SILVIA PEREZ
Hace seis meses que Sebastián Eguren llegó a Nacional. Había dado el tan ansiado salto de un equipo en desarrollo a un grande. Y por si fuera poco, para el equipo de sus amores, por el que había saltado y gritado muchas veces desde la tribuna siendo un niño. Sin embargo, las cosas no resultaron como había soñado, ni siquiera como había imaginado: "fueron seis meses muy intensos, moviditos, raros. Yo quería arrancar bien en lo futbolístico y que eso fuera una constante. Y eso fue lo que menos se dio. Al principio no arranqué como yo esperaba, y luego, cuando me fui afianzando, pasó el problema con el "Flaco" (Vanzini) y me tocó salir. Después me costó entrar, y todavía me está costando. No sólo no pude mostrar el nivel que tenía en Wanderers, sino que tuve problemas con el jugador con el que se identifica la hinchada y la gente me putea. Las cosas no pudieron salirme peor, pero tengo esperanzas de que se puedan revertir".
—Y vos, ¿tenés la culpa de que las cosas hayan salido tan mal?
—No sé, pero uno siempre genera algo. Lo que pasa es que yo veo el fútbol de otra manera. Yo entreno, me mato entrenando y pienso que el que entrena, juega. Sé que hay otra cantidad de cosas que influyen, y que el técnico las maneja, pero para mí lo que vale es el entrenamiento. El rendimiento es el de los 90 minutos y si vos te matás entrenando y te cuidás como un profesional tenés más posibilidades de rendir. El que entrena mal y no se cuida, es difícil que rinda, aunque reconozco, que puede haber casos que sean la excepción. Pero yo creo que las cosas son así, si no, todo lo que me enseñaron es un cuento.
—¿Por eso considerabas que tenías que haber sido titular en el clásico? Al menos esa tarde al irte del Estadio, dijiste que estabas contento por la victoria, pero triste porque no habías jugado los 90 minutos.
—Sí, aunque yo sabía que no iba a ser fácil. Por la historia y por la hinchada. Eso genera presión y el entrenador puede sentirlo. Y lo entiendo, capaz que yo en su lugar hubiera hecho lo mismo, pero no es lo que yo esperaba. Yo quería jugar. Fue todo un tema complicado, y la cosa no era entre Eguren y Vanzini. Además, no había tanta diferencia entre nosotros, salvo la historia. Porque acá, en Uruguay sólo importa si ganás el clásico o si hiciste un gol en un clásico. Eso importa más que todo el resto. Aunque hayas hecho un gol de chilena y le hayas ganado a Danubio 4 a 3 en Jardines. Son cosas que entiendo, porque las viví como hincha, pero que no comparto.
—¿Te sentís presionado?
—Hoy, lo único que quiero es rendir. Vine para rendir y era lo único que quería. Todo salió mal, pero capaz que aprendí. En este momento estoy sentado acá, en una sala de aparatos que nunca había visto. Nunca entrené con tantas ganas, con tanta ansiedad por querer demostrar, o querer demostrarme a mí mismo, porque ya no escucho a la gente. En algún momento mi suerte tiene que cambiar. Antes me pegaba una pelota en el tobillo, entraba y era gol; ahora, en cambio cada pelota que me rebota le queda como servida al contrario.
—Pero hubo un momento en que las cosas te salieron mejor, como en el partido frente a Santos, donde hiciste un golazo.
—Después de ese partido, y en un par más, sentí que mejoraba y me sentí mucho más tranquilo. Hoy, hago un pase mal y me empiezo a preocupar. Me falta confianza, seguramente por todo lo que pasó.
—Ahora que Vanzini no está, ¿te sentís mejor?
—Después del problema que tuvimos en el partido frente a Defensor Sporting yo cambié mi cabeza. Me di cuenta que tenía que resolver las cosas de otra forma. No podía permitir que eso me siguiera afectando, no podía gastar energía en eso. Seguir pensando en Vanzini no me iba a servir. Antes si yo jugaba y Vanzini estaba en el banco se generaba toda una situación negativa con la hinchada. Ahora, él ya no está y se siguen generando cosas, pero espero que eso cambie. Yo me quiero ganar el respeto de la gente, pero jugando, no hablando. Hay jugadores con buena prensa, mala prensa, con más o menos prensa, para mí eso no tiene importancia. Yo no hablo contigo por eso, lo hago porque es tu trabajo y lo respeto.
—¿Crees que las cosas pueden cambiar? ¿Que la gente se puede olvidar de Vanzini?
—La gente se ha olvidado de Ostolaza, del "Cacho" Blanco, de Manga. La memoria de la gente es inmediata. Para la gente lo único que vale es lo inmediato y después se olvidan. Lo tengo claro, para mí también.
—¿Cómo es tu relación con los compañeros de Nacional?
—Yo venía de un cuadro donde éramos todos amigos, esto es otra historia. En Wanderers tenía compañeros con los que había jugado siete años, desde niños. En Nacional hay gente a la que he aprendido a querer y que se me acercó en momentos muy difíciles para mí, pero es otra historia. Hay 30 jugadores y eso ya lo hace diferente y más complicado.
—Pero no tuviste problemas sólo con Vanzini, también con Peralta, por ejemplo.
—Yo discutí con Horacio, es cierto, pero nos llevamos bárbaro. Nos conocemos desde que teníamos 17 años. Tenemos tremenda relación, pero hemos discutido como 4.000 veces.
—Teniendo en cuenta lo complicado que fueron estos primeros seis meses, ¿estás arrepentido de haber venido a Nacional?
—No, no lo estoy, a pesar de todos los problemas que tuve. Hoy estoy en una situación difícil, que genera presión. Tengo a la gente en contra, pero sé que la torta se da vuelta rápidamente. Además, a veces, siento el cariño de la gente, en un trancazo, por ejemplo. Porque en ese momento el que tranca no es Eguren, es Nacional, porque tengo la camiseta de Nacional puesta. Y si hubiera hecho un gol lo hubiesen gritado, porque soy Nacional, no Eguren. No solamente no estoy arrepentido de haber venido, sino que quiero quedarme, y si me viene una propuesta para irme, me costaría mucho hacerlo. No soy demagogo y sé que la plata es importante, más en un país como éste, pero me costaría mucho irme de Nacional. Me quedó algo interno, que quiero cambiar, ¡que tengo que cambiar!
—¿Cuál fue el peor momento de estos seis meses?
—Ver a mi vieja llorar por las puteadas de la gente o por las cosas que dice algún periodista de mí. Mi madre fue a ver el partido frente a Racing y me dijeron de todo. Es muy difícil explicarle a una mujer que está alejada del fútbol cómo son las cosas en este ambiente.
—La última, aquella madrugada en que Carreño y Balbi te tocaron el timbre para que fueras a Nacional y no a Peñarol, ¿el técnico te prometió que ibas a ser titular?
—No, no me lo prometió, pero yo le aclaré que sólo peleaba el puesto con O.J. Morales, Méndez, Machado o Camejo.