Ultima ofensiva con escaso realismo

| Que se lograra aprobar algunos de los proyectos planteados, sería una expresión de cultura de gobernabilidad

SERGIO BERRUTTI

En una propuesta que parece ignorar cuál ha sido la actitud de la mayoría de los dirigentes políticos de todos los partidos, cuando se acerca la campaña electoral en la que las posturas sectoriales para buscar ventaja, prevalecen sobre la búsqueda de acuerdos; en nombre del gobierno, el ministro de Economía y Finanzas, Alejandro Atchugarry, lanzó esta semana el desafío de hacer una "reflexión" sobre los temas centrales del Uruguay, haciendo a un lado la pugna por el poder que es característica cuando las elecciones se aproximan.

El planteo del ministro —que es seguramente en el sistema, el de mayor autoridad para impulsar una idea de este carácter, porque se la ganó en la cancha, negociando en los momentos más tensos que atravesó el país en el último año—, parece tener escasas posibilidades de éxito y ser bastante tardío, como lo calificaron reservadamente varios dirigentes que respetan la inquietud del jerarca.

Entre los actores políticos, si bien se entiende que es positivo que a poco más de un año de la elección, el gobierno se proponga dar el último impulso a su gestión, se considera que quedará solamente en la intención, dado que es altamente improbable que se logren acelerar una serie de reformas en un año y medio, que no se pudieron desarrollar en cuatro años.

IZQUIERDA. Desde la izquierda, el vicepresidente del Encuentro Progresista-Frente Amplio, Rodolfo Nin Novoa valoró positivamente la propuesta de Atchugarry, pero consideró que la misma llega tardíamente. Dijo que "cuando el ministro plantea un acuerdo sobre recuperación productiva y el empleo y las políticas sociales, no puedo decir más que estoy totalmente de acuerdo, porque seríamos contradictorios con nosotros mismos si dijéramos otra cosa, porque son dos de los ejes que nosotros estamos planteando para la reconstrucción nacional".

Agregó que "con estos planteos hechos así de esta manera, nosotros estamos de acuerdo y estaríamos dispuestos a conversar sobre estos temas en la medida que se presentara un documento, que el mismo fuera un borrador y que fueran propuestas abiertas, porque la verdad es que es un reclamo que se viene haciendo desde hace bastante tiempo también".

Nin Novoa consideró que de todas formas "es un poco tarde en realidad, porque estos planteos se deberían haber hecho por lo menos al inicio de la asunción de Atchugarry como ministro".

INCENDIOS. Claro que desde el 24 de abril de 2001, con la aparición del primer brote de aftosa en el país, el gobierno se pasó apagando incendios cuya máxima intensidad se desarrolló el año pasado con la crisis del sistema financiero.

El viernes pasado al ser entrevistado en el programa Agenda Confidencial de Canal 12, el presidente Jorge Batlle dijo que todavía se pueden hacer muchas cosas durante la presente administración. Pero la expresión del mandatario no ha pasado del anuncio y hay iniciativas que permanecen en la esfera de los proyectos.

Por otra parte, este panorama se agrava con un ingrediente central en el año político que resta: la campaña respecto al referéndum sobre la ley de Ancap, donde los ánimos se tensarán y el debate ganará la atención de defensores y detractores de una ley que será la excusa para poner en juego muchas más cosas que esas, ya que se puede convertir en una sinopsis de las próximas elecciones. Entonces, el año y medio se reduce a un par de meses antes de que arranque la campaña.

PROPUESTAS. El jueves 3, el ministro en una reunión con el vicepresidente Luis Hierro y senadores y diputados de la lista 15 y del Foro Batllista, Atchugarry presentó su hoja de ruta con una serie de medidas a definir entre las que se encuentran reformas de la Caja Profesional —que espera en Diputados con media sanción del Senado—, Caja Policial, Caja Militar, regulación de uso de agua y gas, retiro anticipado de funcionarios públicos y facilidades en el Banco de Previsión Social.

También busca impulsar una paquete de proyectos de ley como fideicomiso, warrants, financiamiento de España, fondo arrocero, degravación de equipos, inversión en servicios y turismo, programa de lotes y servicios, programa de obras vecinales, o exportación de servicios.

Quizás la aprobación de algunos de estos proyectos pueda verse como logro del gobierno, pero si se concretaran, se convertirían en logros de todo el sistema que demostraría un mayor grado de cultura de gobernabilidad.

Pero de acuerdo a consultas realizadas por El País a nivel del propio oficialismo, existe poca convicción en que esa iniciativa pueda tener demasiados resultados positivos.

Además de los aspectos electorales que comienzan a pesar cada vez más fuertemente en el ánimo de los actores políticos, en el Parlamento el tratamiento del proyecto de Rendición de Cuentas, la última discusión de carácter presupuestal de este gobierno, también exigirá un ritmo de trabajo intenso que desplazará otros asuntos incluidos en la agenda presentada por Atchugarry.

Quizás cuando los integrantes del gobierno encabezados por el propio presidente, miren para atrás vean en primera instancia los efectos del terremoto que azotó al país en los últimos años y sobre los cuales tuvieron que luchar contra viento y marea, enfrentando incluso los embates del Fondo Monetario Internacional instando a declarar el default e insinuando al presidente seguir el inusual camino para el Uruguay, de abortar abruptamente un período de gobierno, según reveló el viernes pasado en el presidente de la República.

Pero si quienes integran el gobierno miran más para atrás todavía, verán a un presidente como Batlle que pese a que gozó de una popularidad como muy pocos mandatarios tuvieron en los últimos años, con estilo desenfadado, que contó con una coalición de gobierno y una izquierda que lo respetó al extremo de dudar en lanzar sobre él un cerrado rechazo; perdió la ocasión de concretar las reformas por él propuestas en su trayectoria política.

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