El pleito al interior del PN entre los herreristas y sus desafiantes es uno de los "clásicos" más notables de la política uruguaya. Década tras década, generación tras generación, "principistas", "radicales", "nacionalistas independientes" y "wilsonistas", entre otros, han pugnado por desplazar a Luis Alberto de Herrera y sus herederos (desde Martín Etchegoyen a Luis Alberto Lacalle) del liderazgo del PN. El desafío que hoy enfrentan los partidarios de la renovación del PN (Jorge Larrañaga, Sergio Abreu, Francisco Gallinal, entre otros) no es muy distinto al que acometieron en su tiempo Washington y Enrique Beltrán, Lorenzo Carnelli, Gustavo Gallinal, Juan Andrés Ramírez, o el propio Wilson Ferreira Aldunate.
Todas las mediciones de opinión pública que conocemos muestran que Lacalle se mantiene primero en el ranking de las preferencias de quienes actualmente se inclinan por el PN. Sin embargo, este pleito tiene, todavía, un final incierto. Si los sectores liderados por Larrañaga, Abreu, Gallinal, y demás partidarios de la renovación de la oferta electoral del PN se presentaran en la primaria del 2004 apoyando al mismo precandidato, tendrían posibilidades de derrotar al líder herrerista. Recordemos que, en abril de 1999, Lacalle fue designado candidato porque Ramírez, Volonté y Ramos no lograron converger detrás de una precandidatura unificada. Los votos hacia los dirigentes "no lacallistas" sumaron 52% de los emitidos en la primaria del PN...
Mucho se especula sobre la posibilidad de una nueva "UBD", es decir, sobre la construcción de un proyecto político que, unificando a sus principales adversarios, permita desplazar al "lacallismo". ¿Cristalizará o no este proyecto? ¿Quién será, en caso de concretarse, el precandidato del "ala renovadora"? ¿Quiénes serán los principales competidores en esa carrera? Todo parece indicar que Larrañaga será uno de los protagonistas de esta batalla. Su principal fortaleza radica en que logra disputar con el Herrerismo el voto del "interior". Otro serio aspirante es Sergio Abreu quien, a pesar de haber conformado recién en mayo su propio sector político ("Reconstrucción Nacional") parece estar empezando a ganar terreno entre los nacionalistas aunque es prematuro abrir un juicio acerca de su potencialidad como candidato. Dado el perfil de su líder, este nuevo sector podría, en principio, tener una penetración significativa en los sectores urbanos y de orientación ideológica centrista. A diferencia de los tres dirigentes que lideran la interna (Lacalle, Larrañaga y Abreu), Desafío Nacional (Ramírez), Manos a la Obra (Volonté) y Línea Nacional de Florida (Arturo Heber) todavía no han comenzado sus campañas. Finalmente, tampoco se sabe cuál será, en la compleja interna del "ala renovadora" del PN, la estrategia del senador Francisco Gallinal quien es otra pieza importante en este puzzle.
Naturalmente, la mera enumeración de la lista de posibles candidatos a encabezar el "ala renovadora" del PN permite calibrar la dificultad de los intentos de coordinación. El escenario de la negociación entre todos ellos es realmente complejo. Todo indica que recién a comienzos del año 2004 cada uno de los precandidatos tendrá una noción clara de la dimensión de sus apoyos políticos, tanto en la estructura como en la opinión pública. Recién ahí, podrán prosperar los intentos de simplificar la oferta electoral del grupo de los "no lacallistas".
Otra pregunta que muchos ciudadanos, políticos y analistas se hacen es cuál sería el impacto de una eventual victoria del "ala renovadora" sobre el sector liderado por Lacalle en el desempeño electoral del PN y sobre el desenlace final de la carrera presidencial. Sabemos que es un tema altamente polémico. Sin embargo, pensamos que las posibilidades electorales del PN tienden a mejorar si su candidato proviene del "ala renovadora". En primer lugar, porque si concurre a la elección del 2004 con un candidato renovador no corre el riesgo de volver a experimentar una "fuga de votos" de centro izquierda como ya le ocurrió en octubre de 1999, cuando una parte del electorado potencial del PN optó por apoyar al EP/FA para no votar al Dr. Lacalle. A su vez, el electorado herrerista difícilmente optaría por emigrar hacia el PC dado su conocido recelo hacia el Foro Batllista. En segundo lugar, si hubiera un balotaje entre el FA-EP y el PN, las posibilidades de los blancos también mejorarían con un candidato de "no lacallista" porque, como explicamos hace dos semanas, solamente un candidato de centro o centro izquierda —"a la Astori"— podría dificultar el triunfo del Dr. Tabaré Vázquez.