueron los motivos de su visita a la región y a Uruguay en particular?
—Australia y los países del Sur de América están particularmente cercanos dentro del Grupo Cairns y tienen una visión similar de lo que deben ser los acuerdos agropecuarios en el marco de la Ronda Doha de la OMC y venimos trabajando en ello. Es importante que los países del Grupo Cairns mantengan este mecanismo y la ambición de lograr resultados sustanciales. El que la Unión Europea haya hecho cambios en su política de ayudas agrícolas, muy pequeños por cierto, es un paso positivo pero modesto. No es mucho y no es todo lo que pretendía el Grupo Cairns. Algo similar ocurre con la propuesta de Estados Unidos, que tiene algunas cosas buenas, es constructiva, pero no es todo lo que queremos. Entonces con esas dos modestas ofertas, más la resistencia que aún mantienen países como Japón y Corea, quienes integramos el Grupo Cairns tenemos que seguir luchando para conseguir cambios en el comercio internacional agrícola. Cuando finalizó la Ronda Uruguay, hubo cambios, por ejemplo, en el comercio de productos industriales y el sector manufacturero obtuvo sustanciales beneficios. Y nuestro objetivo es el de lograr ahora modificaciones en el comercio internacional agrícola. Es importante que mantengamos el entusiasmo y el impulso por obtener algo más sustancial. Tenemos un muy, muy fuerte interés y compromiso tanto Australia y Uruguay, que somos exportadores agropecuarios.
—¿Cuáles fueron los resultados de sus entrevistas con el presidente Jorge Batlle y con los ministros de Relaciones Exteriores y de Ganadería, Agricultura y Pesca?
—Muy positivos. Por más que Uruguay y Australia son competidores en algunos rubros, tenemos una política casi idéntica en luchar por un comercio agropecuario mundial más libre y equitativo. Eso es muy importante, porque los beneficios económicos que resultarían de su obtención para naciones como las nuestras serían de enorme importancia. Por eso se entiende que podemos seguir trabajando juntos, unidos en el esfuerzo de seguir peleando en todos los foros posibles.
—¿Cree efectivamente Australia que será posible llegar a una situación de cambios importantes en el comercio agropecuario mundial? ¿De que finalmente el mismo será libre, sin barreras ni subsidios distorsionantes?
—No estamos muy contentos con los progresos que hemos logrado hasta ahora, por cierto. Pero el desafío es muy importante. Durante la Ronda Uruguay hubo una promesa de hacer concesiones en el comercio de agricultura y queremos que eso se respete y se cumpla. A pesar de que varios países tienen enormes sistemas de protección, quienes comerciamos libremente debemos seguir defendiendo en forma firme nuestros argumentos, buscando seguir convenciendo al resto del mundo de que la nuestra es la causa justa.
—¿Cómo considera Australia a Uruguay: como un socio de Cairns o como un competidor fuerte en algunos rubros, como en el de la carne?
—Más que nada como un aliado. Porque si los países que defendemos con firmeza el que exista un comercio agropecuario más libre logramos imponer nuestra idea, se terminarán las cuotas y tendremos mercados para todo el mundo.
—Desde algunos círculos se entiende que países como Australia o Nueva Zelanda defienden el libre comercio agrícola en los foros, pero en la práctica no están tan apurados en lograrlo porque tienen el beneficio de cuotas altas de ingreso a importantes mercados...
—Bueno, eso es relativo, porque Uruguay, por ejemplo, tiene una cuota de acceso a la Unión Europea en carne mayor a la que tenemos en Australia. Es verdad que en Estados Unidos nosotros tenemos una cuota superior. Y que Nueva Zelanda también accede más y mejor que Australia a Europa... Eso depende del país. El que seamos un país grande no quiere decir que tengamos cuotas grandes. Nosotros queremos terminar con los sistemas de cuotas. Son pequeños beneficios que no sirven. Las cuotas, está demostrado, son malas para todos.
—¿Cuál ha sido su interés en matener también encuentros con los empresarios uruguayos vinculados a la producción de carne y lana?
—Queríamos hablar sobre lo que son las estrategias necesarias para llevar a la reunión de Cancún donde continuará la Ronda de Doha, y donde tambien participan los privados. Esto es ver cómo podemos seguir trabajando juntos para obtener mejores beneficios mutuos. Pero también para establecer formas de cooperación bilateral, como lo es el intercambio de herramientas y materiales genéticos. Eso permite que en uno y otro país ese tipo de producciones mejoren.
—¿Cómo ve Ud., productor agropecuario al fin y al cabo, el futuro de la agropecuaria y de los alimentos que producen países como los nuestros?
—Siempre será un sector muy competitivo y necesario. Por ejemplo para mi país, Asia nos ofrece innumerables oportunidades para crecer con nuestras exportaciones. Recientemente pudimos obtener un mayor acceso a la República Popular China con nuestra carne, y eso, se sabe, es un mercado tremendo. Porque por más que China es un gran productor de productos agropecuarios, tiene una población tan importante que siempre, día a día, genera demanda muy firme. Por visitas previas sé que Uruguay es un país que está haciendo especial énfasis en producir alimentos de alta calidad y así generar mercados diferenciados para su colocación. También Australia los está buscando permanentemente. En ese sentido tienen buen futuro las producciones de alimentos orgánicos, libres de transgénicos —aunque poco a poco esa exigencia va a desaparecer—, en tener esa imagen de país limpio y verde, fundamental para venderle a Europa, donde ese tipo de valores puede ser determinante para acceder y obtener mejores precios, por lo que son las altas exigencias de sus consumidores.
"Cuantiosos beneficios"
"Los beneficios de la liberalización comercial son significativos: el Servicio de Investigaciones Económicas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos halló que la eliminación total de todas las distorsiones de políticas agropecuarias brindaría ganancias de bienestar mundial a largo plazo de u$s 56.000 millones por año", dijo el ministro Warren Truss el pasado jueves en Buenos Aires.
Agregó que "un estudio de 1999 de la Comisión Europea concluyó que una reducción general mundial del 50% en la protección en frontera en todos los sectores, acompañada de un discreto nivel de facilitación comercial, brindaría ganancias anuales de bienestar de U$S 400.000 millones".
En una conferencia que el funcionario australiano brindó en la sede de la Sociedad Rural Argentina, reveló también que "nuestra exitosa historia como nación agropecuaria se fundamenta en la investigación y el desarrollo. Y la clave para un futuro agropecuario exitoso está, como lo ha estado en toda nuestra historia, en la inversión en investigación y desarrollo para mantenernos innovadores y competitivos, con la meta de alcanzar las mejores prácticas".