EL 8 y 9 de febrero de 1973 se inició el plan militar orientado a la destrucción de las instituciones democráticas, propósito que se concretó el 27 de junio del mismo año. En esos días, el Ejército y la Fuerza Aérea exigieron inadmisibles condiciones al Poder Ejecutivo, en medio de una amedrentadora movilización de efectivos. En los hechos, esta debería ser la fecha histórica del derrumbe constitucional que sufrió Uruguay.
Bajo el título "Definiciones y Silencios", cuando el ruido de los tanques se escuchaba en el centro de Montevideo, el Dr. Washington Beltrán publicó con su firma un editorial que consagraba la posición de nuestro periódico, lamentaba el silencio de quienes pudieron contribuir a impedir los sucesos (entre ellos las fuerzas políticas de izquierda) y, con total exactitud, describía los futuros doce años.
Decia el editorial: "Escribimos este editorial a las 23 horas del día de ayer (11.2.73), cuando los acontecimientos cobran, por instantes, perfiles más sombríos, y se ignora, aunque alguien pudiera imaginar, su desenlace.
Sobre ellos, hemos dado nuestra opinión. Clara y terminante. Ceñida a la tradición partidaria. Fiel a la trayectoria de El País. Con la legalidad, la Constitución y el Derecho.
No necesitamos reiterarla, pues la proclamamos con honda convicción. Y con el respaldo de la historia, de nuestra historia. Pero en estos días, que serán escudriñados y analizados por el investigador del futuro, tanto en sus protagonistas, como en sus antecedentes, como en el acelerado proceso de sus minutos, además de definir posiciones, bueno es apuntar rasgos que no deben pasar desapercibidos.
No sabemos si nos encaminamos al ocaso de nuestra democracia. No será necesario mucho tiempo para develar la incógnita. Posiblemente, ya no exista cuando estas líneas salgan a la calle. Pero lo dramático, lo estremecedor, es que se está jugando el destino, quizá por décadas, de la República, en medio del silencio, del silencio inexplicable, del silencio temeroso, del silencio frívolo de muchos.
DONDE están los grupos que herían las membranas con su estridente protesta, porque se violaba en el país una libertad, se encarcelaba arbitrariamente a un ciudadano, se desconocía algún principio del texto constitucional? ¿Dónde, los severos doctores que escribían sesudos estudios jurídicos para demostrar que tal inciso de tal artículo de tal ley afrentaba un orden jurídico superior y que por ello era legítima la resistencia, la lucha y hasta la subversión? ¿Dónde, los locuaces líderes universitarios, prestos para conmoverse e incitar a la huelga en la enseñanza, porque en Tailandia o en Ghana a un gobierno sucedía, fuera de los cauces constitucionales, otro? ¿Dónde los facundos políticos que, ya no cotidianamente, sino casi a régimen horario veían sus opiniones sobre los más variados y a veces intrascendentes temas registrados en la prensa, la radio y la televisión? ¿Dónde, tanta tribuna de aguzada sensibilidad para recoger lo que entendían podía ser mínimo motivo de reproche, censura, observación y extraer de ello arma para azuzar, conmover y opinar?
Lamentablemente, muchas sirenas que atronaban los aires ante el rumor, hoy están calladas ante los hechos. En un silencio que censuramos. Porque admitimos que se discrepe con nosotros, que se esgriman argumentos para rebatir nuestra tesitura. Que voces, también con convicción, rechacen las nuestras. Pero lo imperdonable, en instantes de prueba es la indefinición, la tibieza, la neutralidad.
El historiador del mañana podrá decir, si el país tomó caminos extraviados, que ese rumbo se siguió en medio de un gran bostezo nacional. Algunos dirán que esa indiferencia fue el mejor juicio crítico a la gestión que, hasta ese momento habían cumplido los primeros actores. Pero habrá otros cuya condena implacable será para los que bostezaban.
ESPEREMOS que pueda superarse la difícil encrucijada. Que la serenidad y el patriotismo saquen incólume a la República del trance más difícil que ha vivido desde hace décadas. Que lo haga en ancas de instituciones intactas, de normas legales respetadas, de un orden jurídico regulando, intangible, la vida del país. Esperamos que eso ocurra. Y cuando tantos callan, gritamos, bien alto, la esperanza que eso ocurra".
WASHINGTON BELTRAN