La encuesta de Grupo RADAR muestra que el PN cuenta en la actualidad con una intención de voto del 12%. Si bien el Partido Nacional (PN) se encuentra a una considerable distancia del Frente Amplio-Encuentro Progresista (FA-EP) (28 puntos porcentuales), su adhesión lo ubica en el segundo lugar, superando por cuatro puntos al PC.
Un aspecto importante de la competencia política en Uruguay es la disputa interna partidaria con vistas a las elecciones primarias de junio del próximo año. La encuesta de Grupo RADAR formuló a todos aquellos encuestados que afirman estar dispuestos a votar al PN, la siguiente pregunta: "Le voy a leer una lista de posibles candidatos del Partido Nacional. ¿A cuál de ellos preferiría como candidato a la Presidencia?" La lista presentada estuvo integrada por aquellos candidatos que ya han lanzado su precandidatura o los que sencillamente han dejado trascender que pretenden serlo: 1. Luis Alberto Lacalle; 2. Jorge Larrañaga; 3. Sergio Abreu; 4. Alberto Volonté; 5. Juan Andrés Ramírez; 6. Arturo Heber.
Resultados. Las respuestas a esta pregunta muestran en el primer lugar a Lacalle con 42%, seguido por Larrañaga con 29%, Abreu con 11%, Ramírez con 6%, y Volonté y Arturo Heber, ambos con 4%. Asimismo, un 2% de los encuestados mencionó a otros candidatos que no han oficializado sus candidaturas y un 2% se consideró indeciso.
Un primer apunte de las intenciones de voto por candidato muestra que Lacalle capta electores en forma homogénea en el interior y en la capital. Larrañaga, en cambio, presenta una mejor performance en el interior y Abreu un mejor desempeño en Montevideo.
Desde el punto de vista de la estructura etaria del voto, Lacalle consigue el apoyo mayoritario entre los adultos, en tanto que Larrañaga es preferido por el electorado menor de 29 años.
Viejos y nuevos. Lacalle y Larrañaga cuentan con apoyos bastante diferenciados. Mientras Lacalle consigue la adhesión de la mitad de los votantes del PN de octubre de 1999, Larrañaga retiene únicamente el 20%. En este segmento Lacalle parece hacer la diferencia, pues este sector representa en la actualidad el 56% del voto por el PN. El resto de la adhesión que hoy logra el PN está compuesto por ex votantes del PC (17%) y por los nuevos votantes que se integran al padrón electoral (12%). Entre los votantes colorados de 1999 que ahora afirman votar al PN, Lacalle logra nuevamente ventaja al conseguir un 48% frente a un 35% de Larrañaga. En el único segmento que Larrañaga consigue un desempeño superior al del ex Presidente es en el de los nuevos votantes, cuando obtiene el 50% contra un 13% del líder herrerista.
Por tanto, la ventaja de Lacalle parece asentarse en dos vertientes de votantes: una mayoría de los votantes blancos de 1999 y un sector importante de ex votantes colorados. Larrañaga construye su segunda ubicación con un aporte menor de cada uno de estos sectores, más el voto de los nuevos votantes blancos.
Dos perfiles. El voto por Lacalle parece ser más conservador que el de Larrañaga. Analizando la autodefinición ideológica, encontramos que la mitad de los votantes blancos que se definen de derecha optan por Lacalle, mientras que por Larrañaga lo hace sólo un cuarto. Asimismo, los votantes de centro, se distribuyen de igual forma, aunque de manera más homogénea, pues las distancias que separan entre ambos contendientes se acortan (35% a 28%). Otra forma de distinguir este perfil, se logra a través de la pregunta "¿A qué partido no votaría nunca?. En este sentido, un 45% de los blancos que afirman que nunca votarían al EP-FA prefieren a Lacalle, mientras que sólo un cuarto opta por Larrañaga.
Estas constataciones son consistentes con el promedio de autoidentificación ideológica de los encuestados que afirman votar al PN, que asciende a 7.3 (recordemos que 5 es el centro, 0 es muy de izquierda y 10 es muy de derecha). Parecería lógico entonces que, con este registro, quien lidera la interna tenga un electorado básicamente conservador.
El voto del PN en los últimos treinta años
El PN ha visto en la última elección decaer drásticamente su votación histórica. En 1989, obtuvo el triunfo con el 38,9% de los votos. En 1971 y 1994, en cambio, se le escapó la victoria por menos de dos puntos porcentuales del electorado. Si bien la derrota ante su tradicional adversario (el PC), fue algo más holgada en 1985, su peor votación histórica se registró en la elección de 1999, cuando su votación descendió al 22,3%. En mayo, sin embargo, el PN logró recuperarse al alcanzar el 28% de los votos, lo cual le permitió obtener 14 Intendencias Municipales.
Muchos factores han sido señalados como claves a la hora de explicar la debacle de octubre de 1999. Entre ellos, vale la pena recordar uno muy relacionado con esta entrega: la forma en que los blancos procesaron la elección interna o primaria.
La mayoría de los analistas han coincidido en que la modalidad de competencia desarrollada por Lacalle y Ramírez (de tipo "fratricida") afectó decisivamente el desempeño partidario en la primera ronda presidencial. A menos de un año de las próximas elecciones primarias vale la pena preguntarse cómo los actuales precandidatos procesarán esa disputa y qué tipo de efectos generará sobre la competencia presidencial de octubre del 2004.